Daniela Calapiña, la naciente montañista que busca batir récords

- 15 de enero de 2017 - 00:00
Daniela Calapiña también aprendió las técnicas de escalada deportiva, disciplina en la que comenzó a los 7 años.
Foto: cortesía de Manuel Calapiña

La chimboracense intentará en febrero ser una de las mujeres más jóvenes en subir al Aconcagua en velocidad.

Si pudiera pintarse dentro de una fantasía, Daniela Calapiña haría un cuadro de la cima del Aconcagua con ella clavando la bandera ecuatoriana; al lado estarían su padre, Manuel, y los otros compañeros de la expedición. Ese lienzo espera trasladarlo a la realidad en febrero próximo, cuando intente ser la mujer latinoamericana más joven en subir al coloso más alto de América y pulverizar el récord mundial en speed climbing, que por ahora le pertenece a la brasileña Fernanda Maciel.

Las referencias en torno a las personas más jóvenes en coronar la cúspide del nevado argentino, ubicado a 6.960,8 metros, son variadas y en todas aparecen exponentes norteamericanos y europeos, por lo que Daniela se convertiría, cuando menos, en la ecuatoriana de menor edad en conseguir ese objetivo.

El año pasado dio un paso importante al trepar dos veces el volcán Chimborazo -el 17 de octubre y entre el 30 y 31 de diciembre-, inscribiéndose como la dama más joven en conquistar los 6.268 metros del macizo más alto del Ecuador y sumando el cuarto coloso en su colección de ascensiones. A los 11 años  puso los pies en el pináculo del  Carihuairazo (5.018 metros), a los 12 encumbró el Cayambe (5.790 metros) y el Iliniza (5.248 metros), a los 13.

Pero, en la actualidad, los récords son lo que menos le importa, su afán es consolidar la carrera deportiva, cuya primera faceta es el montañismo. En un futuro desea ser fondista y, por medio de aquello, clasificar a los Juegos Olímpicos.

Sus pininos en el atletismo los dio en 2016 al competir en carreras de trail running, modalidad que la mantiene en su escenario favorito: la cordillera. En este ámbito corrió La Ruta del Hielero, el Trail de Puela, el nocturno de Petzl en Baños y el de El Altar.  

En los últimos meses no ha incursionado en estas lides porque su mente y su cuerpo se enfocan de lleno en el Aconcagua, al que partirá el 4 de febrero. Con ella irán, además de su progenitor, Nicolás Miranda, Christian Criollo, Manuel Sandoval, Pablo Chiquiza y el deportólogo Mario Ochoa; todos del grupo ‘Ecuador Más cerca del Sol’.

La hija de los Andes

Tanto como la nieve, el viento o el lobo de páramo, Daniela es otra hija del ‘Taita’ Chimborazo. Nacida el 20 de enero de 2002 en Pulinguí, desde que sus sentidos abandonaron el vientre materno, su relación con la cordillera es simbiótica.

Pulinguí, comunidad indígena de la parroquia San Andrés en el cantón Guano (Chimborazo), es un poblado de la nacionalidad kichwa puruhá enclavado a 3.380 metros de altura sobre el nivel del mar, en las faldas mismas del coloso.

Manuel Calapiña, de 34 años y miembro de la Asociación Ecuatoriana de Guías de Montaña (Aseguim), cuenta que a los 4 años su hija ya mostraba interés por subir a los montes de los alrededores.

Ella admite que la ansiedad la invadía al ver las fotos de su padre en las rocas y los glaciares; ahí se gestó la excursionista. Al percibir que a los juguetes ni los veía y más bien le llamaba la atención el ejercicio físico, Manuel y Norma -madre de la cultora- decidieron llevarla a Riobamba para inscribirla en algún curso de la Federación Deportiva del Chimborazo.

Dani se decantó por la escalada y durante 4 años intervino en bregas nacionales y provinciales.

A los 11, la niña renunció a dicha disciplina porque la exigencia de los estudios secundarios no le permitía las idas y vueltas de los entrenamientos y participaciones. Entonces, cual avalancha, la necesidad de remontar los picos se convirtió en su nuevo reto.

Ese paso entre niña y adolescente le hizo disfrutar al máximo sus aventuras; nunca olvidará los deslizamientos por la espesa nieve del Cayambe que realizaba sentada y ponían en angustias a Manuel, quien en cierto momento tuvo que frenarla a raya ante la presencia de una enorme piedra.

Tampoco se le van de la memoria los momentos que vio en persona, poco más y con la boca abierta, a los ascensionistas Iván Vallejo, Carla Pérez y Juliana García, o a los escaladores de velocidad Karl Egloff y Nicolás Miranda, cuyas proezas le gustaría superar.

En estos momentos, a escasos días de cumplir sus 15 primaveras, en lo nada común que es, Dani le pide a Dios y a la Pachamama le otorguen como regalo de aniversario el posarse en la cabeza del Aconcagua. Tal vez ahí baile el vals de la fiesta rosada con sus acompañantes.

Nicolás Miranda (39 años), quien la orientará en la travesía, considera que la chimboracense tiene el potencial para convertirse en una gran montañista y una de las mujeres pioneras del speed climbing en el país, su desafío en el techo argentino es bajar las 14 horas con 20 minutos (14h20m), que en febrero de 2016 demoró Fernanda Maciel en subir y bajar de la cresta; será siguiendo la ruta normal, es decir desde Plaza de Mulas.

La idea es aprovechar la aptitud de ella, la nueva heredera de los Andes. (I)

Datos

Manuel  revela que no cuentan con auspicios, por lo que los gastos del viaje se solventarán con dinero propio. Son $ 3.000 por cada uno.

La familia de Daniela es formada por los padres Manuel y Norma, y la hermana menor Janeth, de 9 años.

En temporadas bajas de turismo, Manuel se dedica a la agricultura, siembra papas, habas, mellocos, quinua, zanahoria, trigo, cebada.

Daniela estudió en la escuela Primera Constituyente; sigue la secundaria en la unidad educativa Isabel de Godín, de Riobamba. (I)

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