Punto de vista

El Vicepresidente es un funcionario de segundo orden

- 04 de agosto de 2017 - 00:00

El Vicepresidente de la República, desde la Constitución de 1998, no tiene funciones propias, sino las que se las asigna el Presidente de la República, es decir que, tal como se las asigna, se las quita. El artículo 149, inciso segundo, lo establece.

A los ministros se los puede remover, pero al Vicepresidente no.

Al Segundo Mandatario solo le quedará una función, que es la subrogación, es decir, reemplazar en caso de faltar el Primer Mandatario de forma definitiva. La Vicepresidencia no es una función indispensable, pues el Segundo Mandatario es un funcionario de segundo orden.

Hasta 1979 el Vicepresidente de la República era presidente del Consejo Nacional de Desarrollo (Conade), y antes, de la Junta Nacional de Planificación, pero eso se eliminó con la Constitución de 1998.

Sobre esa base, cuando los primeros y segundos mandatarios no tenían buenas relaciones o cuando el primero ha perdido la confianza, como ha ha ocurrido ahora, los vicepresidentes se quedaban sin funciones específicas. Le pasó a Gustavo Noboa Bejarano con Jamil Mahuad y a Alfredo Palacio con Lucio Gutiérrez.

No es una cuestión novedosa que un vicepresidente se haya quedado sin funciones y haya tenido que esperar asumir el poder. Es normal que a un funcionario que no goza de la confianza del Presidente de la República no se le asignen funciones. Sería extraño si ocurriese lo contrario.

Hay países en los cuales no existe el Vicepresidente, por ejemplo, en Chile y en México. En Ecuador, no en todas las Constituciones hemos tenido vicepresidente, pero decidimos tenerlo por un tema de estabilidad presidencial para que alguien que tenga legitimidad democrática lo reemplace.

La decisión de Lenin Moreno no afecta al país a nivel internacional. A otras naciones no les va a interesar que Ecuador tenga un Vicepresidente sin funciones, esas son cuestiones internas. Dejar sin funciones a Glas no afecta la estabilidad política. Lo que sí nos afecta es tener funcionarios con relaciones de corrupción, eso sí nos hace quedar mal.

También la falta de seguridad jurídica y la existencia de jueces venales. Si el día de mañana hay un juicio político y se destituye al vicepresidente Glas, lo que va a ocurrir es un remezón político, como fue con Alberto Dahik, en 1995.

Ni Glas ni Rafael Correa tienen la fuerza  para desestabilizar a Moreno porque requieren tercios de la legislatura. (I)

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