La regeneración urbana ‘prohíbe’ el paso de ciclistas

| 12 de Noviembre de 2017 - 00:00

Custodios impiden el tránsito a los conductores de estos vehículos de dos ruedas en zonas recuperadas, como malecones y parques. No es posible estacionarse.

Entras al puente Zig-Zag, una vía que une Urdesa con la av. Carlos Julio Arosemena sobre el Estero Salado y si vas en bicicleta el guardia del lugar de seguro pita.  “Está prohibido. Tiene que bajarse”, dice cada vez que hay un ciclista a la vista. Antes estaba permitido, pero un día de mayo los guardias empezaron a notificar la prohibición hasta que apareció un cartelito que da la advertencia.

Si entras al malecón Simón Bolívar en bicicleta los alguaciles del lugar se lanzarán sobre ti, correrán, pitarán, convocarán a sus compañeros hasta hacerle entender al conductor de ese vehículo que no puede hacerlo. Lo mismo ocurre en el Malecón del Salado y su parqueadero. “No se puede andar en bicicleta aquí”. En este último lugar ni siquiera es posible parquearse. “Hay cámaras y nos multan si ven esta bicicleta aquí”, repiten los guardias. Aun si el ciclista es más prudente y baja de su vehículo para caminar con él, pues conoce de la advertencia, puede pasar que un guardia se le acerque a decir que debe mantenerse así. Que las bicicletas están prohibidas de conducir en ese espacio público.

En las zonas regeneradas de la ciudad, donde hay adoquines que copan las veredas, las bicicletas también están prohibidas. Si intentas parquear en un poste o árbol de ese lugar, lo más probable es que aparezca un guardia encargado de darte las malas noticias: no puede dejar ahí la bicicleta. Está prohibido. “Hay cámaras y nos multan”, es la excusa de siempre.

La justificación de Fundación Siglo XXI, entidad desde la cual se dirigen todos estos espacios, es que estas son zonas para tránsito de peatones y los vehículos como la bicicleta pueden ser riesgosos para el tránsito.

“Y está bien que sea así, pero hay una estigmatización de este tipo de vehículo. Los ciclistas deben respetar el espacio de los peatones, pero que no haya parqueaderos y te estigmaticen tanto también es un problema de la manera en que se piensan estos espacios de circulación”, dice Libertad Aguirre, una usuaria de la bicicleta, pero también peatona.

En el caso de los parqueaderos en zonas regeneradas y de entretenimiento público no hay mayores alternativas. Para la circulación de ciclistas está la calle, donde no hay guardias que vigilan las prohibiciones, ni tampoco rutas o señalización o caminos de preferencia como establece la Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial.

El artículo 204 de esta norma estipula que los gobiernos autónomos descentralizados (GAD) deben “disponer de vías de circulación privilegiada dentro de las ciudades y en las carreteras, como ciclovías y espacios similares”, además del “derecho preferente de vía o circulación en los desvíos de avenidas y carreteras, cruce de caminos, intersecciones no señalizadas y ciclovías”; y a “tener días de circulación preferente de las bicicletas en el área urbana, con determinación de recorridos, favoreciéndose e impulsándose el desarrollo de ciclopaseos ciudadanos”.

Ciclovías pendientes

Actualmente hay 10 grupos ciclísticos en la ciudad que gestionan la realización de la masa crítica, una iniciativa ciudadana para recorrer rutas en la urbe. Foto: Alfredo Piedrahíta / El Telégrafo

Para el ciclista y activista Franklin Arízaga “hace falta voluntad política” para que el Municipio local incentive el uso de la bicicleta como transporte en la ciudad y con ello adecúe espacios y actividades que generen un cambio social en el tránsito de la urbe.

En 2013, la entonces concejala de la ciudad Gina Galeano trabajó en una propuesta de ordenanza para regular el uso de ciclovías en la ciudad, pero solo se trató una vez en el Concejo Cantonal y no ha vuelto a plantearse, a pesar de que los grupos de ciclistas y ciudadanos con los que trabajó para su construcción han intentado tener una proximidad con la autoridad.

De forma paralela a esta propuesta se pensó en un plan de ciclovía para la ciudad, la cual tuvo tres tramos iniciales: uno en la avenida Rodrigo Bonín, otro en la avenida Barcelona y un circuito en el centro de la ciudad.

De acuerdo a una entrevista que dio Galeano con este diario, la idea era que la ciclovía se activara con seguridad para los usuarios y parqueos una vez que la Alcaldía asumiera el manejo del tránsito. Sin embargo, eso no ocurrió y en su lugar las ciclovías señalizadas se han despintado.

Para activistas como Luis Vélez, parte del colectivo Guayaquil en Bici, el circuito del centro era peligroso como alternativa para los ciclistas, pues exponía a los usuarios a uno de los riesgos más comunes al movilizarse al estar junto a una zona de parqueos: que el  conductor de un auto abra la puerta y que el ciclista salga despedido por los aires.

Con estas rutas que se plantearon en la ciudad también se activó el proyecto de Bicirruta Recreativa, en la cual cada dos domingos se cerraba el circuito de ciclovía en el centro, durante la mañana, de manera que se convirtiera en una zona peatonal y de movilidad alternativa.

Este espacio estuvo manejado por los integrantes de Biciacción, una organización quiteña, que cada día en el cual se programaba la Bicirruta cerraba las calles desde muy temprano con señalización, puntos de hidratación y mantenimiento de bicicleta. Sin embargo, de acuerdo a Arízaga, uno de los miembros de este grupo, el Municipio de la ciudad redujo de manera paulatina la ruta para esta actividad. 

“Los puntos comerciales se empezaron a quejar y el Municipio accedió. A pesar de que muchos no abrían en el horario en el que se programaba la actividad, decían que les dificultaba la llegada a los clientes. Es que se piensa que el vehículo los tiene que dejar en el punto exacto al cual van y hay que acostumbrar a la gente a que camine”.

Según Arízaga, al principio se redujo el circuito de la actividad a la mitad de la calle, luego fue menos y la gente dejó de acudir, pues los riesgos de ir con niños o exponerse a un día de tránsito normal generaban inseguridad para los interesados.

Alberto Hidalgo, quien dirige uno de los 10 grupos que mensualmente organiza un recorrido por la ciudad, intentó ocupar la opción de la silla vacía en el Concejo Cantonal para discutir las normativas que se plantean para el uso de la bicicleta como medio de transporte a la ciudad.

Hidalgo reunió 250 firmas, sin embargo, su propuesta fue rechazada al considerar que este tema no se va a tratar en las próximas reuniones del Concejo. “¿Entonces cuándo?”, se pregunta el activista. Este diálogo y las propuestas continúan pendientes. (I)