Tomada de la edición impresa del 03 de julio del 2009

Amo las páginas en blanco


Pienso en el silencio como un valor supremo que le hace falta a esta sociedad. Silencio para pensar, silencio para entender, silencio para luego decir. Estoy convencida, y aunque no diga nada original, de que un día los periódicos deberían publicarse en blanco, al menos las páginas de opinión, esos lugares utilizados para la crítica destructiva, para la argumentación barata, para las ofensas y hasta para las traiciones, con las debidas excepciones. Un blanco sonoro, un blanco de paz, un blanco de respeto por esta sociedad que debería hartarse de leer las interpretaciones de un país que vive antes y después de los medios.

También sería saludable que alguna vez los noticieros de televisión y de radio, alguna vez entre semana, alguna vez de esos días en los que las familias ecuatorianas vivimos atosigadas por las deudas o padecemos de dolor por alguien amado, fueran reemplazados por una pantalla en blanco o rayas de colores, según se prefiera y guardar un respetuoso silencio.

Una hora o media hora al menos de un día de entre semana para no tener que pensar que lo mejor es saltarse el noticiero. Sería maravilloso tener la certeza de que en esa media hora no habrá un derroche de malas noticias o la verborrea de entrevistadores y entrevistados amargados que nos hablan de un país miserable en el que no merecemos vivir. Silencio ante la ‘dictadura’ del micrófono de los sabios que se desgañitan a diario con sus discursos repetitivos, odiosos, ofensivos, inertes. ¡Cuánta falta nos hace el silencio noticioso! ¡Cuánta falta nos hace el silencio de los inteligentes!

“¡Cuánta falta nos hace el silencio! ¡Cuánta falta nos hace el silencio de los inteligentes!”

No es nada nuevo preguntarse algo que ya Benedetti y otros maestros han dicho en varias ocasiones, pero que resulta útil: ¿todos los días la prensa tiene algo importante qué decir? ¿Todos los días tiene que opinar? Realmente estamos rebosados de “inteligencia”, tanto es así, que hasta nos va mal. ¿Cómo aplicar tanta sapiencia? De tanto derroche de fórmulas, ideas, juicios, críticas, consejos… este país se está ahogando. Que estrés tener todos los días a varios genios atosigándonos en los diarios, televisión y radio. En este punto, me pregunto: ¿qué sería de nosotros sin la poesía, la literatura, las películas, el fútbol, las novelas y otras delicias inconfesables? En este punto, me digo, que esta columna también debería publicarse en blanco.

Si los medios se callaran un día, si dejaran de lanzarnos tanta basura en la cara, si dejaran de hablar mal de nuestro país, si dejaran de hablarnos mal de nuestros amigos, si dejaran de hablar mal de nosotros mismos… sería un alivio y casi un milagro.

No crean que estoy violentando la libertad de expresión, eso jamás, únicamente estoy militando por mi derecho al silencio, por mi derecho a una vida libre de contaminación visual y auditiva, por mi derecho a leer sobre un/otro país que también existe y que los medios no ven: un país que ríe, que sueña, que construye, que ama, que desea, que apaga la televisión y lee la sección deportes sin ningún complejo. Este también es un país que se ríe de sí mismo, de los medios de comunicación y de todos sus “opinólogos”, incluida, quien suscribe. Hagamos silencio, ya es tiempo.

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