Enrique Cuero, el luchador que no está hecho para el mar

15 de Noviembre de 2017 - 00:00
→ El esmeraldeño Enrique Cuero (d) se enfrenta a un deportista colombiano en la división de los 75 kg de lucha grecorromana.
FOTO: Luis Cheme / et

Por Luis Cheme, enviado especial a Santa Marta

Enrique Cuero consiguió en menos de 15 días dos logros importantes en su vida y en su carrera deportiva. Hace 2 semanas se graduó de bachiller en el colegio Eloy Alfaro de su natal Esmeraldas y el domingo pasado, en Santa Marta (Colombia), se colgó su primera medalla en unos Bolivarianos. Lo hizo en los 75 kg de lucha grecorromana.

Nada mal para este esmeraldeño de 22 años que a punta de llaves y castigos sobre el tapiz trata de vencer a la pobreza en la que creció junto a sus 10 hermanos en el popular barrio El Arenal.

La tarde del domingo, después del combate en el que se le escapó la medalla de oro, Cuero lucía contrariado. Estaba sentado en una de las gradas del coliseo del colegio Inem Simón Bolívar -sitio designado para las pruebas de lucha- con el torso descubierto y con la licra de competencia hasta la cintura.

Su mirada estaba fija sobre el tapiz de competencia en el que minutos antes había sido derrotado por el venezolano Luis Avendaño. “No tuve una buena preparación previa por distintos factores. No era favorito, pero me propuse hacer el mejor papel para tratar de ganar la medalla. Quería la de oro, pero la de plata no me disgusta”, dijo después de salir de su reflexión.

Cuero practica lucha desde los 11 años. En su barrio, un vecino abrió un gimnasio dedicado exclusivamente a esta disciplina. Algunos de sus amigos de infancia entrenaban con él, pero poco a poco se fueron retirando y se dedicaron a otras actividades.

Paralelamente a esto, Enrique se dedicaba a la pesca junto con su fallecido padre, pero las náuseas provocadas por el vaivén de las olas no eran para él. Nunca estuvo hecho para el mar. Por eso decidió hacer su vida sobre el tapiz. Su madre tiene un restaurante y ninguno de sus 10 hermanos es deportista. Pese a la pobreza en la que creció, nunca pasó hambre ni tuvo necesidades. Sus padres, cuenta, dejaban de comer a veces para que alcance la comida para todos sus hijos. “Nunca me faltó nada, eso se lo agradezco a mis padres”.  

El mayor objetivo de Cuero es clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Eso se ha convertido en su principal obsesión. (I)