El lenguaje no verbal, una forma de comunicarnos a través de los gestos

- 23 de julio de 2017 - 00:00
No siempre colocarse la mano en el mentón es sinónimo de aburrimiento, ya que hay que ver la expresión que tiene el rostro. Se lo podría traducir como interés.
Foto: cortesía del Club de Lenguaje no Verbal

El movimiento y dilatación de los ojos, la postura de las manos y piernas, la respiración y hasta rascarse la nariz tienen su significado.

Los niños, sin lugar a dudas, son expertos en interpretar el lenguaje no verbal, especialmente si proviene de sus padres. Por ejemplo, cuando un menor tiene un mal comportamiento o hace una travesura y hay invitados en la casa, su madre le ‘clava’ una mirada con la que le dice todo. El chico se retira y sabe que después vendrá una reprimenda.

Muchas veces tratamos de ocultar lo que pensamos o sentimos, pero nuestros gestos nos delatan. Peor aún si la persona que tenemos en frente conoce y traduce el también llamado metalenguaje.

Luis Naranjo Velásquez, terapista de Lenguaje del Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, precisa que, según la programación neurolingüística (PNL), el 55% de la comunicación de la persona es corporal, el 38% se percibe a través del tono de voz y el 7% con las palabras.

El metalenguaje, explica Naranjo, surgió desde la ontogenia (formación) de la humanidad cuando la comunicación se basaba en gestos y poco a poco evolucionó al lenguaje.

“Si bien la parte corporal, el tono de voz y las palabras funcionan a la par, muchas veces las manipulamos porque decimos una cosa y con el cuerpo exteriorizamos otra”.

En 1941, David Efron, en su obra Gesture and Enviroment (Gesto y medio ambiente), establecía la importancia de la cultura en la formación de muchos de nuestros gestos. Mientras que en la década del 50 existió, por parte de los antropólogos, un auge en la investigación de la comunicación humana no verbal y, en 1966, destacó The Hidden Dimension (La dimensión oculta).

 En 1972, Paul Ekman estableció 6 emociones innatas: alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa, las que tendrían al mismo tiempo reacciones y, por lo tanto, expresiones no verbales de tipo universal.

Se puede decir que en comparación al conjunto de las expresiones faciales universales, hay un gran número de elementos no verbales que sí están condicionados en alto grado por la lengua y la cultura, lo que convertiría a las emociones primarias en características inherentes al ser humano con un alto poder predictivo del comportamiento.

Por ejemplo, Naranjo menciona que cuando la persona mira hacia arriba y a la izquierda significa que está recordando o evocando algún recuerdo y, si su mirada es a la derecha, está construyendo o inventando algo. “La parte corporal hay que saberla leer. Lo interesante del lenguaje corporal es que no miente, las palabras sí”.

Aunque no existe un diccionario o manual que describa o revele con minuciosidad y exactitud el significado de cada gesto, hay estándares establecidos por profesionales en determinados casos; por ejemplo, cuando alguien se toca la nariz es una evidencia de que está mintiendo; asimismo, si una persona cruza las manos o las piernas de manera tensa quiere decir que oculta algo.

Utilidad en criminalística

Hay muchas formas de entender la comunicación no verbal (CNV), incluso a través de series televisivas como por ejemplo Miénteme, donde el psicólogo Paul Ekman es capaz de detectar si la gente miente o dice la verdad analizando la expresión de su cara, sus gestos y su voz. Con ese don resuelve casos criminales.

Fernando Gordillo León, especializado en criminología, cita una clasificación a esta forma de comunicación: paralenguaje (física y sonido), quinésica (psicomusculares: faciales y corporales), proxémica (conceptual: relativos al espacio), cronémica (valoración del tiempo). Además de la parte social y la apariencia.

El poligrafista John Garaycoa sostiene que este tipo de lenguaje se lo puede utilizar para bien o para mal. Si es para lo primero, la persona se prepara para inyectar positivismo, para que su mensaje llegue a su objetivo. Si es lo contrario, va a transmitir angustia, una necesidad, desesperación para conseguir un objetivo y, por medio de esta facultad, un beneficio a favor de él o ella, es decir a través del engaño.

Garaycoa incluso señala que hay personas que, cuando tienen una cita de negocios, contratan a alguien especializado en el lenguaje no verbal, para que les diga al final de la reunión si la otra parte mintió o si es confiable.

“No hay un momento en que no tengamos esa expresión no verbal porque eso habla en más del 80% de lo que queremos decir o hacer. Cuando se tiene un patrón se puede comparar los gestos”.

El experto menciona que cuando se va a interrogar a una persona para determinar su inocencia o no, hay un programa llamado EyeDetect, que actúa directamente en los ojos. Si se dilatan, es señal de que el individuo no dice la verdad.

Para el psicólogo y morfopsicólogo español Julian Gabarre, autor del libro El rostro y la personalidad, la cara es la terminal de nuestra neurofisiología. “Los nervios que van del cerebro al rostro lo hacen de manera directa sin pasar por la médula espinal, con lo cual la comunicación es más directa y rápida”.

En las facciones, explica Gabarre, podemos ver cómo es nuestra inteligencia, sentimientos, deseos e instintos y, como consecuencia de ello, cuáles son nuestras competencias y los puntos que debemos mejorar. “Viendo el rostro podemos ver cómo funciona nuestro cerebro con una precisión absoluta”.

Al estudio de los gestos Gabarre le llama psicología facial. Él indica que estos son elementos que tienen una precisión del 70%, en cambio la psicología facial es absoluta. “Hay ademanes que nos pueden decir si una persona nos engaña. Con esta especialidad detectamos si esa persona es mentirosa”.

Un trabajo presentado por la Universidad Complutense de Madrid sostiene que el gesto es un lenguaje preverbal que empieza en el nacimiento; de hecho, esta forma de comunicación es intensamente instintiva y emocional. 

El estudio de  los gestos se remonta a la Antigua Roma

El interés y el estudio de los gestos ya existía en la Antigua Roma (753 a.C.), prueba de ello son las anotaciones sobre ciertas señales gestuales que aparecen reflejadas en la obra culmen de Cicerón: El orador.

Decía Merleau-Ponty que el cuerpo “es eminentemente un espacio expresivo”. Mientras que el padre Jousse sostenía que los lenguajes gestual, oral y escrito procedían de la misma naturaleza: la interacción universal del agente y de lo que hace, que el hombre a su vez recibe, registra y, si puede, vuelve a representar, imita o remeda, primero con gestos, luego a través de sonidos y finalmente utilizando grafismos.

Jousse hablaba del hombre en términos de ‘anthropos mímico’: cinemímico (mímica gestual), fonomímico (mímica sonora) y grafomímico (mímica escrita). 

DATOS

Gordon R. Wainwright decía que la propiedad de los gestos permite alcanzar un grado de expresividad y sutileza que no se da en otras señales no verbales.

Nierenberg y Calero afirmaban que los gestos se usan para expresar emociones y actitudes, como la franqueza, el reparo, la buena disposición a hacer algo, tranquilidad, frustración, confianza, nerviosismo, aceptación, expectativa, tipo de relación y desconfianza, y que hay que descubrir sus significados. (I)

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