Tomada de la edición impresa del 23 de julio del 2008

“Mala fe” de la derecha

Hernán Reyes Aguinaga

hreyes@telegrafo.com.ec

 
El domingo estuve en una misa de aniversario fúnebre. Al final de la ceremonia, el sacerdote oficiante pidió a los feligreses presentes adquirir una revista llamada “Cristo Hoy”. Pagué los 25 centavos y la leí. Quisiera compartir con los lectores mi asombro por la “religiosidad” y “espiritualidad” de sus contenidos. En la página de portada tres titulares rezaban” “Por qué hace 40 años cambió el mundo” (en referencia a los eventos de mayo del 68),  “Campamento sexual” y “Por una buena Constitución” (alrededor de las mayores fijaciones del Opus Dei,  la sexualidad y el satanismo).

“¿En qué país vivo? ¿En uno donde se “pastorea” e ideologiza a los muchos incautos...?”


Me dije “¡vaya, qué interesante… todos son temas políticos...! Comparto con los lectores algunas “perlas” que encontré en el opúsculo. Sobre mayo del ’68, un feroz ataque contra la consigna de “prohibido prohibir”. Textualmente el panfleto recogía las opiniones de dos españolas que afirman “que todos somos iguales es una verdad a medias (…) los del ‘68 proponían el igualitarismo y la uniformidad (sic), que se les dejara libres a los niños para aprender, ya que sus opiniones eran tan válidas como las del profesor. Es absurdo pensar que un niño o un adolescente que no sabe nada, pueda opinar como un profesor (y por ello) aquella generación tiene, salvo excepciones, graves faltas de voluntad y responsabilidad (…) al mismo tiempo que se ha desarrollado el fenómeno de la homosexualidad”. Los otros dos artículos sobre la nueva Constitución se esforzaban en descalificarla por “abortista” (una falsedad total) y porque “los asambleístas están dando la espalda al pueblo”. Se recogía la opinión de un monseñor italiano, arzobispo de Portoviejo, feroz paladín contra el aborto y la unión entre homosexuales y al parecer experto en “inteligencia” al saber “que los asambleístas están obedeciendo a principios y consignas que vienen de fuera”. Reflexiono. ¿Desde cuando los extranjeros y más aún si son sacerdotes, pueden intervenir activamente en política interna? ¿Por qué la “amnesia” de ciertos católicos de que la lucha “pro-vida” surgió y se financia desde fuera? En un Estado laico ¿qué facultad tiene la iglesia para manipular el voto de sus fieles? El mensaje era más que subliminal: “Entreviendo un NO”.

Salía de la iglesia y vi un enorme 4x4 modelo del año y con placas diplomáticas con un steaker: “No se puede ser católico y pro-abortista a la vez”. En la noche en un noticiero, un ex ministro mahuadista de apellido Álvarez Grau pontificaba en contra de la participación en política de los jóvenes de 16 y 17 años, pues no saben ni “gobernarse a ellos mismos” y escuchaba críticas a la presencia de asesores españoles en Montecristi. Y me decía ¿En qué país vivo? ¿En el de la “igualdad a medias”? ¿En el de los terrores y las fobias al cambio a pesar de la pederastia y la homosexualidad “casa adentro”, o sea el de la “doble moral”? ¿En uno donde se “pastorea” e ideologiza brutalmente a los incautos? Respiro.

Tengo fe en que ese país irá quedando en la historia en pocas semanas más. Sigo soñando con un país donde esté “prohibido prohibir”.  

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