Tomada de la edición impresa del 03 de julio del 2009

Honduras


"Honduras, isla de paz", aún repiten muchos hondureños. ¿Les suena conocido?

Claro, “isla de paz”, comparado con sus vecinos Guatemala, Nicaragua y El Salvador, cuyos conflictos civiles contrastaron a lo largo de la década de los ‘80 con la paz de los cementerios de una Honduras entregada a los intereses de EE.UU. Honduras, base militar norteamericana, hasta la fecha... Honduras, tierra de entrenamiento de los mercenarios Contras... Honduras, “república bananera” sumida en el más absoluto entreguismo político y económico...

Honduras, también, segundo país más pobre del hemisferio... Si la historia de América del Sur está marcada por procesos burgueses reformistas truncos o frustrados, no podemos decir lo mismo de Honduras. Allí, élites agrarias reaccionarias, a través de un tácito pacto nacional bipartidista, lograron consolidar un régimen oligárquico tradicional, que se apoyó en los fusiles de fuerzas armadas al servicio de gamonales criollos y del Pentágono. Honduras es, por lo tanto, una verdadera caricatura de esta Centroamérica agraria, arcaica, premoderna y feudal.

 “Apoyado en los fusiles, en Honduras se consolidó un régimen oligárquico tradicional”

Hoy un golpe. Y como todos los golpes latinoamericanos que le han precedido, revierte su propia pátina seudoconstitucionalista. Pero el golpe no es más que una reacción visceral de élites en contra de un presidente, Manuel Zelaya, que ‘traicionó’ a su partido y a su clase; un presidente que lejos de querer volcarse al socialismo del siglo XXI, menos todavía a un audaz proyecto redistribuitivo, quiso implementar reformas muy modestas, que la mayoría de los países latinoamericanos vivimos hace 100 años, cuando la burguesía liberal buscó emanciparse del latifundio y asentar al capitalismo moderno.

Aquí también, como en Venezuela en el 2002, las cúpulas eclesiásticas y los medios de comunicación se alinearon sin parpadear con el golpismo oligárquico. Basta leer los principales diarios hondureños como La Prensa, La Tribuna, El Heraldo y los demás pasquines neofascistas dominados por un puñado de empresarios (entre los cuales se encuentran ex presidentes, representantes de la Pepsi y de marcas de armas de fuego), para darse cuenta del rol que están jugando. Los blog de los jóvenes de la oligarquía hondureña, miembros de ese 4.7% de los hondureños con acceso a Internet, son también muy parecidos a los que acostumbramos leer de bloggers de las élites de Guayaquil, Maracaibo y Santa Cruz. Reproduciendo un lenguaje que nos recuerda las horas más sombrías del fascismo clásico. Llaman a matar a Chávez, hablan de impedir el seudoavance del comunismo, apelan a insultos y amenazas con odios exacerbados.

Sin duda, la condena unánime del golpe es un hecho inédito e histórico. Nadie, ni los Uribe, García o Martinelli de este mundo, han querido ser vistos como los defensores de dictadores que no llevan disfraces. Pero, con el tiempo, y si se consolida Gorileti, muchos llegarán a ser sus amigos.

A la final, pase lo que pase, el tímido proceso hondureño ya murió. Si regresa Zelaya, será mediante un pacto con las élites que le impedirá seguir con su proyecto. Y si no, pues, regresaremos al petrificado medioevo hondureño, en espera del siguiente renacimiento.

Otras opiniones

La sonrisa brasileña GUILLAUME LONG

guillaume.long@telegrafo.com.ec La sonrisa brasileña

Paciencia Ricardo Cevallos
Comunicador
Paciencia

El Estado inconcluso Werner Vásquez Von Schoettler

werner.vasquez@telegrafo.com El Estado inconcluso

Algunas cifras de la infamia Amelia Ribadeneira

amelia.ribadeneira@telegrafo.com.ec Algunas cifras de la infamia

Locombia José Miguel Sánchez
Analista político colombiano
Locombia

 

Escríbanos

Si desea enviar sus comentarios o sugerencias escríbanos a:
opinion@telegrafo.com.ec