Tabaco: tóxico para los genes
CÉSAR PAZ Y MIÑO
Columnista invitado
cpazymino@telegrafo.com.ec
Parecería que ya se conocen todos los males que produce el tabaco, al punto que se alerta en las cajas de cigarrillos que “Fumar produce cáncer”. Lejos de que el consumo de cigarrillo disminuya drásticamente, nos enfrentamos ahora al incremento de fumadores jóvenes y niños, así como de fumadores pasivos.
Quiero presentar recientes datos sobre los problemas que a nivel genético traen los componentes del cigarrillo. El tabaco incrementa en un 30% el riesgo de cáncer de pulmón, boca, vejiga, riñón y próstata. En Ecuador mueren 3 personas de cada 100 mil de cáncer de pulmón, el órgano más directamente afectado por el humo. La incidencia de éste tipo de cáncer es un problema de salud pública en muchos países, tanto que se ha ensayado con bastante éxito una vacuna contra el cáncer de pulmón, compuesta por un factor de crecimiento de células epidérmicas y una proteína (P-64) que coadyuva a la respuesta inmune del individuo.
“El tabaco incrementa en un 30% el riesgo de cáncer de pulmón, vejiga, próstata…”
El origen del cáncer pulmonar está en el efecto que el tabaco produce sobre el material genético. Los estudios que hemos realizado en fumadores, muestran que en la totalidad de los individuos evaluados, los cromosomas se rompen en muchas partes. En los sitios de rotura de los cromosomas se encuentran genes de cáncer, en especial en el cromosoma 15. Otros estudios han mostrado que aún al dejar de fumar, el daño genético se mantiene.
Se conoce que al menos 135 genes están alterados en los fumadores, versus los no fumadores; los genes afectan en la división equilibrada de los cromosomas. Como dato curioso, se encontró que 30 de estos genes tendrían que ver con la adicción a las sustancias del tabaco y otras drogas, lo que explicaría genéticamente la dependencia física a la nicotina, así como las manifestaciones afectivas y las modificaciones de comportamiento que provoca su presencia en el organismo, como los efectos de ansiedad, la necesidad compulsiva de fumar o las recaídas después de largas abstinencias. La nicotina, en el cerebro mitigaría el dolor, aumentaría las emociones positivas y facilitaría las sensaciones gratificantes, de ahí la adicción.
Adicionalmente hoy se conoce que el tabaco causa daño genético en células germinales lo que posibilitaría el nacimiento de niños con problemas malformativos. Hasta el 36% de nacimientos con problemas malformativos se asocian a tabaquismo materno. Existen estudios que comprueban que el fumar durante el embarazo aumenta el riesgo de que los hijos tengan leucemias congénitas, fenómeno relacionado a alteraciones del cromosoma 11, luego de que la nicotina atraviesa la placenta.
El negocio del tabaco es tan grande que la empresa Philip Morris invertirá 350 millones de dólares para que cientos de investigadores obtengan un cigarrillo “más saludable”, pese a que el tabaco mata anualmente a 480 mil personas en USA. Por lo expuesto, es importante apoyar, difundir e intensificar el reciente Plan Nacional para la Prevención y Control del Tabaco en jóvenes y niños, que lanzó el Ministerio de Salud Pública.