Sendas de imprentas y de los periódicos

- 09 de enero de 2018 - 00:00

En Ambato actualmente hay dos monumentos a la memoria de haberse instalado en dicha villa, en 1755, la primera imprenta que tuvo la Real Audiencia de Quito. Uno está hecho en piedra, ubicado en su casco histórico, y otro, supuestamente moderno, concebido como una nave espacial metálica, al decir de la gente, ubicado en una colina llamada Santa Elena, donde Jijón y Caamaño encontró un cementerio aborigen pre inca. Sobre este sitio sagrado se hizo lo que estuvo de moda hace más de cuatro décadas, unos graderíos para espectáculos masivos en semicírculo, que se llamaban “conchas acústicas”, que al parecer no eran de buena acústica, porque el viento se llevaba hasta la voz de los amplificadores.

Total, esto quedó en el abandono y la destrucción. ¿Creen que se justificaría la inversión con la frecuencia de espectáculos y la calidad de los mismos? ¿Cuánto de remembranza a la impresión de libros y periódicos se guarda en la memoria sectorial? ¿Qué tiene que ver una concha acústica con una imprenta? La respuesta está entre las buenas intenciones y la demagogia politiquera.

Preguntémonos, ubicándonos en la época: ¿A qué porcentaje de la población beneficiaría la impresión de los primeros libros religiosos que se hicieron en Ambato? ¿Cuántos sabían leer y escribir? Antes de tener una respuesta desencantadora, conviene la pregunta sin respuesta ¿Por qué decidieron los jesuitas instalar una imprenta en Ambato y no en Quito, que era una ciudad con mayor número de posibles lectores? En realidad no se trataba de una imprenta puesta al servicio de la vida colectiva. Se trataba de una imprenta puesta al servicio de la cristianización, el dogma y la fe.

Veamos un par de traducciones de lo que se publicó en Ambato en la “Piissima Erga Dei Genitricem Devotio”. En ella consta, por ejemplo, una “Supplicatio Beatissimae Virgini Mariae”. Ave María, ilumina mis ojos…luego siguen alusiones a la muerte, y rápidamente concluye: “Gloria Patri, e filio, e Spíritui Sancto, sicut erat in principio, nunc, Semper, in saecula saeculorum, Amen, Alleluja”. ¿Qué letrados entendían esto? ¿Qué aporte significó para la cultura colonial de la villa de Ambato? Más orgullo debe demostrar la iglesia tungurahuense por tratarse de asuntos de la fe. Estoy tomando los datos de Letras de Ambato en la Colonia, una publicación que hizo el Municipio de Ambato en 1985, como parte de un proyecto que quedó inconcluso, en la alcaldía de Galo Vela, en la que tuve la oportunidad de ser el investigador de estos documentos (para los 4 primeros volúmenes), aunque nunca me hicieron constar en los créditos, los señores del Consejo Editorial. En fin, esta “tierrita linda”, como dice un eslogan municipal, tiene entre sus orgullos, una cuna vacía en doble sentido. Tiene la memoria de haber servido de “cuna” a los primeros impresos religiosos, pero la propia imprenta como bien museable, desde que salió de Ambato a Quito, nunca pudo regresar a su tierra. De los últimos datos que se dispone, se sabe que fue donada a instituciones educativas del austro y fue a parar en el Cañar. El segundo sentido, que a mi entender es el más importante, es que hemos quedado relegados en ser pioneros en publicaciones de libros y periódicos. No hay una conciencia intelectual institucional que desde Ambato promueva publicaciones ‘de primicia’,  que irradien al país con libros y periódicos hechos por ecuatorianos ilustres. Desde aquí deben salir impresos en honor a la “cuna” donde vieron la luz obras que ameriten la continuidad de ese orgullo fundacional, en lo que heredamos como Patria. Creo que hay que superar un repetitivo argumento que se encuentra cuando se buscan datos sobre la primera imprenta en Ambato. Se alude a que, quien sabe por ósmosis, los llamados tres Juanes, son frutos de una semilla de letras. También se dice que muchos periódicos que combatieron opresiones, recibieron los hálitos de la primera imprenta, cuando en realidad, imprimirlos, quien sabe, sigan costando no solo esfuerzos personales, sino que hay que ir en oposición a quienes disponen de recursos y de editoras que favorecen a sus alineados. A la distancia, las cosas son vistas como productos de quienes se benefician con la imagen de quienes han luchado por sostener la intelectualidad. (O)   

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