Domingo, 13 Agosto 2017 00:00 Séptimo día

¿Sabemos lidiar con la sobrecarga de trabajo?

El síndrome de Burnout (también llamado simplemente ‘Burnout’ o ‘del trabajador quemado’) es un tipo de estrés laboral conocido como crónico. Además, se caracteriza     por un progresivo agotamiento   físico y mental.
El síndrome de Burnout (también llamado simplemente ‘Burnout’ o ‘del trabajador quemado’) es un tipo de estrés laboral conocido como crónico. Además, se caracteriza por un progresivo agotamiento físico y mental. Foto: inkanatural.com

El desgaste profesional, el estrés y la ansiedad son parte de la vida cotidiana. Las personas se autoexplotan.

Andrea Rodríguez

En los países donde la productividad y el éxito están sobrevalorados, no hay lugar para las horas libres ni para almuerzos prolongados; el rendimiento se impone y mientras más trabajemos más útiles nos sentimos.

Por diversas razones, la mayoría impuestas por un entorno centrado en la productividad,  las prioridades siempre serán mantenerse activo, atender diversos frentes a la vez, realizar jornadas interminables y alcanzar estándares de calidad, con frecuencia, por encima de nuestras posibilidades reales.

A este modo de vida, el filósofo alemán, de origen coreano, Byung-Chul Han, le denominó La sociedad del cansancio, el nombre de su libro, donde expone que nuestra vida está gobernada por la superproducción, el superrendimiento y la supercomunicación; todas ellas merman las defensas que provocan agotamiento y fatiga nerviosa. En este libro, Byung-Chul Han advierte que es la propia “obesidad” del sistema la que por saturación generaría individuos ansioso-depresivos, hiperactivos, con trastornos de personalidad y síndromes de desgaste ocupacional.

De acuerdo con Byung Chul Han, la sociedad actual está dirigida por la idea, casi obsesiva del rendimiento, guiada por el principio positivo del poder hacer. El no puedo o no debo dejan paso al puedo o al colectivo podemos (Yes, we can).

 La iniciativa, los proyectos y la motivación reemplazarían al mandato y la prohibición, constituyendo en sí una refinada estrategia que aumenta la productividad personal, transformando a los individuos en “emprendedores de sí mismos”, sujetos a la autoexplotación y al imperativo del alto rendimiento. De acuerdo con Carlos Arias, consultor y psicólogo, los seres humanos, con cierta frecuencia, se convencen de que son capaces de todo.

“Las personas se imponen metas muy altas y, en algunos casos, inalcanzables; el problema surge cuando no es posible conseguir lo que desean y, entonces, surgen las frustraciones”. Para el filósofo Byung Chul Han “todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos. Entonces produciríamos más, porque solo en esta sociedad, el ejecutivo mejor pagado trabaja como un esclavo y aplaza el ocio casi de manera indefinida”.

Precisa, además, que los tiranos somos nosotros mismo y esta explotación a la que nos sometemos es mucho más nociva que la externa.

El sociólogo Hernán Reyes también se refiere al filósofo alemán al indicar él anticipa una forma de explotación del ser humano que está presente en el neoliberalismo.

Reyes explica que se han sofisticado las formas de control y dominación social y, al mismo tiempo, se han ajustado a los cambios que la globalización trajo consigo, sobre todo, en el contexto de la comunicación.

“Vivimos en una sociedad súper hipercomunicada por redes sociales. El sujeto en las redes sociales se mueve con sus iguales y comparte con ellos noticias. Hay una suerte de uniformidad”.

Según Reyes, en esta sociedad existe también una suerte de ataque a la diferencia.

“No hay lugar para la otredad; las plataformas tecnológicas igualan a todos los seres humanos. No hay nada diferente ni una exposición a lo distinto. Esa es la forma en que las herramientas digitales se han ido incorporando a la sociedad”.

Por otro lado, Reyes indica que la superproductividad ha generado diversos efectos.

“El ser humano está demasiado exigido hoy en día; su lucha es de todos los días y consigo mismo. Por otro lado, se siente obligado a responder a los parámetros de productividad exigida. El individuo acomoda su propia psiquis y se impone regímenes autodestructivos consigo mismo”.

En la sociedad del cansancio el agotamiento, la fatiga constante y sensación de asfixia, son manifestaciones de una sociedad centrada en el rendimiento, donde las personas se autoexplotan a sí mismas.

El trabajador ya no se siente explotado por otro, sino que su mayor peligro es él mismo.

De acuerdo con Han ya no estamos en la sociedad disciplinaria que describió M. Foucault, con sus cárceles, hospitales y centros psiquiátricos, sino en una nueva sociedad del rendimiento, repleta de gimnasios, torres de oficinas, laboratorios genéticos, bancos y grandes centros comerciales.

Con afán de maximizar la producción se ha reemplazado el paradigma disciplinario por el de rendimiento. La positividad de “poder” es más eficiente que la negatividad del “deber”. De este modo, el inconsciente social ha pasado del deber al poder. Ahora vivimos en la autodisciplina exigente del rendimiento. Según Han, el sujeto de rendimiento se abandona a la libre obligación de maximizar su rendimiento.

Como señala Hernán Reyes, el exceso de trabajo se agudiza y se convierte en autoexplotación.  Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad.

 De acuerdo con la revista Aleteia, la llamada hipermodernidad es un clima de agitación permanente y ansiedad descontrolada.

De esta manera, Han describe a la sociedad del rendimiento como “la sociedad del dopaje”, para seguir el ritmo irrefrenable de la aceleración que no va a ningún lado y nunca se detiene, hay que doparse.

En un cansancio generalizado, la apatía, la indiferencia ante el dolor del prójimo y el aislamiento narcisista, son el mecanismo enfermizo de una cultura que ha dejado de mirar al otro, al prójimo.

Para Silvia Starkoff, socióloga argentina radicada en Quito, ningún ser humano puede verse abocado a un nivel de estrés tan alto y a eso nos empuja, inevitablemente, el actual estilo de vida.

“Todos necesitamos tiempo con nuestras familias y amigos, porque, de lo contrario, nos diluimos como personas”.

Starkoff indica que la competencia es la ley del capitalismo y más cuando vivimos en una etapa muy desarrollada del capitalismo. “La competencia y no la cooperación es una ideología ante humano. Es el fundamento del capitalismo”. 

Los daños en la salud

Son varios los estudios clínicos que advierten que trabajar más de 10 horas al día se asocia con un incremento del 60% en el riesgo de problemas cardiovasculares. Al mismo tiempo,  quienes trabajan de 50 a 60 horas muestran problemas de relación social, y la tasa aumenta al 30% para los que trabajan más de 60 horas.

Trabajar más de 40 horas a la semana se asocia con el incremento del consumo de alcohol y tabaco, así como el aumento de peso no saludable en los hombres y la depresión en las mujeres. Además, el trabajo improductivo se manifiesta desde las 50 horas por semana, siendo a partir de las 60 horas cuando la productividad disminuye un 25%. Muchos de los problemas identificados en el estudio se relacionan con el estrés, que conecta con diferentes equilibrios hormonales.

En particular, el estrés aumenta el cortisol, que, en algunos casos, puede interrumpir el sueño, el apetito, la presión arterial, la función del sistema inmunológico, la memoria, el estado de ánimo y más.

 Según la revista Forbes, los investigadores han demostrado que adaptar el trabajo al ritmo de descanso aumenta la productividad a largo plazo y mejora la salud y motivación de los empleados. Es la llamada “renovación estratégica”, que incluye todo, desde las siestas diurnas y los entrenamientos hasta las vacaciones más largas.

Al referirse al postulado del filósofo, la socióloga Silvia Starkoff advierte que Byung-Chul Han, autor de una docena de apasionantes y complejos ensayos, ha descrito en la sociedad del cansancio uno de esos males que aquejan a las sociedades actuales. “Me parece que según Han,  la sociedad del siglo XXI se ha convertido en una del rendimiento, a cuyo inconsciente social le es inherente el afán de maximizar la producción”.

Según describe el filósofo, hay un mandato interior que se basa en no “yo debo”, sino “yo puedo”. Por otro lado, el autor también advierte que la administración del tiempo y la atención en múltiples tareas de forma rápida y eficaz propia del hombre contemporáneo equivalen a una regresión social que  remite al mundo de los animales salvajes, que usan esta última para sobrevivir.

Es así que al estar perdiendo la capacidad contemplativa, la posibilidad fértil del aburrimiento, del juego, del sosiego, nos estaríamos convirtiendo en hombres cansados, que reventamos a instancias del “yo puedo”.

 En la actualidad, puede ser muy útil para las empresas contratar personal multitareas y ello supone un beneficio doble, tanto para estas en su búsqueda de trabajadores con este perfil como para quienes tengan la habilidad de poder cumplir con diversas actividades de forma rápida y eficaz.

El término multitasking o multiáreas se reducía originalmente a un uso circunscrito al ámbito informático, relacionado con una modalidad de operación del sistema operativo capaz de ejecutar varias tareas de forma simultánea o intercalada.

Aunque la ciencia nos explica que el cerebro no permite realizar varias cosas a la vez, sino centrarse en una tarea cada vez, al margen de lo rápido que cambie de ocupación. En este aspecto sí es muy eficiente, y precisamente porque el cambio es tan veloz es fácil creer que se ejecutan de forma simultánea.

Muerte por exceso de trabajo

La palabra Karoshi, significa en español muerte por exceso de trabajo, y aunque parezca una leyenda urbana, es un fenómeno social reconocido en Japón desde 1987, cuando el Ministerio de Salud empezó a recopilar estadísticas.

Está tan extendido que si un juez determina que alguien murió por karoshi, su familia recibe una compensación de unos $ 20.000 por parte del Gobierno y pagos de hasta $ 1,6 millones de la compañía.

Al principio, las cifras oficiales reportaban un par de cientos de casos cada año, pero ya en 2015 el número de víctimas alcanzaba las 2.310.

Uno de los casos más conocidos de este tipo es el de Tatsuri Takahash, una joven que resistió 7 meses en la mayor compañía publicitaria japonesa y quinta del mundo.

La joven, de 24 años, se lanzó al vacío en el dormitorio de la empresa en diciembre pasado tras soportar jornadas de 20 horas de trabajo y meses superando las 100 horas extras.

En las redes sociales había advertido de que quería morir y que estaba física y mentalmente destrozada. 

Antes de suicidarse envió un email a su madre eximiéndola de culpa y preguntándose por qué las cosas tenían que ser así.

Matsuri es el último caso de ‘karoshi’ o muerte por trabajo extenuante que cíclicamente sienta a la sociedad japonesa en el diván.

¿En qué países se trabaja más horas?

Según un informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los países más prósperos trabajan menos tiempo que el resto.

 Así, por ejemplo, entre los 38 países analizados, México y Costa Rica son los 2 estados cuyos trabajadores laboran más horas al año con 2.246 y 2.230, respectivamente.

En el extremo opuesto sobresalen los países más desarrollados. Los trabajadores alemanes son los que laboran menos horas al año (1.371), seguidos de los holandeses (1.419), los noruegos (1.424) y los daneses (1.457).

Entre las naciones europeas, Grecia es precisamente el país donde se trabajan más horas al año (2.042). El caso de Grecia se explica por estos fenómenos: jornadas laborales extendidas, una alta tasa de paro y una baja productividad.

Solo un 11% de la población tiene trabajo a tiempo parcial, lo que también contribuye a elevar el número medio de horas anuales por trabajador.

De ellos, además, más de 2 tercios trabajan a tiempo parcial porque no encuentran empleo a tiempo completo, la mayor proporción de toda la OCDE.

De la revolución industrial a la sociedad del cansancio

Según un artículo publicado por un grupo de académicos de la Universidad Autónoma de México (UNAM), mientras la sociedad de la disciplina reinante desde la Revolución Industrial generaba locos y delincuentes (aquellos que no podían adaptarse a las reglas), la del rendimiento actual produce fracasados y depresivos.

Así llegamos a los infartos psíquicos (ACV, accidentes cerebrovasculares) producidos a consecuencia de la depresión por agotamiento. No es casual que esta encabece actualmente el ranking de enfermedades en la región.

En realidad, “lo que enferma no es el exceso de responsabilidad sino el nuevo mandato de rendimiento a como dé lugar”.

Según la publicación, hoy en día, sufrimos un exceso de positivismo alimentado por un bombardeo de estímulos: todo el tiempo se nos alienta a confiar en nuestro “poder” más allá de las circunstancias.

Esto modifica radicalmente la estructura y economía de la atención, derivando en una percepción fragmentada y dispersa.

Cada vez es más frecuente ver emprendedores hiperactivos e hiperneuróticos, sobreestimulados por una sociedad del rendimiento. (I)

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