Tomada de la edición impresa del 29 de junio del 2009

Cartas al director

 

 
Sobre la debacle bancaria

Cuando quebró Filanbanco, sentí una especie de pena. Era la sensación de haber perdido algo mío. Recuerdo a uno de los ex propietarios del banco, salir en la televisión y decir que no habían perjudicado a nadie. Más adelante, nos enteramos de que el banco iba a pasar a manos del Estado, ya que la nueva ley lo permitía, pues se había creado la Agencia de Garantías de Depósitos, por parte de un Congreso muy politizado y favorable  a la banca. La justificación era garantizar los depósitos de los cuentaahorristas y cuentacorrentistas de dicho banco, con el dinero de los ecuatorianos; incluidas las cuentas incobrables. En vista de que los líderes políticos más importantes del país de esos momentos no acusaron a nadie (excepto el Dr. Rodrigo Borja, quien se pronunció en contra del salvataje bancario), dudé de si es que los banqueros tenían algo que ver, pero la prensa seria del país empezó a explicarnos lo que había sucedido. Desde entonces nació mi indignación; luego mi impotencia. Hasta que un personaje de muchos conocimientos y gran valentía empezó una lucha contra semejantes poderes económicos–políticos, que parecían invencibles: Juan Falconí Puig. Hoy los tiempos han cambiado, estos sectores ya no tienen dominio en el aparato judicial del país. El ex superintendente Falconí tiene hoy un compañero de lucha, el doctor Carlos Bravo. Su labor empieza a calmar la bronca que teníamos en el espíritu los ecuatorianos, que vimos cómo muchos de nuestros parientes, descomponían la unión de sus familias, al emigrar a otros países a buscar el trabajo que en el Ecuador ya no se encontraba, producto de la “hábil maniobra” de “banqueros y políticos”.

José Luis Morán Alvarez



CI: 0910442946.