La polarización es un elemento electoral

- 11 de febrero de 2018 - 00:00

Las elecciones de los últimos tres años en países en Argentina (2015), Colombia (2016) y Ecuador (2017), pese a sus distintas naturalezas y propósitos, han puesto en zozobra a quienes realizan estudios de opinión, porque no hay un puente entre sus resultados y la intención de voto de los ciudadanos.

Esto no desconoce la configuración de escenarios cerrados de disputa electoral como si a los ganadores no les hubiese importado llevarse el triunfo, aunque sea con una cabeza al estilo de una carrera de caballos. Pero, a diferencia de la hípica, en las elecciones se puede ganar con un solo voto con altas posibilidades de opacar la legitimidad y complicar los niveles de gobernabilidad, sobre todo si los países tienen una institucionalidad frágil.

En Colombia, la idea del presidente Juan Manuel Santos de revalidar los acuerdos de paz con las FARC-EP mediante un plebiscito no caló bien, pues aunque nadie acepte un escenario de hostilidad permanente, el fantasma del elemento polarizador le pasó una mala jugada. El discurso de la polarización embanderado por Álvaro Uribe resultó más efectivo versus la idea fuerza de la conciliación nacional de Santos. Pero habría la máxima de la política como un escenario de amigos y enemigos no ha perdido su vigencia desde que la propuso el alemán Carl Smith.

El caso de Argentina en 2015, cuando se disputaron la presidencia entre Mauricio Macri por la oposición y Daniel Scioli por el oficialismo, desnudó la estrategia kichnerista en el uso de un discurso dicotómico enmantado en el populismo, en la cual el candidato opositor era señalado como el enemigo de los pobres por la maquinaria gubernamental, mientras que quien anhelaba el continuismo de Cristina se erigía como defensor de los derechos sociales y económicos.

A diferencia de Colombia, acá se impuso la ruptura al continuismo. Las últimas elecciones en Ecuador también pusieron en el tablero de disputa dos cuadros opuestos, de casi ninguna escala de colores. Lenín Moreno y Guillermo Lasso estaban en orillas distintas. En esos casos, la vieja fórmula se impuso: estás conmigo o estás a favor del otro. Esto se explica la creación del “enemigo”, que si bien puede ser real, en el escenario de las elecciones esta figura se exacerba. (I)

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