Favaro se apoya en el rugby para implantar valores

- 07 de diciembre de 2017 - 00:00
→A través del rugby, el uruguayo Eduardo el ‘Lolo’ Favaro ha transformado la forma de entrenar en El Nacional.
Javier Tamba Guzmán / et

→Los jugadores del ‘Bitri’ encuentran en esta práctica una aliada para depurar su técnica y una alternativa para desestresarse. Ellos ensayan una vez por semana.

Sobrevivencia y solidaridad son los dos preceptos en los que Eduardo el ‘Lolo’ Favaro basa su filosofía de entrenamiento, eso lo ha demostrado hasta la saciedad en El Nacional, representativo que dejó de ser actor de reparto para convertirse en protagonista principal.

Esos preceptos son los que acompañan al estratega uruguayo de 54 años, quien se da a conocer en el fútbol ecuatoriano a pulso de buenos resultados. Se da a conocer, sí. Hace dos años era un desconocido para el medio local, un hombre que llegó para lanzarle la boya a un elenco que se hundía en las corrientes del descenso.

El rugby

“Esto es nuevo para mí, solo lo había visto por televisión, pero el ‘profe’ nos hace practicar rugby para que nos acostumbremos un poco al dolor y no nos quejemos tanto, porque eso le quita velocidad a nuestro juego”, dijo Johan Padilla, golero titular del ‘Rojo’.

El rugby llegó al combinado ‘criollo’ como uno de los métodos de trabajo de  ‘Lolo’, quien conoció este deporte durante su adolescencia, jugando en la liga uruguaya en dos etapas: desde los 18 hasta los 21 años y desde los 33 a los 38. Su carrera dentro del fútbol profesional la desarrolló entre los 22 y los 32 años.

Nunca se le hizo difícil pasar de lo uno a lo otro, pues tanto el balompié como el rugby son la evolución directa del fútbol medieval británico. Del mismo origen, pero diferentes, no tanto por la concepción de cada disciplina, sino por sus realidades.

Mientras en el fútbol el juego limpio se empaña con la simulación de faltas o la quema de tiempo para perjudicar al oponente, en el rugby la continuidad de las acciones es una prioridad.

“Si hay un jugador golpeado el médico entra, pero el partido no se detiene, entonces el contrincante que finge la falta está dejando a su equipo con un hombre menos. Es una disciplina con mucho contacto, de mucha bravura, pero en buena ley”, explicó el montevideano.

Otro punto fundamental es respetar a rajatabla las decisiones de los árbitros, sus fallos no se discuten; el juez siempre tiene la razón.

Favaro les transmite a sus pupilos que el deporte brinda rivales, no enemigos. Les recuerda que son colegas; que, como ellos, luchan por cumplir sus objetivos de vida.

“El fútbol es un juego, la diversión debería estar por encima de todo. Lamentablemente, ahora es un negocio y muchas veces las individualidades quieren estar por arriba del conjunto. Debemos insistir en darle mayor valor a los intereses del plantel, sobre todo en los más jóvenes”, reflexionó el charrúa.

Para reforzar estos conceptos, Favaro echa mano de una experiencia ajena, pero muy cercana, aquella que se conoce como el ‘Milagro de los Andes’ y nació el 13 de octubre de 1972 con el accidente que sufrió el Old Christians, club de rugby que viajaba hacia Santiago para medirse con el Old Boys de Chile.

El avión en el que volaba la delegación uruguaya se estrelló en un risco de la cordillera de los Andes en Mendoza (Argentina), a unos 4.000 metros de altitud.

De los 40 pasajeros, cinco de ellos de la tripulación, solo sobrevivieron 16; quienes para seguir avante se alimentaron con la carne de los fallecidos. De esto hay películas, documentales, libros, pero sobre todo, los testimonios de los supervivientes.

Uno de ellos, Gustavo Zerbino, estuvo en Quito en 2016 y brindó una charla a la plantilla y cuerpo técnico de El Nacional. Zerbino, como varios de los pasajeros que  se embarcaron en la nave, eran conocidos o amigos de Eduardo Favaro.

Favaro se educó en el colegio Stella Maris, de donde egresaron los jugadores del Old Christians.

Supervivencia y solidaridad. Esos principios hicieron que los 16 pasajeros salgan con vida de la nieve, esos principios han hecho que El Nacional se escape del descenso y clasifique a la Copa Libertadores de 2017 y a la Copa Sudamericana de 2018.

“Si bien ellos tuvieron disputas en la montaña porque  no había comida, tomaron decisiones importantes y siempre lo hicieron para el bien de lo colectivo; un día a la vez, un día a la vez”, subrayó el timonel.

En el ámbito técnico, el rugby les aporta a los atletas rapidez en el juego y se junta a la cadena de variables que complementan su preparación. También practican ecuavoley, para ganar elasticidad en el salto; y baloncesto, para mejorar la marca personal y el doble ritmo. 

La pelota ovalada del rugby también les ayuda a desestresarse a través del ‘fútbol loco’, es decir,  usando solo los pies.

“Como ese balón botea raro, yo pateaba, le daba al aire y los zapatos se me volaban, pero ya le cogí el tino. Ahora se ve muy diferente nuestro manejo de la pelota en el campeonato”, mencionó el volante Marco Montaño.

El meta Padilla nunca olvidará la vez en la que el ovoide  se les pasó por la cabeza, la nuca y las manos a algunos elementos. Nadie lo podía agarrar y todos se quedaban sin aire debido a la risa. (I)  

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