Sábado, 10 Diciembre 2016 00:00 Palabra Mayor

Claves para entender el envejecimiento en cuanto al diseño de políticas públicas

Si bien en la historia de la humanidad hubo niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, las categorías de niñez, adolescencia, juventud y vejez son recientes.
Si bien en la historia de la humanidad hubo niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, las categorías de niñez, adolescencia, juventud y vejez son recientes. Foto: Fernando Sandoval / El Telégrafo

Los derechos humanos como eje principal y la aplicación de los conceptos adecuados, desde una visión integral, son parte del contenido de un libro que junta las experiencias de tres países.

Redacción Cultura

Aprender los conocimientos básicos sobre la gerontología moderna, enmarcada en el paradigma de los derechos, es determinante para el diseño de políticas públicas en torno al envejecimiento.

Expertos de Argentina, Chile y Uruguay han compartido sus conocimientos respecto a políticas públicas sobre envejecimiento en los países del Cono Sur, en el marco del Programa de Bienes Públicos Regionales del Banco Interamericano de Desarrollo, bajo la coordinación de la Flacso de Chile.

El resultado es un libro que tiene como objetivos conocer con mayor profundidad las políticas que se aplican en los tres países desde una mirada de género, y así enriquecer las acciones a emprenderse.

Los organismos participantes de esta propuesta fueron la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores de la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de Argentina (Dinapam); el Servicio Nacional del Adulto Mayor del Ministerio de Desarrollo Social de Chile (Senama) y el Instituto Nacional del Adulto Mayor de Uruguay (Inmayores).

Argentina, Chile y Uruguay poseen características socioeconómicas parecidas y enfrentan un serio reto derivado del envejecimiento poblacional, actualmente el más alto de la región. Mónica Roque y Sebastián Amaro, especialistas en gerontología, se encargaron de compilar el contenido del libro Políticas Públicas sobre Envejecimiento en los Países del Cono Sur, Sistema Regional de Información y Aprendizaje  para el Diseño de Políticas Públicas en torno al Envejecimiento.

Los conceptos que se plantean son muy innovadores en el libro y servirán para un enfoque adecuado, por ejemplo ¿es lo mismo el envejecimiento que la vejez?
El envejecimiento, en términos individuales, es un proceso que se inicia con el nacimiento y finaliza con la muerte, razón por la cual se refiere a su carácter inexorable y progresivo. Ninguna persona puede evitarlo. La gerontología se interesa también en el envejecimiento de la población, por lo que la demografía aporta mucho en este campo.

La vejez, por su parte, está relacionada con el concepto de edad que, a su vez, asume distintos caracteres: a la edad concebida como años de vida, desde un punto de vista temporal y contemplativo del paso del tiempo, se la define como edad cronológica. Existe también una edad fisiológica asociada al funcionamiento a nivel orgánico y biológico; y una edad psíquica determinada por los efectos psicológicos del paso del tiempo en cada sujeto. A la edad que prescribe los roles en el contexto de una sociedad se la entiende como edad social.

Al respecto se debe señalar que en todas las sociedades hay una política de edades que se relaciona con el proceso de envejecimiento, en cuanto las sociedades se organizan en torno a la asignación a cada edad, de roles y significados. Estos inciden a lo largo del curso vital.

Las distintas etapas de la vida son construcciones sociales, culturales, políticas, económicas e históricas. Si bien en la  historia de la humanidad hubo niños, jóvenes y mayores, las categorías de niñez, adolescencia, juventud y vejez son concepciones que surgen con mayor fuerza en la modernidad, aunque se ha ido construyendo en diferentes momentos históricos, de acuerdo con el sistema social y de valores de cada período.

Así se debe señalar que el conocimiento sobre la vejez y el envejecimiento ha estado presente en diversas culturas milenarias que han construido significados en torno a la vejez y se han preocupado por entender el envejecimiento. Mientras que en algunos hubo ponderaciones positivas (tal como el de la cultura hebrea), en otros, la mirada que ha primado ha sido la negativa, como ocurrió en la civilización griega con su culto y devoción hacia la juventud.

En la historia, tal como lo sintetiza Ricardo Iacub y Sabatini, las distintas culturas han referido a la vejez mediante diversos términos. Entre ellos se encuentran: anciano, señor, senil, viejo; y ahora: persona de edad, jubilado, adulto, adulto mayor y persona mayor.

La Convención Interamericana de Derechos Humanos de las Personas Mayores contiene varias definiciones, una de ellas dice que las personas mayores son titulares de derechos y no objetos de las políticas asistenciales. Este reconocimiento persigue promover, proteger y asegurar el goce pleno de todos los derechos humanos por parte de este grupo social y desarrollar el respeto de su dignidad en igualdad de condiciones con las demás personas.

Pese a que la institucionalidad de los países del Cono Sur contiene en sus nombres institucionales el concepto de ‘adulto mayor’, se debe considerar que la creación de estos organismos responde a un momento en el que la perspectiva de género no había alcanzado la extensión que tiene actualmente. Por estas razones, en adelante se utilizará el término persona mayor, ya que condensa una perspectiva de género que convierte el término en universal y aplicable a todas las personas sin prejuicio de las identidades de género.

En las sociedades modernas y occidentales, la gerontología y la cuestión de la vejez se van construyendo como disciplina y foco de atención en un contexto de industrialización y de expansión del capitalismo en el que el trabajo deviene en el gran eje de ordenamiento social, lo cual dio origen a las primeras acciones por parte de los Estados destinados a la ‘cuestión social’ que sin lugar a dudas engloba a la vejez. (I)

Todas las personas envejecen de la misma manera

El envejecimiento en términos individuales se produce de diferentes formas de acuerdo con cada persona. Esto implica que la vejez sea probablemente la etapa vital en la que más diferencias se encuentren entre las personas, debido a la combinación de factores de orden biológico y ambiental, que se entrecruzan a lo largo de la vida. Aquello es lo que los expertos (Ruiz y Valdivieso) han denominado envejecimiento diferencial desde un enfoque psicológico.

Los factores ambientales que inciden en los procesos de envejecimiento aluden a diferentes variables, como la clase social, el género, la orientación sexual, la etnia, el área geográfica -o urbana-, las creencias religiosas, el nivel educativo alcanzado, entre otras, se explica en el libro Políticas Públicas sobre Envejecimiento en los Países del Cono Sur, Sistema Regional de Información y Aprendizaje para el Diseño de Políticas Públicas en torno al Envejecimiento.

Desde la sociología se ha abordado este concepto partiendo del hecho de que no existe el envejecimiento como un fenómeno universal, sino que “hay diferentes modos de envejecer diferenciados por cada cultural, sociedad e, incluso, grupos sociales”.

Para graficar esta idea resulta interesante plantear el ejemplo de las personas ‘trans’. Las estadísticas elaboradas por diferentes organismos internacionales refieren que esta población tiene una esperanza de vida que oscila entre los 35 y 40 años.

Esto permite señalar que, a diferencia de la población no ‘trans’, cuya esperanza de vida en América Latina es de 74,3 años, de acuerdo con las Proyecciones de la Población del Observatorio Demográfico 2013 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal-Eclac), el envejecimiento para las personas que  pertenecen a esta comunidad es distinto.

Las razones radican en la incidencia de las distintas variables ambientales sobre personas portadoras de una identidad de género disidente, expresadas en el menor acceso a la educación, a la salud y al trabajo, que influyen en su proceso de envejecimiento, generando una brecha abismal con el resto de la comunidad.

Otro ejemplo muy valioso, desde la variable clase social. Las personas con acceso a mayor cantidad de recursos materiales y simbólicos tienen más posibilidades de afrontar su vejez con mejores recursos.

Una persona que vive en una comunidad indígena envejece de una forma distinta a aquella que está inserta en sociedades con estilos de vida citadino y occidental.

Asimismo, en estos contextos culturales, se construyen diferentes significados  y roles en relación con la persona mayor. Pueden ser negativos o que fomenten el potencial de las personas de estas edades. (I)

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