117 vendedores imponen orden en Las Delicias

- 13 de noviembre de 2017 - 00:00
El mercado funciona desde las 06:00 hasta las 15:30 y se puede adquirir comida preparada, legumbres, carnes, ropa, insumos diarios y cosméticos.
Foto: José Morán

Los comerciantes trabajan sobre un exbotadero de basura de 1.000 m2, pero el desorden de otros los amenaza.

Son las 10:00 y los olores nauseabundos se perciben a una distancia de 200 metros en la entrada al sector de La Ladrillera, en el bloque 9 de Flor de Bastión Popular. Unos 80 vendedores se han apoderado de la zona y de la continuación de la vía al botadero de Las Iguanas.

El caminar por este sector es lidiar con el lodo que se genera producto de las aguas negras y los desperdicios arrojados a la intemperie -en pequeñas zanjas- tras la venta de pescado, pollo, carne de cerdo, legumbres, etc.

Una paradoja resulta la presencia de un agente de la Autoridad Municipal de Tránsito (ATM) de Guayaquil, en una zona donde los buses de las líneas 16 y 131 no respetan límites de velocidad, paradas o normas básicas de conducción, situación que repiten otros automotores (camionetas, camiones, motos) que además estacionan “donde les apunta la nariz”, lamenta Magdalena Montegro.

Richard Vera, dirigente barrial de la cooperativa Las Delicias, decidió un día reunir a los comerciantes para incentivar un cambio que beneficie a los moradores de la zona y a los alumnos de la escuela fiscal Dolores Veintimilla.

La idea fue construir un mercado provisional que evite la insalubridad que se agudiza con el temporal invernal, por la falta de alcantarillado, lo cual además reduce los accidentes de tránsito.

La propuesta fue escuchada por 117 comerciantes, los que emprendieron la tarea de limpiar un terreno municipal de 1.000 metros cuadrados, el mismo que era usado como un botadero de basura.

La tarea parecía imposible, por el gasto económico que les representaba, recuerda Vera, quien también es la voz de los comerciantes que acogieron el cambio.

Desde entonces han pasado 5 meses, tiempo en el cual otras ideas han surgido, como la división módulos para productos determinados, como en un mercado formal, pese a estar conscientes de que el lugar es provisional, como les advirtió el Municipio.

El sitio está delimitado por una loma, una calle sin asfaltar y un riachuelo del que cogen agua para echar sobre las polvorientas vías que se mantienen adecentadas, por lo menos en el horario de funcionamiento del mercado Las Delicias, que es de 06:30 a 15:00.

El lugar no es diferente al más recóndito pueblo rural de Ecuador, donde hace falta todo, solo que aquí en cambio sobra inseguridad, propia de las sociedades empujadas a las márgenes de las grandes ciudades. De repente, frente al mercado, unas vacas son arreadas por 3 niños, uno de ellos montado a caballo haciendo alarde de buen vaquero.

Vera destaca que cada área del mercado tiene un espacio de 2.50 metros y está dividido en zonas de legumbres, carne de pollo, res, venta de ropa, arroz, aceite, comida preparada, etc.

El proyecto no podía estar completo sin áreas de aseo personal para hombres y mujeres, por el que se paga $ 0.10.

Los esfuerzos de Angélica Desideria, quien vende colas, agua, cachitos, dulces, etc, aún no se ven recompensados a pesar de estar  cerca del ‘patio de comidas’.

“Los compradores no llegan, prefieren quedarse donde están los  comerciantes (70) que crean caos desde las 06:00 hasta las 19:00”.

A pocos pasos de Desideria, Rocío Arroyo prepara encocado de jaiba, platillo tradicional de la gastronomía costeña y de Esmeraldas, de donde es originaria.

Los vendedores pasan sus horas esperando y promocionando sus productos, bajando los precios en todo lo que se expende para atraer al público. Ahora, a poco pasos, otra ‘amenaza’ surge de repente. Un nuevo ‘mercado provisional’ se construye y los responsables de esa ‘obra’ cobran $ 120 por separar un espacio, argumentando que tienen el respaldo del Municipio de Guayaquil. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: