Libro detalla 55 anfibios y 45 reptiles de Mindo

25 de Diciembre de 2013 - 00:00

En el cuarto piso de la Universidad Tecnológica Indoamérica, siguiendo por el único pasillo a la derecha, está la oficina de Juan Manuel Guayasamín. En las paredes cuelgan fotografías de anfibios, incluso hay un calendario con ranas cerca de la puerta principal.

No es accidente. Averiguar sobre la fisonomía de estas especies ha sido la pasión de Juan Manuel desde que estaba en el colegio Pestalozzi, en Quito.

Ahora Juan Manuel tiene 38 años y es director del Centro de Investigación de la Biodiversidad de Cambio Climático de la Universidad Indoamérica. Además tiene un Ph.D en Ecología y Biología evolutiva en Estados Unidos. Su última aventura científica fue publicar el libro “The Amphibian and Reptiles of Mindo: Life in the Cloudforest” (Anfibios y Reptiles de Mindo: Vida en el Bosque Oscuro).  Esta es una publicación en conjunto con los biólogos Lucas Bustamante y Alejandro Arteaga.

Se trata de la investigación ecuatoriana más completa sobre reptiles y anfibios de Mindo (noroccidente de Pichincha) y cuya publicación recoge el descubrimiento de una nueva especie de rana. Su nombre es el Cutín de Mindo o Pristimantis Mindo, una rana nocturna que se reproduce directamente. Es decir, no tiene una fase de renacuajo o huilli-huilli.  

“De cada especie tenemos una descripción de cómo identificarla, la historia natural de cómo se reproduce, cuáles son sus amenazas; tenemos una parte de status de conservación, muchas de estas especies están amenazadas por diversas actividades de contaminación”, cuenta Juan Manuel.

La lagartija Anolis Pinocho se distingue por su nariz. Foto: www.tropicalherping.com

En el libro se describe a 55 anfibios de los 350 que viven en Ecuador, entre los que consta la Ilulo o Cecilia, que parece una lombriz pero se trata de un anfibio sin extremidades que vive bajo tierra.

También está la rana cristal, tan trasparente que es posible observar cómo late su corazón.

Otras especies  incluidas en el libro son la rana Cutín Cobre, la rana Cohete, el Arlequín de Mindo y Atelopus Mindoensis,  que no pudieron ser ubicadas y posiblemente se encuentren en peligro de extinción.

Entre las 45 especies de reptiles se destacan serpientes coralis, la cabeza de candado y la anolis pinocho, una lagartija que tiene una especie de cuerno. “Los machos utilizan esta elongación de la nariz para atraer hembras. Por alguna razón extraña, a las hembras les gustan las lagartijas. Hay cosas loquísimas”, dice entre risas el investigador.

El objetivo de la publicación es tener un instrumento educativo para estudiantes de biología, científicos y naturalistas, al igual que turistas interesados en las especies.   

Cada especie de rana croa de forma única para ser reconocida entre los miembros del mismo orden.


Las salidas de campo para buscar ranas o reptiles pueden durar varias horas y hasta un día completo.
La investigación, que duró alrededor de cinco años, fue financiada por la Universidad Indoamérica, incluidos los trabajos de campo y de laboratorio. “Para describir la nueva especie de rana hicimos secuencias de ADN y así nos aseguramos de que no era la misma de otras especies. Con el financiamiento hemos podido secuenciar a estos animales y entender sus relaciones”, explica.

Por ahora, la edición está en inglés, pero desde 2014 estará en español y cuesta entre $ 49 y $ 59, dependiendo de la pasta. También se encuentra colgada en la página www.tropicalherping.com, en la sección de publicaciones.

In situ

Juan Manuel explica que en las observaciones de campo hay días buenos y malos, que dependen de lo que se pueda encontrar porque la búsqueda es ardua en riachuelos y en zonas altas. “Si una persona desea divisar reptiles debe hacerlo en la mañana, a diferencia de los anfibios, que en su gran mayoría son nocturnos. Hay que tener cuidado con las ranas muy coloridas porque son las más venenosas.

Cuando las tocas no debes llevarte las manos a la boca o tocarte en una herida abierta”, expresa. Varios de los bosques que observaron en Mindo fueron de propiedad privada, en gran parte de ellos funcionaban  hoteles. Fue una conjunción entre turismo y conservación, dice Juan Manuel. “La mayoría de las especies no son asustadizas. Una de las estrategias de estos animales es quedarse quietos, y como tienen colores verdes se esconden entre la vegetación”, explica el joven biólogo.

Él acepta haber tocado varias especies, lo que define como una experiencia intensa, pues sentir pieles secas, viscosas y húmedas “es lo maravilloso de la naturaleza”.