El fútbol sigue con sus viejas prácticas

- 07 de enero de 2018 - 00:00

Al parecer los gritos del presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol quieren convencer de que el fútbol ecuatoriano ha cambiado. Sin embargo, los hechos alrededor de la negociación de los derechos de transmisión del campeonato ecuatoriano 2018 confirman que la dirigencia continúa con sus viejas prácticas.

Se entiende que una relación comercial entre entes privados debe poseer normativas que garanticen el éxito de la negociación, entre ellas la cláusula de confidencialidad. Aquello es evidente y el público no es estúpido para no entenderlo.

El fútbol profesional es un negocio y se rige bajo sus propias reglas, pero esto no consagra aquella aberrante autonomía que erigió al balompié como una realidad diferente y blindada.

Fue aberrante porque ese aislamiento de la jurisprudencia de cada país permitió que delincuentes disfrazados de dirigentes terminen festinando millonarias sumas de dinero.

El FIFAgate es la muestra más clara de aquellas oscuras negociaciones, cuyos protagonistas guardan prisión tras una globalizada acción delincuencial. Y dentro de ese escándalo los derechos de TV constituyeron el origen de tan descomunal corrupción. 

En Ecuador el convenio para explotar los derechos de televisión fue firmado y según la versión de la FEF tras un “transparente proceso de licitación”.

Más allá de la validez o no de ese proceso, que fue motivo de apelación de entidades que se sintieron perjudicadas, quedó muy claro que la dirigencia se maneja mejor en la fase del misterio y el silencio.

Si Carlos Villacís y sus compañeros de dirigencia deseaban afrontar con éxito la complicada misión de cambiar la imagen de la Ecuafútbol, debieron comenzar por dejar atrás viejas prácticas de la anterior directiva. En el momento de adjudicar los derechos de TV había que transparentar al máximo el proceso y con ello quitar cláusulas de confidencialidad que restan credibilidad a la gestión directriz. 

Si así hubiesen procedido, atendiendo más de un pedido de dirigentes conscientes, se habría evitado condiciones no tan gratas para los usuarios de la televisión pagada.

Que los negocios se hicieron para ganar plata, está muy claro; sin embargo, esos negocios no pueden traspasar el respeto que merece la gente.

Al parecer a la dirigencia le interesa el dinero mientras que “lo demás” constituye un factor secundario.

Cuidado esta negociación termine como la anterior, cuando los sueños de solventar el fútbol con millones concluyó con una interminable e infructuosa  peregrinación para conseguir el pago de esos sueños millonarios.

Dirigentes, esta vez sí, ¡pórtense serios! (O) 

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