Tomada de la edición impresa del 20 de agosto del 2008

¿Y entonces cuándo?

Víctor Hugo Jaramillo
Docente universitario


Hay preguntas impertinentes, cuya mejor respuesta es otra pregunta, esta afirmación viene a pelo al escuchar a ciertos analistas políticos, preguntarse con fingida candidez, a propósito de la incautación de los bienes de la familia Isaías dispuesta por la AGD.:

¿Por qué ahora?, interrogante cuya mejor respuesta es otra pregunta, ¿y entonces cuándo?.

Luego de aproximadamente diez años de parálisis judicial, derivada del secuestro de la justicia por los grupos de poder económico que han dominado al país en estos últimos treinta años, es obvio que el cobrar deudas de manera inmediata a quienes estafaron a miles de ciudadanos, es un imperativo jurídico y moral para el nuevo Gobierno. Por tanto resulta pueril insinuar que esta medida fue adoptada para obtener réditos políticos; y si estos se produjeron, son legítimos, pues la vindicta pública exigía y exige sanción urgente para los delincuentes de cuello y corbata.

No hay seguridad jurídica proclaman algunos, el estado de derecho ha sido vulnerado señalan otros; desmemoriados: ¿cuándo ha existido un estado de derecho para la gran mayoría de ecuatorianos?, el país ha sido el reino de la impunidad para los cleptómanos de alcurnia, y de indefensión para los ciudadanos de a pie, las tropelías de los poderosos nunca han sido castigadas, más bien han sido exaltadas y sus promotores calificados de exitosos gerentes, mientras que los robos de poca monta, cometidos por gente humilde, casi siempre obligados por las circunstancias, han merecido drásticas sanciones y  sus actores el estigma de delincuentes.

Su Estado de derecho y de derecha como ellos lo entienden, a través de mandaderos convenientemente ubicados en los sucesivos Congresos de la República, poder judicial, organismos de control, legalizaron sus atracos, la sucretización de la deuda externa privada en el año 1983, el colapso de la banca en el año 2000, del siglo pasado, están íntimamente ligados a regímenes manejados por el partido Social Cristiano, Conservador, Republicano (de Sixto Durán) y la Democracia Popular, son un claro ejemplo de sus latrocinios, ¿es ese el “Estado de derecho” que tanto extrañan?

Los beneficiarios del Estado de derecho y de derecha descrito en parte anteriormente, son hoy los abanderados en contra de la nueva Constitución, como no les es posible rebatir la necesidad de un cambio profundo y radical en el país, toman el atajo de poner en duda procedimientos, hablan de cambios bajo la mesa a los textos constitucionales, de aberraciones jurídicas, de defender la moral y la vida etc.; sus actitudes son comprensibles, defienden el viejo Estado, no cabe entonces en este caso la pregunta: ¿por qué ahora?... todos sabemos la respuesta.

La decencia demanda dejar las máscaras, obliga a sus actores a asumir el rol político que les corresponde, porque la plutocracia sigue defendiendo a ultranza  un modelo político y económico que  condujo al país al desastre.

Otras opiniones

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