Monos aulladores, amos en el bosque de Pacoche

- 14 de enero de 2018 - 00:00
Turistas de Canadá y Estados Unidos llegaron el pasado 9 de enero a visitar el bosque húmedo de Pacoche. Todos querían observar a los monos aulladores del lugar.

En 2017, visitaron el refugio 6.473 turistas, mientras que en 2016 arribaron 4.221. El 15% de los extranjeros llega desde estados unidos, Canadá, Alemania y Australia.

A pesar de que la vía costanera partió en dos al bosque húmedo de Pacoche, en el suroeste de Manta hace más de 25 años, el grito de las familias de monos aulladores se sigue escuchando entre la espesura y la frondosa vegetación de este pulmón del puerto manabita. A estos primates, Alouatta caraya (nombre científico) es imposible ignorarlos y, sobre todo, olvidarlos. Aunque los aulladores están por doquier entre las 5.049 hectáreas terrestres en el Refugio de Vida Silvestre Marino Costero Pacoche, el Ministerio del Ambiente de Manabí (MAE) tiene delimitado un lugar para el avistamiento de los primates. Se trata del sendero Pasaje del Mono. Ubicado a 5 kilómetros de la línea de costa, esta caminera ecológica de 2.000 metros  de longitud permite a los turistas internarse en cuestión de tres minutos hacia la espesura del bosque.

 El pasado 9 de enero, un grupo de turistas, entre estadounidenses y canadienses, arribó para conocer de cerca a los monos aulladores. Tras descender de dos vehículos, fueron conducidos al sendero por uno de los 11 guías naturalistas que atienden en el lugar.

Eran las 09:30. El sol empezaba a encenderse con fuerza, característica de estos meses extensos de verano. Los esposos Albert Catin y Lucie Cantin, canadienses, estaban inquietos por ingresar al refugio. Presurosos caminan con sus compañeros de tour. Una breve inducción sobre las normas de comportamiento al interior del bosque y empezó el trayecto. Los dos metros de ancho del sendero son suficientes para que la naturaleza muestre sus bellezas. A medida que avanzan quedan al descubierto las palmas de toquilla (planta de la que se extraen las hojas que se convertirán en las fibras para la elaboración de los sombreros de paja toquilla). Las heliconias y bromelias ponen el toque colorido al sendero. Diez minutos, después el upp... upp... upp, característico de los monos aulladores, se escucha. Yandry, el guardaparques que acompaña al grupo, pide a todos que hagan silencio. Entre las copas de los higuerones, a 30 metros del suelo, dos madres con sus crías se han percatado de la presencia de los visitantes y se mueven entre las ramas, quedan en el aire, parecen caer, pero su cola prensil sostiene sus cuerpos, los bebés se aferran a sus espaldas mientras degustan del desayuno a base de brotes de hojas tiernas de higuerón.

 Todos están atentos, no se necesita de binoculares para observar a los primates. A ratos hasta parece que actúan, los más pequeños se mueven entre las ramas, esa es su guardería y, además, su casa donde se mantienen todo el día. Albert está impresionado, había estado en Centroamérica en busca de esta especie de monos. Dijo que en su estancia de tres días fueron esquivos, pero en apenas 20 minutos en Pacoche ya estaban listos para que los miren. Fue espectacular.

El sendero trazado con escalones y pasamanos de madera tiene un kilómetro de longitud.

 Después el diseño es netamente natural. A medida que se lo recorre, las familias de primates aumentan. Los aulladores comparten territorio con el mono mico, la diferencia entre ambos es que el pelaje de los micos es más claro y no aúllan. También las especies de flora tienen sus vecinos. Las palmas de toquilla están cerca de las palmas de mococha de donde sale la pepa de tagua, que sirve para hacer botones ecológicos y artesanías. La racocha, de hoja verde, ancha y grande, extiende sus ramas hasta chocar con las heliconias.

 Uno de los operadores turísticos de Manabí es Fernando Monroy, quien llegó con cuatro turistas. Él los llevó a conocer el Pasaje del Mono. Cuenta que a través de la página web de EYV Tours venden las bondades naturales de Manta y Manabí. Muy pocos, por ejemplo, saben que frente a Manta chocan la corriente fría de Humboldt y la cálida de El Niño, las cuales hacen que los turistas retornen al lugar atraídos por ellas.

 Cuando ingresan al sendero quedan prendados de la abundancia de flora y fauna en un sitio tan pequeño, en comparación a otras áreas protegidas en el mundo. Una vez que el sol se pone en su punto es señal de que el mediodía ha llegado. Es hora de la retirada. Los monos aulladores se acurrucan sobre las ramas anchas y largas. Con la cercanía de la noche se acomodan en las copas de los árboles. (I)

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