Esta casa editorial se ordena de otra forma a partir de hoy

- 14 de noviembre de 2017 - 00:00

Los Medios Públicos de Ecuador son y están. Son materia de discusión, crítica y acechanza. Están, aquí y ahora, para cumplir una misión ineludible: informar a la comunidad; aportar para una mejor comprensión de los hechos; generar los contenidos que orienten para que la ciudadanía tome sus mejores decisiones.

Con esta edición, EL TELÉGRAFO abre otra era en su larga, rica y accidentada historia. Desde los días de su fundación, al cierre del siglo XIX, hasta la fecha, este diario devino referente de opinión, espacio de creación, ventana para las ideas, punto de análisis de la realidad social, cultural, política y económica de Ecuador. La raigambre liberal que le impusieron sus visionarios fundadores marcó su tempranero choque con los grandes poderes de entonces. Esa estela, de una u otra manera, se ha extendido hasta nuestros días.

Cuando se profundizó la crisis económica y política de los años 20 y 30 del siglo XX, por sus páginas pasó el país con sus angustias, con sus dilemas, con sus sueños y derrotas. A inicios de los años 90 y con la llegada del nuevo milenio, EL TELÉGRAFO, como pocos medios de prensa, sufrió en carne propia el envilecimiento y la humillación editoriales, a los que le sometieron poderes oligárquicos y financieros que tanto daño causaron a la nación.

Después, ya en manos estatales, su derrotero tampoco estuvo marcado por un camino de rosas. EL TELÉGRAFO ha sufrido, como toda la sociedad; ha soñado, como lo ha hecho el país entero; ha sido derrotado, incluso, pero ha tenido suficiente fuerza para levantarse de las cenizas para reivindicarse, para reinventarse.

La historia de EL TELÉGRAFO es la historia abreviada y vibrante del país, vista desde las páginas cotidianas de un diario. Por eso tiene la obligación de seguir, tiene la necesidad de estar, le cabe el derecho de existir; debe avanzar...

Nuestros lectores encontrarán desde hoy una nueva estructura de contenidos y otro esquema editorial. Hallarán la casa ordenada de otra manera. Apelando al talento humano de la empresa y bajando casi a cero los costos de este proyecto, quedamos sometidos -ahora sí- al fallo inapelable y cotidiano del lector. (O) et