Tomada de la edición impresa del 07 de septiembre del 2008

Dopaje genético y Olimpiadas

CÉSAR PAZ Y MIÑO
Columnista invitado
cpazymino@telegrafo.com.ec

 
En el afán de ganar medallas olímpicas y deportivas, existen intereses extradeportivos, al punto que en ocasiones se recurre al dopaje de los atletas, incluso con formas sofisticadas de engaño. Lo tradicional ha sido el uso de fármacos y hormonas, pero la tecnología científica las detecta. Estamos en la actualidad frente a una nueva forma de dopaje y es la manipulación genética.


Los genetistas han descubierto algunos genes interesantes: hay los que inducen a la práctica de deportes de riesgo, o que les otorgan mayor resistencia física, otros hacen que sus tejidos se recuperen más rápido o que produzcan mayor masa muscular. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ha alertado ya sobre el uso de estos conocimientos de forma antiética.


Aún no desarrollado, el Dopaje Genético consistiría en inyectar un gen en un individuo para lograr cambios en sus funciones. Indirectamente, esto se puede lograr usando la eritropoyetina (EPO), una hormona producida por ingeniería genética. Ésta induce a la producción de glóbulos rojos, lo que para un deportista implica mayor oxigenación y mejor rendimiento. Aunque su uso ha sido prohibido, la ciclista española Maribel Moreno dio positivo en la prueba EPO en Beijín 2008.

 

“Dopaje Genético consistiría en
inyectar un gen en un individuo para lograr…”


El objetivo, ya casi alcanzado, es inyectar genes y crear superdeportistas. Pero el dopaje genético también se puede detectar con pruebas de laboratorio, aunque se pensaba que esto no podría ocurrir frente al análisis de sustancias naturales y normales en el organismo. Los genetistas sabemos que un gen tiene su cantidad estándar de expresión y que un incremento de ésta puede ser detectado.  Ciertamente, los mecanismos son complejos y caros. La AMA ha invertido 4,73 millones de euros en pruebas.


Convencido que el uso benéfico de la inyección de genes para salud humana será factible, esto nos coloca frente a la intervención directa sobre la evolución humana mediante la manipulación de genes, por ahora en células somáticas, pero en el futuro quizá en las germinales (lo que permitirá, por ejemplo, hijos a la carta), técnica médicamente llamada Terapia Genética que reemplaza un gen malo por uno bueno o lo mejora.


¿Si la genética logra modificar a los individuos y mejorarlos físicamente, debe ser penada? ¿Ocurre lo mismo cuando los nadadores usan trajes “tecnológicos superdeslizantes”? Se ha dicho que el dopaje genético es ilícito y de acceso inequitativo por lo costoso. Sin embargo, parece un proceso inevitable por el avance de la ciencia.


La disyuntiva estaría entre desarrollar la Terapia Genética con los potenciales usos para la salud humana, o no hacerlo, frente a los riesgos de uso antiético que atente contra la especia y su integridad o cree mayores diferencia entre las personas. La ciencia avanza por exigencias sociales; su uso puede ser dudoso. Esperemos que la genética nos abra las puertas a un futuro humano mejor.

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