El estacionamiento aledaño al centro de exposiciones acoge furgonetas, kombis y otros vehículos

La Carolina es parada permanente de los turistas motorizados

- 11 de noviembre de 2017 - 00:00
La semejanza de experiencias y la pasajera vecindad convierten a los viajeros en consejeros y confidentes durante su estancia en la capital ecuatoriana.
Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

El parque quiteño es recomendado en aplicaciones y sitios virtuales como un lugar en el que se puede descansar y reabastecerse antes de volver al camino.

Desde afuera y a cierta distancia, los vehículos estacionados junto a la cruz que recuerda el sitio donde el papa Juan Pablo II ofreció una misa campal en 1985 no llaman la atención. Sin embargo, al acercarse es posible notar que las placas de identificación de una camioneta con furgón, una van y una kombi parqueadas esta semana en el parque La Carolina no son del país.

Sus ocupantes son extranjeros de paso por la ciudad en viajes por el continente que conocieron del espacio público quiteño como un buen sitio para acampar a través del sitio web ioverlander. Se trata de un espacio que ofrece consejos sobre qué hacer y a dónde ir en diferentes puntos del planeta.

Gabriela, una doctora proveniente de la ciudad brasileña de Sao Paulo, comenta que La Carolina ofrece comodidades que facilitan la estancia de personas como ella y Felipe, su compañero y compatriota.

Por ejemplo, se trata de un sitio céntrico y de ocupación barata: pagan $ 2 por el uso diario de un espacio en el parqueadero ubicado junto al Centro de Exposiciones Quito.

La sudamericana dice que el lugar les facilita el acceso a baños e incluso duchas, pues utilizan las del cercano Centro Deportivo Metropolitano para asearse. Además, la presencia de una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) a un costado del estacionamiento les garantiza seguridad.

Gabriela y Felipe iniciaron su viaje a bordo de su camioneta en mayo desde su Sao Paulo natal. Es su primera aventura de este tipo y aseguran que no se arrepienten de haberla iniciado.

Ahorraron tres años para ello e incluso vendieron sus pertenencias por lo que por ahora -dice entre risas el también médico- su única propiedad es su vehículo-hogar.

Pasaron los últimos días en el parque casi por accidente, pues ya habían emprendido la marcha hacia Colombia, ya que la ciudad de Cartagena es su destino final. Sin embargo, un problema en el sistema de frenos les obligó a retornar para solucionarlo.

De hecho, la necesidad de realizar  arreglos o simple mantenimiento mecánico a los carros antes de proseguir el camino es una de las causas por la que los viajeros de ruta permanecen en las ciudades.

Micha McSiegle, un alemán que partió hace cuatro meses de Cartagena (Colombia) junto a su pareja Xenia Kegel, confirma aquello.

La pareja europea transita una ruta inversa a la de los brasileños. Su objetivo es llegar a la Patagonia (Argentina), “en el fin del mundo”, como dice Micha entre risas. No se han fijado un plazo, aunque calculan que podría tomarles de año a año y medio completar su recorrido.

En su país natal, ella era funcionaria municipal y él administraba un negocio de elementos de decoración. Amasar un fondo que les permita no pasar demasiados apuros durante su recorrido, les tomó alrededor de un año.

No están seguros de lo que harán si llega a terminárseles el dinero. Sin embargo, apuntan que probablemente recurrirán a las estrategias que aplican tradicionalmente quienes realizan recorridos semejantes: ofrecer algún servicio o, quizás, vender artesanías.

No obstante, el viaje ya les ha dejado ganancia. En la zona colombiana de Quindío encontraron a una perra mestiza a la que llamaron Anuka y se ha convertido en una fiel integrante de la tripulación.

Xenia reconoce que su familia no estuvo de acuerdo en que emprendiera su aventura. Dice que muchas veces pesan los estereotipos como aquel que hace creer, por ejemplo, que en Colombia todo es narcotráfico, guerrilla y violencia.

Añade que, por fortuna, la existencia de la Internet facilita la comunicación y eso permite mantener informados y tranquilos a sus seres queridos. Además, la pareja registra detalles de sus andanzas en un espacio virtual llamado The Lucky Vanlife al que se puede acceder a través de una página web, Facebook y Twitter.

El hecho de compartir experiencias y el sitio de acampada hizo que brasileños y alemanes conocieran en días pasados a Gabriele Schmidt y Thais Leal, una pareja suizo-brasileña también en tránsito por Quito.

Una de las estrategias adoptadas por estos últimos para obtener recursos es la producción de videos de los lugares que visitan.

En los últimos días, por ejemplo, captaron imágenes aéreas del Centro Histórico con la ayuda de un dron. Planifican, además, crear material audiovisual con la técnica 360° y ayudarse con su comercialización para proseguir su viaje. (I)

Thais Leal y su novio, Gabriele Schmidt, producen material audiovisual de los sitios que visitan con la idea de comercializarlo y obtener recursos. Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

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