El éxodo de venezolanos por la crisis indispone a colombianos

- 29 de enero de 2018 - 00:00
Un grupo de colombianos bloquea una vía durante una manifestación en contra de la presencia de venezolanos que toman sitios públicos.
Foto: EFE

Los habitantes del barrio Sevilla en Cúcuta protestan por la ocupación de un parque, el cual se ha transformado en un campamento. La alcaldía y la policía retiraron a los indocumentados.

La ciudad colombiana de Cúcuta ha sido siempre sinónimo de hermandad e integración con Venezuela por su privilegiada situación en la línea de frontera, pero la avalancha de personas que llega a diario para escapar de la crisis del país vecino amenaza esa convivencia.

Esta ciudad, capital del departamento de Norte de Santander, es un punto de referencia para los venezolanos. Lo fue en las épocas de bonanza petrolera, cuando venían a Cúcuta a comprar a manos llenas, y lo es ahora que llegan con las manos vacías, muchos solo con lo puesto, en busca de una oportunidad de vida en Colombia o como escala para seguir a Ecuador o Perú.

El puente Simón Bolívar, que conecta a Cúcuta con San Antonio del Táchira, es testigo diario del paso masivo de venezolanos hacia Colombia, un flujo migratorio que comenzó a incrementarse en 2016 a causa de la escasez de alimentos, medicamentos y otros productos de primera necesidad en Venezuela.

Sin embargo, fue el año pasado cuando esa dinámica se alteró porque miles de venezolanos empezaron a cruzar la frontera decididos a no volver ante el deterioro de la situación política y económica en su país, un éxodo que parece no tener fin y del cual los cucuteños empiezan a cansarse.

El enorme flujo repercute en la vida de los vecinos de Cúcuta, que atribuyen a los inmigrantes venezolanos el aumento de la inseguridad, la escasez de empleo para los ciudadanos locales, incremento del trabajo informal y saturación hospitalaria, entre otros problemas.

Ejemplo de ese malestar fueron las protestas de esta semana en el barrio Sevilla contra la ocupación por 900 venezolanos del parque de la comunidad, transformado en un improvisado campamento llamado “Hotel Caracas”.

Marta González,  habitante del barrio, indicó que “no se podía ni salir a la calle” a causa de los hurtos, la prostitución, el consumo de drogas y hasta el acoso sexual que sufrían en la zona.

“Les cobraban a las señoras de la tercera edad por dejarlas usar las maquinas del parque”, detalló Isabel Angarita, otra habitante.

A esa situación se llegó porque la mayoría de los inmigrantes, muchos de ellos colombianos que se fueron hace décadas del país o hijos suyos, no cuentan con recursos para pagar un hospedaje, por lo cual se apoderan de lugares públicos en los que acampan por las noches.

Desde hace meses en parques y andenes se ven colchonetas, sábanas que sirven de cortinas colgadas de árboles, además de personas que hacen sus necesidades en espacios públicos y tuberías rotas que utilizan para poder acceder al agua.

Para poner orden, la Alcaldía y la Policía retiraron el  miércoles a 610 inmigrantes venezolanos que no tenían sus documentos en regla, a 130 de los cuales se les inició el proceso de deportación.

“Se encontraban 27 personas con pasaporte, que hacen tránsito hacia la frontera con Ecuador (...) a quienes se les alojará en un hotel de la ciudad y con Cancillería se buscará su traslado al sur del país”, manifestó el alcalde de Cúcuta, César Rojas.

Según un reciente informe de Migración Colombia, en el país hay 550.000 venezolanos y el flujo migratorio de personas de ese país se incrementó 110 % en 2017.

Los venezolanos que llegan para quedarse se dedican a los oficios más diversos, desde la albañilería o los servicios domésticos, hasta la venta de todo tipo de productos en los semáforos o a lavar autos, pero también hay quienes pasan los días sin hacer nada porque no encuentran ocupación y recurren a la mendicidad. (I).    

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