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Domingo, 16 Julio 2017 00:00 Séptimo día

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Nuestro árbol genealógico también conserva una 'memoria' emocional

Nuestro árbol genealógico también conserva una 'memoria' emocional
Foto: Internet

Las vivencias, los hechos traumáticos y felices, experimentados por nuestros antepasados, se transmiten de generación en generación y marcan nuestra vida.

Andrea Rodríguez

El código de barras con el que nacemos los seres humanos (ADN) es capaz de transmitir experiencias de ansiedad, miedo y estrés de generación en generación, lo que revela que la memoria de quienes nos antecedieron se mantiene a través de nosotros.

Los estudios sobre este tema son sorprendentes: hoy se aprecia cómo la experiencia de un padre o madre, incluso antes de concebir, influye en el sistema nervioso de las generaciones siguientes. Esto sugiere que hay una memoria en cada árbol genealógico que sobrevivió desde siempre hasta hoy y que marca nuestras actuales experiencias. Aunque es posible modificarla, siempre estará influida por las experiencias ‘vividas’ antes de nacer.

Cuando el cuerpo de una persona muere, una parte de ella sigue viva en la genética de sus descendientes, y no solo el gen que marca la enfermedad o el rasgo físico del individuo, sino aquel que vivió tal experiencia, buena o mala, traumática o feliz, del tipo que sea.

Una de las áreas que se enfocan en este estudio es la psicogenealogía, la cual parte de la base de que determinados comportamientos inconscientes se transmiten por generaciones e impiden al sujeto autorrealizarse.

Según Silvia Castro, psicóloga e investigadora, se podría decir que los seres humanos, de alguna manera, estamos ‘programados’ por nuestros antepasados que pueden ser padres, abuelos, bisabuelos e incluso tatarabuelos.

“Toda nuestra familia juega un papel fundamental en la psique de una persona. Por eso resulta imprescindible desatar los nudos con el pasado, porque son vidas que no nos corresponden”. Según el libro Psicogenealogía, cómo transformar la herencia psicológica, cada generación trae consigo su propio equipaje (éxitos y fracasos) a través del tiempo y el espacio, así como recursos y soluciones para cada situación. Además, el proceso consiste en descubrir cómo esta herencia se manifiesta en nuestro presente y a qué repeticiones nos somete.

También nos enseña que podemos elegir entre lo que queremos conservar  y lo que deseamos eliminar para disfrutar la vida.

 Para el ecuatoriano Leonardo Martínez, especialista en bioneuroemoción, un área que propone una visión unificada de la vida en todas las manifestaciones para lograr el bienestar emocional, hay que procurar trabajar a partir de los problemas a nivel personal para buscar las causas en las historias familiares.

“Partimos de la base de las enfermedades graves, problemas de pareja o de dinero, o situaciones que se repiten en nuestra vida. A eso llamamos carga de nuestros ancestros. Lo que libera a estas permite tomar conciencia de los programas que heredamos, con frecuencia de la familia o de la memoria familiar”.

Según explica Martínez, es preciso ir desplazando las memorias porque estas suelen ser revividas a través de las nuevas generaciones hasta que alguien detiene esa información tóxica de nuestra retentiva.

Las habilidades y enfermedades que heredamos

César Paz y Miño, director del Centro de Investigación Genética y Genómica de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE), afirma que a través de las características del ADN se transmiten ciertas habilidades: tocar un instrumento musical, practicar un deporte, dominar varios idiomas.

Según Paz y Miño, las fobias, neurosis, comportamientos bipolares y organización del sistema nervioso, responden también a un entorno familiar. Así, por ejemplo, si tenemos familiares que sufren neurosis, psicosis y desórdenes bipolares, seguramente también se repetirán en las generaciones venideras, señala el científico ecuatoriano.

Precisa, además, que en el Centro de Investigación Genética descubren, al momento, cómo ciertas personas son más proclives a la demencia. “También hay aquellas que sufren crisis de desvinculación con el medio y otras que son más agresivas que otras; hay una herencia familiar”.

Una de las ramas de la ciencia que estudia los aspectos psicológicos que los seres humanos son capaces de heredar es la epigenética, la cual sostiene que las experiencias de las personas no desaparecen, sino que se adhieren a ellas, bajo la forma de un residuo molecular que se aferra al andamiaje genético.

Sin embargo, esto no quiere decir que el ADN cambie, sino que los aspectos psicológicos y del comportamiento de una persona pueden ser legados a los descendientes. De acuerdo con este planteamiento, las experiencias traumáticas pasadas de un organismo, o de sus antepasados recientes, dejan cicatrices moleculares que se adhieren al código de barras de los seres humanos (ADN).

En más de una ocasión los científicos han determinado que los mecanismos de la epigenética del comportamiento se establecen no solo a partir de los déficits y debilidades o impactos negativos experimentados por los antepasados inmediatos. También se ‘graban’ biológicamente las fortalezas y resiliencias.

¿Heredamos los miedos?

Un artículo publicado en la revista de divulgación científica Science revela la posibilidad de que los padres transmitan asociaciones traumáticas a sus descendientes a través del material genético. Por ejemplo, hay evidencias de que los hijos de madres que habían sufrido algún tipo de violencia (y presentado a causa de ella síntomas de estrés postraumático) desarrollaban una respuesta de sobresalto más pronunciada a estímulos estresantes; en otras palabras, el trauma infantil de las madres puede alterar la respuesta al estrés de los hijos.

Relación entre enfermedades y secretos familiares

Según la revista Sanación holística, la familia es lo permanente, estaba antes de que llegáramos, le pertenecemos mientras vivamos y seguirá existiendo después de nosotros. Es una generación de vivos que caminan como mínimo con 2 generaciones de muertos atrás hasta la línea de meta, donde le toca subirse a la espalda de la siguiente generación de vivos.

Hay que recordar que, desde la perspectiva de la psicogenealogía, cada uno de nosotros está habitado por las 3 generaciones que lo preceden, lo que hace un mínimo de 14 personas. Eso significa que llevamos a cuestas experiencias buenas y malas. (I)

Cuando el árbol quiere desvelarte un secreto, crea una estructura, algo que se repite, con eso pretende llamar tu atención. Por ejemplo, una fecha que siempre viene a la mente. Foto: vix.com

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¿Qué ocurre con los duelos no hechos y con las lágrimas no derramadas?

Anne Ancelin Schützenberger, psicóloga, abogada y profesora rusa, advierte en algunas de sus publicaciones que “los duelos no hechos, las lágrimas no derramadas, los secretos de familia, las identificaciones inconscientes y lealtades familiares invisibles pasean sobre los hijos y los descendientes”.

Esta especialista señala, además, que lo que no se expresa con palabras se expresa con dolores.   

Cuando el árbol quiere desvelarte un secreto, crea una estructura, algo que se repite, con eso pretende llamar tu atención. Por ejemplo, una fecha que se repite, un estilo de elección de la pareja, unos accidentes con ingredientes similares. Estos secretos se guardan por vergüenza, por pudor, por proteger a los niños o autoprotegerse ante la sociedad. (I)

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