Viernes, 04 Julio 2014 00:00 Cultura

Entrevista /Consuelo triviño ANZOLA / escriTora, ensayista y jurado del premio jorge icaza

“Un reto para los escritores ecuatorianos es no tener miedo a arriesgar y experimentar”

“Un reto para los escritores ecuatorianos es no tener miedo a arriesgar y experimentar”

Entrevista /Consuelo triviño ANZOLA / escriTora, ensayista y jurado del premio jorge icaza

Carla Badillo Coronado

A Consuelo Triviño Anzola (Bogotá, 1956) no le gusta dejar cabos sueltos. Por eso, la narradora y ensayista colombiana (radicada en Madrid desde 1983) dejó guardados, momentáneamente, todos sus proyectos literarios para meterse de lleno en su rol como jurado del Premio Jorge Icaza, promovido por el Ministerio de Cultura y Patrimonio.

Ella -junto al crítico peruano Julio Ortega y al escritor mexicano Mario Bellatín- fue parte del equipo encargado de decidir cuál sería la mejor novela ecuatoriana publicada en 2013. El veredicto final está listo, pero será el Ministerio el encargado de anunciarlo el próximo 24 de julio.

Con una vasta trayectoria como escritora, filóloga, docente e investigadora, Consuelo aprovechó su paso por la capital para realizar, el pasado 24 de junio, un conversatorio sobre el escritor colombiano José María Vargas Vila, en la Universidad Central del Ecuador.

La también hispanista -vinculada al Instituto Cervantes de España- ha publicado, entre otros: Siete relatos, Prohibido salir a la calle, La casa imposible, Una isla en la luna y La semilla de la ira.

Ella es, ante todo, un torrente de datos, precisión y experiencias. A continuación, algunas de ellas.

Es la primera vez que se encuentra en el país; sin embargo, ya había participado en algunos proyectos relacionados con Quito.

En efecto, tenía muchos deseos de venir a Ecuador y especial interés en conocer esta ciudad, pues ya había hecho algún proyecto sobre Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad, y había estado coordinando una exposición virtual sobre la ciudad (que se puede consultar en la red, en los contenidos del Instituto Cervantes). En 2000 mandamos un fotógrafo y fue así como conocí parte del casco antiguo. También gracias a algunas aproximaciones del historiador Julio Pazos, a quien le habíamos encargado los textos críticos del Quijote en Ecuador. Así que tenía varios proyectos que me fueron acercando y que despertaron mucho más mi interés por Quito y su literatura.

En esta ocasión se la convocó como jurado del Premio Jorge Icaza a la mejor novela publicada. ¿Cuántos libros se postularon?

Tengo entendido que se hizo una preselección (por un jurado nacional), luego de ello el Ministerio de Cultura nos entregó 10 libros a cada uno para la selección final. Nosotros ya hemos deliberado y entregado el resultado. Sin embargo, es el Ministerio el que deberá sacar un comunicado oficial; tengo entendido que el veredicto lo darán el 24 de julio; me imagino que el fútbol -que tiene a todo el mundo concentrado- difuminaría la noticia, así que entiendo que quieran sacarlo después del Mundial.

¿Cuál fue el nivel de las novelas presentadas?

Creo que fue un nivel bastante correcto. Además, sorprende que haya habido tanta variedad de géneros y estilos. Creo que estuvo muy bien hecha la selección; en general, el nivel fue muy bueno.

¿Cuáles fueron los temas más recurrentes?

Bueno, la ciudad de Quito está presente, así como su historia y tradición literaria. Como evaluadora creo que la literatura ecuatoriana está muy bien, pero esperamos que muchos de los escritores sigan ahondando, profundizando mucho más, y sobre todo que no tengan tanto miedo a arriesgar, me refiero a la parte experimental. Un reto para todos.

¿Qué criterios de evaluación manejaron como jurado?

Yo creo que la calidad fue fundamental. Obviamente, todo lo que leí estaba muy correcto y entonces había que buscar otros parámetros que no sean ‘este libro está bien’, sino la capacidad de riesgo que tomó el autor, su capacidad de experimentación. Eso, más el hecho de lanzarse a tratar de modificar el lenguaje, de crear un estilo propio y no seguir modelos. Eso se valora muchísimo.

Recientemente usted ofreció en Quito un conversatorio en torno a la vida y obra del escritor colombiano Vargas Vila, ¿cuáles fueron los ejes que abordó?

Sí, por un lado estoy hablando de un escritor que fue el tema de mi tesis doctoral y que 20 años después se convirtió en personaje literario. Entonces, a mí lo que me interesaba mostrar era cómo el mito Vargas Vila -que es un mito latinoamericano, una construcción popular- ha sobrevivido a lo largo de los años, y cómo, a pesar de que la oficialidad ha querido borrarlo de la literatura, de minimizar su trabajo e incluso de ridiculizarlo como una rareza al margen, no lo ha conseguido en 100 años.

¿No lo consiguió, en gran parte, porque la izquierda lo reivindicó?

Así es. Nosotros tuvimos en Colombia, a principios de siglo, un presidente, el general Reyes, que decía: “Hay que ‘desvargavilizar’ el país” y, sin embargo, no ha sido posible porque en la década de los 80 la izquierda lo reivindicó como un escritor antiimperialista y anticlerical. Luego vino el mandado de sus restos de Barcelona a Bogotá, y también un grupo de masones quería rescatar sus huesos. Después hubo un editor bastante romántico -el de la Editorial Panamericana- que era un apasionado de Vargas Vila y se propuso editar todas sus obras en 1997; yo asesoré ese proyecto. Allí tratamos de imitar las ediciones muy artísticas del comienzo del siglo XX, totalmente modernistas; y después, el mismo director siguió con la aventura de otro proyecto para la Universidad de Carolina del Norte, en donde está alojada toda la obra de Vargas Vila.

¿Su libro La semilla de la ira (2008) -en torno a la vida de Vargas Vila- fue basada en el diario íntimo del escritor?

Sí, el diario me sirvió como punto de partida para la novela. Resulta que le hicieron una entrevista a Fidel Castro en el año 86, que fue el año en que terminé mi tesis doctoral, y tuve un poco de pena porque la acabé sin incluir ese trabajo. Entonces pedí una beca del Gobierno español. Había escuchado esta entrevista a Castro en donde decía que el diario estaba en Cuba y citaba una cantidad de manuscritos, de cartas y de todo. Fui a la biblioteca José Martí de La Habana (creyendo que estaban ahí) y al final di con toda la documentación que estaba en el Archivo de Estado, lo pude consultar y al año siguiente pude leer el diario mecanografiado. De ahí saqué unos fragmentos que fue la publicación del diario íntimo. El mismo diario que -20 años después- me sirvió para inspirarme en la novela.

¿Cuánto tiempo le tomó escribirla?

Uy, no pude parar (risas). Se convirtió en una novela que la escribí en un año con muchísimo placer, porque para mí representó sumergirme en el modernismo y, sobre todo, en viajar por América Latina con él.

Los viajes son algo clave porque Vargas Vila estuvo en muchos lugares de América y Europa. Desde ese autoexilio -imagino- usted también se identificó.

Sí, empecé entendiéndole, justamente, como escritora exiliada, pero con una gran diferencia: él fue un escritor de éxito, de hecho era el escritor más leído en lengua española. Obviamente yo tengo un proyecto de escritura muy diferente, lo más importante para mí no es alcanzar el éxito a nivel de ventas (aunque sí que me gustaría tener más lectores, pero no a ese nivel del espejismo del éxito editorial). Pero volviendo a los viajes, Vargas Vila estuvo en Venezuela, las Antillas, Nueva York, de ahí pasó a Europa, fue diplomático por el Gobierno de Ecuador (fue muy amigo de Eloy Alfaro), luego estuvo en Italia y allí empezó su carrera fulgurante como pornógrafo porque ahí escribió Ibis.

Y que fue todo un escándalo en la Roma de 1900...

Sí, porque ahí él descubrió que el erotismo era un gancho para captar lectores, y realmente la mayoría de lectores que tuvo fue gracias a sus novelas pornográficas, pero ya había gente que lo amaba por sus panfletos políticos, pues era el único que hablaba sobre las incursiones yanquis en Centroamérica y en la Amazonía, pero también denunciaba el caudillismo y señalaba con nombres propios, tenía el valor de hacerlo. Y mientras muchos modernistas vivían de sus colaboraciones para la prensa, Vargas Vila fundó sus propios periódicos y escribía desde allí.

¿En qué proyecto literario se encuentra ahora?

Estoy trabajando una novela mucho más experimental que tiene mucho que ver con mi amor a Cervantes, porque también el año pasado pasé redescubriendo las Novelas ejemplares, sumergiéndome en la vida y en los azares de lo que es la creación literaria. La relectura, por ejemplo, del Quijote fue para mí muy placentera, porque cuando vuelves a leerlo vuelves a saber lo que es la libertad creadora; sientes esa fluidez, esa soltura y te dan ganas de lanzarte un poco más.

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