El odio y la pica
El pasado domingo 26, luego de conocer los resultados de las encuestas a boca de urna, una avalancha de opiniones inundó la pantalla chica. Analistas políticos, comunicadores sociales y candidatos nos explicaron el resultado electoral y el nuevo panorama político del país. Esa noche –a la rápida y en borrador- pergeñé en una hoja cualquiera las afirmaciones que se me antojaron más insólitas El siguiente ejercicio dialéctico es el fruto de mis cuestionamientos al respecto.
El triunfo de Rafael Correa no es un triunfo: es un fracaso.- ¿Desde cuándo ganar una elección con más del 50% es perder? ¿Desde cuándo sacarle una ventaja de veinte puntos al contrincante más cercano no es paliza? Pero sobre todo, se minimizó un resultado que ¡se estaba dando en una primera vuelta electoral!
A menudo se comparó estos datos de los exit polls, Cedatos 55% y Santiago Pérez 54% a favor de Correa, con el 56% que obtuvo Correa contra Noboa en la segunda vuelta el 26 de noviembre de 2006. ¿Correspondía esa comparación?
“¿Sacarle una ventaja de veinte puntos al contrincante más cercano no es paliza?”
Rafael Correa era Presidente-candidato y por lo tanto no podía perder.- En tal caso Carter no hubiera perdido su reelección frente a Reagan. De hecho, de los 44 presidentes de Estados Unidos -país donde se ha dado desde siempre la figura de la reelección presidencial- solo 17 presidentes han sido reelegidos. Se llamó dictador al Presidente Correa, se lo acusó de abusar de su poder a la hora de hacer proselitismo. De ser eso cierto, ¿es suficiente para ganar una elección? Viene a cuento recordar el caso del referéndum chileno del 5 de Octubre de 1988. Augusto Pinochet pretendía mediante esa consulta popular ser ratificado en el poder hasta 1997. El General Pinochet, que era un dictador en toda regla, poseía el control total de los medios de comunicación y usó y abusó de ellos. A más de esto, la gente lo temía –no sin razón- pues desde que alcanzó el poder por la fuerza tenía la mala costumbre de asesinar a los disidentes. Aún así perdió frente a la oposición 47% contra 52%.
Guayaquil es el bastión de una enconada oposición a Rafael Correa.- ¿Será? Jaime Nebot ganó la alcaldía de Guayaquil con amplia mayoría, 66,6% frente al 27% conseguido por María Duarte. Sin embargo, según los datos que se conocieron ese día, Rafael Correa ganó en Guayas con el 43%. Para esto necesitó los votos de Guayaquil. Parece que en Guayaquil hubo gente que votó por Nebot para Alcalde y por Correa para Presidente. ¿Entonces?
Lucio Gutiérrez se ha convertido en el líder de la oposición.- Es claro que la votación de Lucio Gutiérrez y su partido es, por decir lo menos, importante. Pero, ¿hasta qué punto todos esos votos le pertenecen? ¿Usufructuar coyunturalmente de los votos anti Correa lo hace un líder?
La mayoría del Ecuador votó por Correa porque se dejó engañar.- ¿Puede llamarse al pueblo –como lo hizo hace poco un conocido editorialista del diario El Universo- “empleadas domésticas y cocineras que juzgan a la gente con parámetros banales”? Exceso de propaganda, medidas demagógicas y estupidez colectiva, ¿eso lo explica todo? Convendría analizar estas elecciones desde la razón, pues el odio y la pica son muy malos argumentos.