Tomada de la edición impresa del 26 de octubre del 2009

Cartas al director

 

 
Leer la prensa…

Leer la “prensa independiente del país” en estos días es para salir corriendo hasta el Perú y no mirar atrás. El horror, el miedo, el apuntar con el dedo a lo que muchos no dudan en llamar “tiranía” o la gastada “dictadura”, salpica por los poros de la tinta y el papel. Un panorama desolador, violento. Un Ecuador sin esperanza. La marcha de la semana pasada rememora las mismas artimañas en contra de la renovación. Es incomprensible como el apego al poder y la defensa del statu quo moviliza tantas conciencias, acaso corazones, y cimbra muchos bolsillos. Basta con ver como profesores, dirigentes “ad honórem” universitarios, rectores legendarios, realizan una manifestación con el fin de combatir una máxima: hacemos lo que queremos, y queremos seguir haciéndolo.

Ya lo dijo Miguel Donoso Pareja: “una revolución sin violencia es un burro de pinga corta”. ¿Quién pensó, estimado lector, que tantas reformas se aceptarían de buenas a primeras? Al primer Gobierno de izquierda en 29 años, que se enfrenta a los cucos del poder omnímodo: empresarios, periodistas-empresarios, sindicalistas-empresarios,  se le dificulta la lógica de la “regalada gana” imperante en nuestras instituciones y organismos. Pese a las deficiencias de la revolución ciudadana, básicamente en la segunda palabra del eslogan, los aciertos de la administración actual están presentes y palpables, a pesar de la minimización pública: desaparición paulatina de la tercerización, imposición de una cultura tributaria, baja de tarifas de electricidad y telefonía, no cobro en emergencia de hospitales públicos, reconstrucción de escuelas, desayuno escolar, plan vial a nivel nacional, etc. Todas estas acciones, importantes para el ecuatoriano de clase media y baja, son las que sostienen la imagen de un Gobierno que no es la panacea, que no tiene ninguna varita mágica, en ocasiones incomprendido por sus acciones y juzgado, mayoritariamente, por la soltura de palabra del Presidente. Nos graduamos de moralistas y santurrones en los últimos dos años, criticando y juzgando conductas personales de un hombre como cualquiera, y no su trabajo como administrador público. ¿Hay toda una treta para formar caos? Seguro que sí. En el país del Nunca Jamás, cualquier cambio a lo establecido es y será inútil. Pero, no obstante, y bajo toda la humareda me sigo preguntando: ¿Estamos peor que antes? ¿Nada ha mejorado? Ya hablan en presentaciones de libros hasta de revocatoria del mandato. Es decir, Bucaram, Mahuad y Lucio son aprendices al lado del “gran insultador”. ¿Cree usted eso, señor, señora? Los ecuatorianos que apoyan la gestión de Correa tienen un vínculo superior a una simple maniobra publicitaria con el proyecto político: avizoran una oportunidad de quebrar lo establecido.

Ángel Largo Méndez