Análisis

¿Es posible el fair play en la política?

- 21 de diciembre de 2017 - 00:00

“La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Célebre reflexión de un genial estratega militar del siglo XIX: Clausewitz.

Recordé esta frase en medio de la ruptura interna de Alianza PAIS y la vorágine ideológica y militante dentro y fuera de la organización, con ciudadanos confundidos y desorientados, con dardos venenosos contra fantasmas de humo y con seguidores de una u otra tendencia que creen todo lo que ven o escuchan en las redes sociales.

Parafraseando a Clausewitz, en el siglo XXI “la guerra es la continuación de la política por las redes sociales”.

Meses antes de morir, en 2015, el intelectual y novelista italiano Umberto Eco (autor, entre otras grandes novelas, de El nombre de la rosa) fue implacable contra el daño que hacen las redes sociales cuando se las usa con fines amarillistas o para envenenar a la sociedad.

En una conferencia en la Real Escuela de Equitación, en Turín, donde recibió el doctorado honoris causa a la Comunicación, desató la polémica cuando -según refirió el diario La Stampa- dijo que “el drama del internet es que ha promovido al tonto del pueblo como portador de la verdad”.

Y remató: Las redes sociales dan la palabra a una legión de idiotas y pidió a la prensa –a la cual también dio palo- “crear filtros para mejorar la calidad de la información”.

Ecuador no debe permitir lo que alguien llamó “la victoria de los necios”.

¿Una sociedad democrática puede debatir, apasionada pero respetuosamente, sus puntos de vista? ¿Debe temerle al disenso o gracias a la actitud de escuchar a quien discrepa construye cimientos más firmes?

Desde hace tiempo asistimos a una vertiginosa sucesión de ataques y contraataques ocultos en la creciente ola de fake news (noticias falsas) que mucha gente cree y toma posición a partir de ellas.

No comparto que la disputa deba llevarnos a extremos de irrespeto a las personas. La política debiera debatirse bajo las reglas futbolísticas del fair play: jugar limpio y no crear hechos que jamás ocurrieron solo para agredir y dañar al adversario.

Por un país maduro y sereno, anhelo que, esta vez al menos, Eco y Clausewitz estén equivocados.

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