China festeja el Año Nuevo entre alegría y amargura

- 13 de febrero de 2018 - 00:00
Un comprador adquiere el adorno de un animal en una tienda de Shenyang (China) para celebrar, el próximo 16 de febrero, el Año del Perro.
Foto: AFP

Los trabajadores regresan a sus regiones para celebrar la mayor fiesta del calendario en el país asiático. En 2017 hicieron 3.000 millones de trayectos durante el período.

De cara al Año Nuevo lunar, que se festejará este viernes, millones de chinos regresan a sus regiones de origen, en lo que es la mayor migración del mundo, pero algunos, indeseables, dejan Pekín para siempre.

Como todos los años, en una estación de la capital, miles de viajeros, cargados con bolsos y paquetes de fideos suben de manera desordenada en un tren con dirección a Chengdu (suroeste), para un viaje de 28 horas.

Son algunos de las decenas de millones de trabajadores que retornan a sus regiones para celebrar la mayor fiesta del calendario chino: el Año Nuevo lunar que este año cae el 16 de febrero.

En el tren, muchos no pudieron obtener un asiento. Se ven obligados a quedarse parados en los pasillos repletos el tiempo que dure su viaje.

Un guardia de unos 70 años, que regresa a su pueblo cerca de Zhengzhou (centro), explicó que no ve a su hijo desde hace años.

El joven obrero no logró, una vez más, conseguir un pasaje de tren, que se venden muy rápido apenas se ofrecen para volver a su pueblo.

Viviendas demolidas
A pesar de la decoración festiva, rojo y oro en honor al Año del Perro, que adorna el vagón restaurante, el ambiente es deprimente: muchos no retornarán cuando acaben los 15 días de fiesta anual.

Algunos ya no se sienten bienvenidos en Pekín. La capital sobrepoblada, que quiere limitar su población a 23 millones de personas para 2020, lanzó una campaña para demoler 40 millones de metros cuadrados de construcciones ilegales, sobre todo negocios y viviendas ocupadas por migrantes.

Según las autoridades, la operación apunta a desaparecer edificaciones peligrosas, que no tienen salidas de emergencia o equipadas con una instalación eléctrica inadecuada que puede provocar incendios.

Pero la brutalidad de las demoliciones y expulsiones en pleno invierno provocaron protestas en la sociedad.

Los trabajadores migrantes contribuyeron al formidable crecimiento económico de China ocupando empleos poco valorados, monótonos y peligrosos que los urbanos no quieren como obrero, empleado doméstico o agente de mantenimiento.

Li Wen, una empleada de restaurante, vivió durante 10 en la capital para financiar la escolaridad de su hija, que ahora estudia en Chengdu. Pero no regresará tras las fiestas. “Fui a trabajar a Pekín porque los sueldos eran mejores. Pero en mi barrio, muchas pequeñas viviendas fueron arrasadas. Si tengo que pagar un alquiler tres veces más caro para un piso en un edificio de viviendas, no podré sobrevivir”.

3.000 millones de trayectos
De acuerdo con cifras oficiales, China cuenta con 250 millones de migrantes internos, en su mayoría población rural que se estableció en las grandes metrópolis del este y sur del país.

A menudo son tratados como ciudadanos de segunda clase, se ven obligados a dejar a sus hijos en el pueblo ya que el lugar de origen es el único donde pueden acceder a salud y educación.

El Ministerio de Transportes dio cuenta de una leve disminución (3%) de la cantidad de trayectos efectuados durante los 10 primeros días del período de transportes del Año Nuevo.

Pero la cifra es impresionante: del 1 al 10 de febrero 732 millones de viajes fueron realizados en coche, avión, tren o barco.

En 2017 los chinos hicieron 3.000 millones de trayectos en Año Nuevo.

Li no sabe aún lo que hará después de las fiestas. “Mi hija acaba de empezar la universidad. Tengo que trabajar para ayudarla”. (I)

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