En la comunidad se celebran hasta 22 fiestas al año, la mayoría religiosas, que atraen a muchos turistas

El complejo Hojas Jaboncillo evoca la historia de Picoazá

- 07 de octubre de 2017 - 00:00
El ingreso al complejo arqueológico-turístico se realiza en compañía de guías nativos que explican los detalles de cada uno de los lugares históricos.
Foto: Leiberg Santos / EL TELÉGRAFO

Las tejedoras de sombreros de paja toquilla venden sus productos a los turistas que llegan desde Manta, Portoviejo, Guayaquil, Quito y del extranjero.

Portoviejo.-

Quien llega a Picoazá, parroquia del cantón Portoviejo, centro de Manabí, queda prendado del dinamismo de sus habitantes. Comerciantes y artesanos por naturaleza le sacan provecho a todas las herramientas que tienen a disposición para monetizar su economía.

Desde hace dos años, la construcción del complejo arqueológico “Hojas Jaboncillo”, levantado sobre las lomas de alta pendiente donde existió un asentamiento de la cultura Manteña, se ha constituido en una fuente de ingresos para los lugareños.

La calle principal del poblado está asfaltada, no así varias transversales donde la tierra es la constante. A 100 metros del parque central donde se concentra el comercio de ropa y alimentos, está la casa de Maribel Tejena.

La menuda mujer, de tez trigueña, camina por el centro del poblado presurosa todas las mañanas después de dejar a su hija menor en la escuela. Ella es una de las 60 tejedoras de sombreros de paja toquilla en Picoazá. Esa actividad artesanal permite a las mujeres ayudar en la economía familiar.

Este grupo de féminas se benefician del arribo de turistas que llegan a Hojas Jaboncillo a mirar la arqueología del lugar. Los visitantes compran los sombreros elaborados por las tejedoras de Picoazá.

Vicenta Pin, de 69 años, teje sombreros de paja toquilla en los exteriores de su vivienda, en la calle Juan Montalvo. Foto: Leiberg Santos / EL TELÉGRAFO

La vivienda de Maribel, ubicada entre las calles Juan Montalvo y Colón, de construcción mixta (paredes de ladrillo, estructura de madera y cubierta de zinc), es además su taller.

Cuando el sol arrecia prefiere tejer al borde de la calle bajo la sombra de un portal. Es sencillo, asegura, basta con trasladar el soporte de madera y un recipiente con agua para humedecer de vez en cuando los hilos de toquilla y continuar con la tarea de trenzar los hilos de la fibra natural.

Maribel realiza su trabajo cerca a la calle, pues asegura que esa es una forma de que los turistas puedan mirar lo que hace. “Ellos se acercan, preguntan y luego van comprando un sombrero”, afirma.

“Los precios son cómodos, aquí vendemos sombreros de tejido grueso desde $ 5 hasta $ 8. Si alguien busca el de tejido más fino, también tenemos y deben pagar $40”, dice entre sonrisas Vicenta Pin (69 años), otra de las tejedoras y vecina de Maribel.

El arqueólogo Stefan Bohórquez muestra una de las estructuras fúnebres de la cultura Manteña que fue encontrada en el complejo. Foto: Leiberg Santos / EL TELÉGRAFO

En el centro de la urbe, la venta de ropa, verduras, comida preparada y hasta artículos navideños concentra la atención de visitantes.

“Esta es una especie de feria de todos los días. Los turistas que van al complejo arqueológico tiene que pasar obligadamente por nuestra zona comercial. Algunos compran y eso nos ayuda para tener ingresos”, manifiesta Fabián Zambrano, uno de los vendedores.

Rumbo a la zona turística de Hojas Jaboncillo, que es administrada por personal del Centro Cívico Ciudad Alfaro (CCCA), el paisaje está plagado de especies de bosque seco tropical como los muyuyos. Una vía adoquinada de 800 metros de longitud para vehículos y una ciclovía forman parte del acceso.

Un museo y toda una infraestructura con auditorio y aulas para capacitación a la comunidad funciona en la zona. Para llegar al sitio arqueológico hay que recorrer otro tramo de 3 kilómetros. “El camino de lastre es accesible para vehículos 4X4, bicicletas y además se puede acceder caminando”, comenta Stefan Bohórquez, funcionario de CCCA.

“La comunidad se ha identificado con el proyecto, hay familias que preparan alimentos para los grupos de turistas que llegan a conocer Hoja Jaboncillo, que es un asentamiento de la cultura Manteña”, explica Stefan. También se los capacita en talleres sobre gastronomía y artesanías manabitas. Hay jóvenes que proveen de agua para beber a quienes realizan la caminata que dura dos horas.

En el trayecto en Hojas Jaboncillo acompañan a los turistas guías que fueron capacitados por el CCCA. Una de ellas es María Molina.

Aquí los turistas a más de recibir la información sobre el asentamiento manteño piden datos sobre el pueblo, la gente, la ocupación de la gente, quedan prendados de la belleza y aseguran que se siente una energía diferente.

En Hojas Jaboncillo, además, se realiza avistamiento de aves, lo cual empieza a despertar el interés de los ornitólogos. “Hay mucho que ver especialmente por las mañanas y tardes”, afirma Stefan.

Según Juan Posligua, vecino de Picoazá, los turistas también visitan el lugar por las 22 fiestas que se celebran al año. “Esto parece un equipo bien organizado, las celebraciones y el complejo arqueológico son nuestras fortalezas”, reseña. (I)

Vista panorámica de la ciudad de Portoviejo desde el complejo Hojas Jaboncillo, ubicado en la parroquia Picoazá. Foto: Leiberg Santos / EL TELÉGRAFO

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