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"Sin música la vida sería un error"

- 02 de julio de 2017 - 00:00
Foto: internet

Esta frase acuñada por el filósofo Nietzsche revela la importancia de esta, más que cualquier otro arte. Sin importar el género, relaja y quita las penas.

En este instante y por diferentes circunstancias, los seres humanos generamos endorfinas: al correr, al reír a carcajadas, al tener un orgasmo y, por supuesto, al escuchar música.

La ciencia es clara al señalar que las endorfinas producen en nuestro cerebro sensaciones muy similares a las de la morfina, el opio o la heroína, pero sin sus efectos negativos.

Bob Marley no estaba equivocado al decir: “Cuando (la música) te pega, no sientes dolor”, y es que el cerebro parece procesarla de la misma forma en que procesa narcóticos para el dolor.

Las endorfinas son hormonas que estimulan los centros de placer del cerebro a través del ejercicio y las caricias, el contacto íntimo, por ejemplo.

  De hecho, las mismas sustancias químicas que regulan en el cerebro las sensaciones placenteras generadas por el sexo, las drogas recreativas o la comida también intervienen en el disfrute de la música.

Al escuchar una canción se descubre un área del oído interno conocida como sacculus que estimula al cerebro para que libere endorfinas y, al mismo tiempo, genere placer.

Es así que este arte está considerado como uno de los elementos que causan más placer en la vida. Según Vicky Williamson, psicóloga musical del Goldsmiths College de la Universidad de Londres, la música está vinculada a los sistemas de recompensa más profundos.

Las preguntas que muchos científicos se plantean es ¿por qué la música despierta distintos estados de ánimo?, ¿existe un límite para adquirir nuevos gustos musicales?, ¿qué revelan los escáneres sobre las respuestas del cerebro a la música?, ¿nuestras preferencias musicales se determinan en el útero?,  ¿por qué estamos tan emocionalmente unidos a la música que escuchábamos cuando éramos adolescentes?

Según la neuróloga e investigadora ecuatoriana Lissette Duque, la música es beneficiosa para el funcionamiento del cerebro, tanto que escucharla es como ejercitar todo el cuerpo.

Incluso tocar un instrumento activa cada área del cerebro de un solo golpe, especialmente la visual, auditiva y la corteza motriz. Además, tocarlo disciplinadamente fortalece estas funciones cerebrales, permitiendo aplicar esta fortaleza en otras actividades.

Para Duque, la clave está en los receptores de la dopamina, el neurotransmisor que, entre otras funciones, se encarga de regular el sueño, el humor, el aprendizaje o el placer.

“La música puede convertirse en uno de los mejores tratamientos para modificar estados de ánimo y el comportamiento”.

La especialista del centro Neuromedicenter, orientado a mejorar la calidad de los adultos mayores, indica que el entrenamiento musical puede beneficiar a los mayores y compensar algunos de los efectos del deterioro por envejecimiento.

Se ha constatado —explica la especialista— que los tonos musicales activan el sistema nervioso, responsable de crear una suerte de archivo que permanece abierto con cada sonido escuchado, además de estimular las distintas partes del cerebro que intervienen en la actividad.

Estas áreas se entrenan y permiten atrasar los déficits relacionados con la vejez.

También se ha constatado que la música es capaz de ayudar a las personas con párkinson a combatir algunos de los síntomas motores de esta enfermedad neurodegenerativa como la rigidez o la lentitud de movimientos, menos conocidos que el clásico temblor.

La música alivia el dolor

Según el diario estadounidense The New York Times, el hecho de escuchar música puede reducir el dolor crónico de una variedad de enfermedades como la artrosis y la artritis reumatoide hasta en un 21%, y la depresión hasta un 25%.

Otro dato llamativo es que los ejercicios rítmicos acompañados por música ayudan a tratar diversas enfermedades, como el párkinson o lesiones cerebrovasculares. En realidad, la música no es únicamente ritmo, sino señales que son leídas por la parte motora del cerebro.

 Es así que muchos movimientos como caminar son rítmicos, lo que significa que nuestra habilidad para procesar ritmos habría comenzado con nuestro sistema de movimientos, como lo sostiene la científica Laurel Trainor, directora del Instituto de Música y la Mente de McMaster.

“Lo que encontramos es que cuando tocamos un ritmo auditivo es una forma diferente de ayudar al sistema motor a iniciarse. Estas pistas auditivas de hecho apoyan a la gente con párkinson a realizar movimientos. Con algunos pacientes es muy pronunciado, solo pones música con un ritmo fuerte y cambia al instante su forma de caminar; se vuelve más fluida”.

¿Qué ocurre en el cerebro de los cantantes?

Para el científico estadounidense David J. Levitin, la música, como el lenguaje, forma parte de lo más profundo de la naturaleza humana.

Por esta razón —asegura—   no importa si las personas escuchan a Bach o a Bono porque, en general, esta tiene un papel muy significativo en la vida.

Para comprobarlo, Levitin emprendió una serie de experimentos, como el realizado con el  cantante británico Sting.

Levitin analizó cómo el cerebro de Sting entiende la música y concluyó que este utiliza partes únicas y diferentes a las que emplea cuando imagina la creación de un cuadro o de un texto en prosa.

 Es decir, que su cerebro  tiene un espacio reservado para componer música.

Al mismo tiempo, descubrieron que el exvocalista del grupo  The Police pone en marcha las mismas regiones de su cerebro al escucha un tema que cuando simplemente piensa en él. “Cuando imagina música, usa un circuito cerebral casi idéntico a cuando la escucha realmente”, precisa Levitin a la publicación El Español.

En cierto modo —prosigue el científico— es como si Sting fuese capaz de reproducir música en alta fidelidad dentro de su cabeza.

“Es como si llevara implantado en su cerebro un iPod que puede activar a voluntad, un privilegio probablemente reservado a alguien con un vasto talento musical que le permite captar y recordar todas las notas y ritmos de varios instrumentos”. Por último, los investigadores quisieron construir un mapa mental mostrando cómo el cerebro de Sting comprende y almacena la música.

Para ello eligieron una serie de temas de muy distintos géneros que el cantante debía escuchar mientras los científicos registraban qué partes de su cerebro se activaban.

Los resultados revelan que el cerebro de Sting apenas distingue entre éxitos poperos de intérpretes como las Spice Girls o Britney Spears.

 Curiosamente, para otros géneros, la mente del músico crea similitudes y diferencias.

El jazz, el tango y el rock están relativamente próximos, pero lo más sorprendente es cómo un cerebro dotado y entrenado como el de Sting agrupa temas que para cualquier persona parecerían alejados entre sí. Esto sucedió, por ejemplo, con ‘Girl’ de The Beatles y el tango ‘Libertango’ del argentino Astor Piazzolla.

Levitin descubrió que ambos temas comparten ciertos rasgos comunes, algo que no escapa a la mente de un maestro como Sting. Con todo, Levitin advierte de que Sting es Sting y, por tanto, los resultados no son necesariamente aplicables a otros músicos. Pero sí lo es el método de estudio empleado por él que podría utilizarse con otros compositores para profundizar en el conocimiento del sustrato cerebral de la creación musical.

Por desgracia, poco nos dirá de cómo funcionan quienes llevan el iPod fuera y no dentro. “Imagino que la gente con un talento musical medio no tiene las representaciones neurales tan ricas y polifacéticas de un maestro”, concluye Levitin.

El gusto por escuchar música que entristece

Las melodías tristes pueden producir, por lo general, emociones intensas, pero el tipo de tristeza provocada parece tener un efecto agradable en los seres humanos. En el siglo III a. C., Aristóteles introducía la idea de la catarsis, entendida como una suerte de purificación emocional y mental producida por la vivencia de la tragedia griega.

Más tarde, el término fue adaptado por Josef Breuer y Sigmund Freud, padres del psicoanálisis, llamando método catártico al trabajo terapéutico centrado en la expresión o rememoración de una emoción o recuerdo reprimido, lo que generaría un “desbloqueo” que supuestamente haría mejorar al paciente, como lo describe la revista Psico Salud Tenerife.

Contrariamente a lo que se cree, una emoción negativa o desagradable a través de la música, el cine o el teatro, de alguna manera, nos purga de ella.

En un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology  los investigadores se preguntaron si es posible que la música triste nos provoque emociones positivas.

Esta aparente contradicción podría explicar muchas cosas, así que consiguieron dividir “la emoción musical” en 2 dimensiones emocionales distintas: la “emoción sentida”, que definiríamos como aquella que provoca la música en el oyente y “la emoción percibida”, que el oyente cree que la música quiere expresarle.

La hipótesis de partida es que la emoción percibida no coincide con la sentida, la música triste se percibe como tal, pero la experiencia de escucharla puede evocar emociones positivas. Según Levitin, cuando escuchamos canciones tristes, el cerebro libera la prolactina neuroquímica, el mismo químico reconfortante que una madre suelta cuando amamanta a un niño y que se encuentra tanto en la mamá como el hijo.

“Cuando nos sentimos tristes e incomprendidos, ese químico se libera para mostrarnos que no estamos solos”.

Por lo general, todos los individuos tienen su propio repertorio de canciones tristes, pero Jacob Jolij, investigador de la Universidad de Groningen en Holanda, junto a la red de música Spotify, analizó canciones actuales para un nuevo estudio que determinara qué melodías provocan felicidad y cuáles tristeza de forma generalizada.

Como lo explica Jolij, la música puede tener poderosos efectos en nuestras emociones, desde hacernos felices y permitirnos superar miedos.

Está comprobado que además de afectar el cerebro a nivel químico, la música también tiene otras responsabilidades, puesto que actúa como un amplificador de emociones.

A la vez también produce en nuestro cerebro una reducción en los niveles de ansiedad, incrementa el optimismo y nuestras habilidades comunicativas, la creatividad y la felicidad.

Los géneros musicales producen diferentes efectos

Una investigación desarrollada por la Universidad de Warwick, en Reino Unido, advierte que quienes prefieren escuchar música alternativa, rock y heavy metal tienen una mejor capacidad de abstracción; se libran de tensiones y consiguen relajarse más rápidamente.

Para llegar a esta conclusión, los académicos llevaron a cabo una encuesta a estudiantes con capacidades intelectuales entre  11 y 18 años. Les preguntaron cuál era su estilo de música preferido y la mayoría eligió el rock y el heavy metal.

Los voluntarios explicaron que utilizaban este género musical para alcanzar una catarsis, y de esta manera superar aquellas emociones negativas y afrontar la gran presión académica que viven a diario.

De igual manera, los científicos establecieron una relación estrecha entre la reproducción de música clásica y los niveles de presión arterial.

Los participantes que reproducían música clásica, con cierta regularidad, registraban niveles de tensión arterial más bajos que el resto, un hecho que afecta de manera positiva al rendimiento diario: menor presión arterial implica una mejor salud. Cada vez, se habla más sobre el conocido efecto Mozart que sugiere la existencia de un incremento en el razonamiento espacio-temporal y en la memoria a corto plazo en aquellas personas que lo escuchan durante el aprendizaje.

Sobre este tema el científico Jakob Pietschnig indicó, en una ocasión, que aunque recomienda a todos escuchar música de Mozart, “no se puede satisfacer la expectativa de que se logrará un aumento de la capacidad cognitiva”.

Según la ecuatoriana Marina Castro, psicóloga, el escuchar a Mozart o la música pop no hará a los hijos más inteligentes, pero tampoco les hará daño y quizá inicien un vínculo con este arte. De hecho, sí existe una manera de mejorar las habilidades cognitivas a través de la música y es aprender a tocar un instrumento musical.

Por otro lado, esta ayuda a los niños a elevar su poder de concentración, además de mejorar su capacidad de aprendizaje en matemáticas.

La música es pura matemática. Igualmente facilita a los niños el estudio de otros idiomas, potenciando su memoria.

En este sentido, también han surgido otras investigaciones que advierten que el cerebro de un músico envejece mejor.

Según la investigación llevada a cabo, los adultos mayores que aprendieron a tocar algún instrumento musical en la infancia y que continuaron tocando al menos 10 años, superaban a los no músicos en pruebas de memoria.

Lo que sí está claro es que no toda la música es buena ni sirve para lo mismo. Algunos tipos estimulan, por ejemplo, la creatividad y la imaginación y otros ayudan a establecer relaciones interpersonales sanas y a integrarse a la sociedad y a su medio ambiente.

Una de las investigadoras que ha abordado el tema es María Pilar Carrasco en su libro Cómo educar a tus hijos con la música, en el que señala que hay ritmos  propicios para el aprendizaje.

Este es el caso de las melodías con vibraciones más cortas, mayor ritmo y notas más ágiles, las cuales provocan un estado de alerta constante, ideal para el aprendizaje, como la Sinfonía Praga y el Concierto para violín y orquesta número 5 en la mayor de Mozart, el Concierto número 1 para piano y orquesta en sí sostenido de Beethoven. (I)

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Punto de vista

Juan Mullo Compositor y escritor  quiteño

“Cada sonido y tono influye en nuestra psiquis”

Hay varias maneras de entender la música y la trascendencia que tiene en el ser humano. Los griegos la entendieron ligada a la filosofía, al conocimiento y a la comprensión que tenía el hombre del cosmos.

La sonoridad para los griegos tenía una simbología relacionada con el curso que siguen los planetas. Por eso la llamaban la música de las esferas, porque eran concebidas como elementos circulares. De esta manera, cada planeta tiene una nota musical.

Cada sonido y cada tono tienen una influencia en nuestra corporalidad y en nuestra psiquis. Ahora, este conocimiento también lo manejan nuestros pueblos originarios que incluso le dieron un contenido terapéutico a esta cualidad física y acústica del sonido.

La música en la cultura china se conoce como sonido amarillo; la nota ‘fa’ es el sonido más profundo, que nos conecta con el equilibrio. Para los griegos el primer sonido de la creación fue la música.

Para los pueblos andinos, el sonido, la escala pentafónica tiene una estructura circular; los pulsos, los movimientos rítmicos y circulares se relacionan con la ritualidad, la Tierra y el sol. Por ejemplo, la fiesta del Inti Raymi es celebrada con danzas bajo el efecto de esta música pentafónica que da el sentido a la vida, a la cosecha del maíz que se realiza desde junio hasta agosto.

Por otro lado, la comprensión de la música dentro de los sentidos corresponde a altas culturas que ven en la música y en lo sonoro, la definición de su espiritualidad, de su manera de ser y de su forma de pensar. Esta es una visión antropológica y filosófica, pero hay otras formas de comprender la música. (O)

Punto de vista

Boris Llerena, músico y compositor guayaquileño

La música ayuda a los niños con síndrome de Down

Todos los seres humanos respondemos a los estímulos de la música, a melodías e incluso a la voz de nuestros padres. De hecho, eso ya se considera una forma de reconocimiento de ella.

Además, hay que indicar que esta tiene un efecto relajante en los adultos y en los niños. Trabajo haciendo musicoterapia con menores que tienen capacidades especiales (autismo, síndrome de Down y  parálisis cerebral infantil). Veo todos los días muy buenos resultados, al utilizarla como un medio o una herramienta para que los niños con autismo puedan comunicarse con sus padres y entre ellos. A través de esta también pueden acatar consignas.

Hay que indicar que cuando los menores con parálisis cerebral infantil y, por supuesto, con la movilidad muy limitada, escuchan música relajante, estiran sus brazos con la intención de alcanzar el instrumento.

La música es una herramienta muy poderosa que, desde mi experiencia, ha servido para que niños con autismo se logren comunicar con sus padres; para que los niños con síndrome de Down aprendan más vocabulario y para que aquellos que tienen parálisis cerebral infantil se puedan ejercitar. Este arte libera en el cerebro la dopamina, un neurotransmisor encargado de dar energía a nuestra mente y controlar los impulsos y movimientos.

Hago música publicitaria y ya sé cómo manejar las melodías, cómo hacer que causen impacto y que la composición musical sea recordada. A todos los seres humanos nos llama la atención tocar un instrumento, entonces por qué no empezar a involucrarse más con el campo de la música que, como se ha comprobado, hace bien. (I)

DATOS

La música despierta casi todo el cerebro e incluso muchos de los genios más importantes, como Einstein, tenían una fuerte pasión por ella. Se cree que influye en el desarrollo de la inteligencia.

El área de la salud se vale de esta con el fin de mejorar, mantener o intentar recuperar el funcionamiento cognitivo, físico, emocional y social.

La musicoterapia, a través de la utilización clínica de la música, busca activar procesos fisiológicos y emocionales. (I)

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