“Fue lindo en el segundo intento sentir que el Aconcagua me sonreía”

- 09 de febrero de 2018 - 00:00
Daniela cumplió 27 años el 18 de enero; se plantea establecer un récord de speed climbing cada año. Además, quiere coronar cimas de más de 8.000 m.
Foto: Carina Acosta / EL TELÉGRAFO

Daniela Sandoval cuenta en primera persona cómo logró un nuevo récord mundial de speed climbing en el nevado más alto de América ( 6.960,8 msnm). La quiteña corrió con el pie izquierdo hinchado a causa de un esguince.

“En el primer intento de cumbre, durante el reconocimiento (22 de enero), no pudimos llegar a la cima. La primera parte de la caminata nos duró seis horas, dormimos, luego intentamos seguir, pero había un temporal bastante variado.

El ‘Nico’ (Nicolás Miranda) tenía que abrir la ruta, comenzamos a subir. La temperatura era realmente extrema, estábamos a menos de 25 grados. El ‘Nico’ me preguntaba si me encontraba bien, pero yo tenía miedo porque la subida no se acababa, seguimos subiendo... subiendo.

A los 6.500 metros, ya en la canaleta, había una tormenta de nieve. Nicolás dijo que teníamos que bajar, era arriesgado avanzar a la cumbre. Fue dura la sensación de estar tan cerca de una meta y tener que desistir.

En el descenso, mientras salía del parque no vi una piedra, pisé mal y se me produjo un esguince de segundo grado en el pie izquierdo. Se me fueron las lágrimas, no podía caminar bien. Por suerte tenía dos días de descanso, con los conocimientos de fisioterapia me autocuré y no abandoné el proyecto.

El segundo intento (26 de enero), con el pie inflamado, realizábamos un buen tiempo, pero estaba bastante nerviosa.

Durante el ascenso, ya llegando a Cólera, a más o menos 5.900 metros, empezaron a sentirse vientos de 75 kilómetros por hora. Estaba asustada, la nieve se levantaba, era doloroso, la nieve te rebotaba en la cara y te quemaba, pero yo seguía, caminar era superdifícil.

El viento era tan fuerte que tenías que sostenerte para que no te botara. Luchando con ese viento llegamos otra vez a 6.500, era la segunda vez que nos vimos forzados a bajar. Solo teníamos que llegar a la canaleta, a la cueva, pasábamos la travesía y estábamos en la cumbre. Pero tuvimos que volver.

Mientras bajábamos por el gran acarreo, un descenso superfuerte, me senté y me puse a pensar. ‘Nico’ habló conmigo.

- ¿Qué hacemos?

- Me siento bien, Nicolás, estoy todavía con fuerza, mentalmente bien, sé que en tres días debes regresar a Ecuador; permíteme intentarlo otra vez, solo una vez más, por favor.

Bajamos, me acuerdo de que me recibió Eliana y todos los otros chicos de Aconcagua Visión, la empresa que nos ayudó inmensamente en este proyecto. ‘Nico’ me dijo que descansara al día siguiente, para un día después intentar nuevamente el récord.

Era mucha la presión, tenía solo un día de reposo.

Para el segundo intento de la marca mundial (30 de enero), iba a empezar sola, ‘Nico’ me esperaría en Plaza de Mulas. Estaba nerviosa, era demasiado pensar que se podía lograr.

La clave fue una caminata de 9 horas, pensaba en las enseñanzas de la montaña. Por primera vez el Aconcagua estaba despejado, sentí la fuerza y energía de la montaña, es ese momento mágico que se te llenan los ojos de lágrimas. Sientes que el nevado te sonríe, me dije: ¡Ahora sí!

Empecé a la 01:00, esta vez la montaña nos recibió completamente diferente, la luna era increíblemente grande, casi llena. Ya tuve a personas que me estaban animando, todo cambió, todo empezó perfecto. Comencé sola, la luna me acompañó en todo el trayecto a Playa Ancha, un camino eterno, donde hay miles de senderos y las piedras están sueltas.

A las 05:30 empezamos el ataque a la cumbre. Todo comenzó a fluir, llegamos a Nido de Cóndores, teníamos el agua congelada y en una carpa en la que había más personas que me apoyaban, un chico salió y nos llenó de agua caliente, quería darme hasta los guantes.

Era lindo sentir ese cariño, esa complicidad entre andinistas. Nos abastecimos, comimos, pusimos los crampones en las botas; el camino estaba tan diferente, ya no había vientos. Le decía a ‘Nico’ que estábamos bien, cada vez mejor.

Hasta que llegamos a los 6.500 donde desistimos dos veces, sentí nervios porque desde allí no conocía qué venía. Continuamos, estaba emocionada. Empezó uno de los momentos más difíciles, llegamos a 6.600, 6.700 metros... me empecé a marear, me faltaba el aire, los pasos no eran con tanta energía como los de antes, iba lento, lentito.

Le decía: ‘Nico’, creo que tengo que sentarme a descansar, respiraba profundo, allí empezaron las emociones, acordarse de las personas, de tu familia, de quienes están junto a ti, de quienes no creyeron en ti. Tristezas, alegrías. Respiré profundo, mi respiración era sonora, recuperé el ritmo hasta llegar a la cima.

Fue uno de los momentos más hermosos, no entendía lo que pasaba, solamente lloré, vino el ‘Nico’ y nos dimos un abrazo. Estaba a la mitad del récord, luego de la cumbre bajamos...

En Plaza de Mulas me decían: ¡Dani, ya está, el récord es tuyo! En el campamento el cocinero me dio un huevo frito. Ya en la entrada del parque estaban Eliana, de Aconcagua Visión y los guardaparques que me vieron salir. Teníamos la noticia, habíamos bajado dos horas y media el récord anterior. Había hecho 2h17m”. (I)  

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