Domingo, 19 Enero 2014 00:00 Cultura

El cine ecuatoriano analizó en una cita su futuro como industria

En el auditorio de la CIESPAL todavía ingresaba el público cuando se llamaba a formación a las mesas de trabajo de la jornada. Cada una de las moderadoras -todas mujeres- se levantaba y saludaba cuando pronunciaban su nombre y la sala donde sería la reunión. En los tonos de voz, en el ambiente general, había cierta impaciencia por empezar.

Las charlas de la jornada anterior, del jueves pasado, sirvieron para darle al Encuentro Nacional de Cine comida para el pensamiento, para asentar los puntos focales sobre los que las ideas y experiencias de los asistentes se centrarían. Ahora, en viernes, en las mesas de discusión específicas, se vino el trabajo de verdad.

Con la idea de hacer un diagnóstico de los problemas, además de un recuento práctico de las soluciones, los organizadores dividieron la problemática en cinco mesas de trabajo: los dilemas en la exhibición del cine nacional; producción y distribución (el problema de los productores nacionales); las audiencias; las otras ventanas de exhibición y distribución, y el cine y la TV en la era digital.

Así, el encuentro se convirtió en un ejercicio de democracia participativa. Miembros sueltos de distintas organizaciones, que casi sin saberlo son parte de la naciente industria audiovisual, venidos desde rincones remotos del país, se reunieron a exponer sus preocupaciones y entablar un diálogo propositivo, en el que no solo entran en contacto con la realidad del cine local, sino que las autoridades públicas del sector -el Consejo Nacional de Cinematografía del Ecuador (CNCine)– abren los oídos con la promesa de integrar los resultados en su plan de acción para 2014.

Es decir, el diagnóstico hecho por el colectivo será sistematizado por el CNCine en los próximos días para elaborar y cabildear políticas públicas en apoyo al sector. Este modelo de decisión horizontal pretende ser el más efectivo para diseñar las políticas de un colectivo incipiente.

Además, esta promesa tiene especial relevancia si se tiene en cuenta el horizonte de la futura Ley de Cultura y el reglamento de la Ley de Comunicación. Ambas piezas legislativas son pilares para el futuro estratégico del sector, para su funcionamiento interno así como para la competencia que mantiene con productos extranjeros.

La mesa número uno, de los dilemas de la exhibición, estaba extrañamente vacía. Al parecer la problemática, tan tratada en el día anterior, no era tan atractiva. Sin embargo, en el grupo había una sana mezcla de tres figuras importantes en el gremio (Camilo Luzuriaga, Mariana Andrade y Mateo Herrera) y otros aspirantes a realizadores, venidos de Manabí, Guayas y Tungurahua. En este sentido, el grupo era balanceado, y por su tamaño, eficiente. Quizás por eso, tras una serie de anécdotas, presentaciones y llamados al orden, las primeras realizaciones empezaron a llegar de mano de las experiencias de los más jóvenes: “en Ecuador no existe un festival de cortos”, concluyeron.

Por su parte, los más experimentados, con Luzuriaga a la cabeza, hacían un balance de la coyuntura y ofrecían soluciones a la exhibición de las obras de los directores novatos. “Debe haber un interés por ventanas que lleven a profesionalizarse, como el Internet, las muestras itinerantes o la televisión”, dijo. En este sentido, los festivales, a pesar de ser importantes, no deben ser el foco de atención.

En los otros grupos la dinámica de trabajo era en cada caso distinta, aunque siempre canalizada por la moderadora de turno, que actuaba como pastora del grupo de realizadores, productores, comerciantes, guionistas y demás. Gracias a esta metodología clara, de identificar problemas y sus soluciones, con estrategias, métodos y actores, el diálogo fluía y los consensos siempre acababan por llegar.

En la mesa que trataba de las audiencias dos participantes provenientes de Manabí -provincia importante en la producción de cine del país-, criticaban la excesiva centralización en Quito, tanto por la producción con fondos del CNCine, como por el hecho de que dos tercios del público vienen de la capital. El debate se atascó durante varios minutos sobre si este tema tenía que ver con las audiencias o con los recursos. Cuando se dijo que la descentralización de recursos no era tema de debate de la mesa los manabitas aceptaron la respuesta.

En los otros grupos se trababan otras inquietudes: “¿Por qué la gente no se siente identificada con el producto nacional?”, se preguntaba un joven en el debate sobre el cine y la televisión digital. Muchos ven en esta ventana de exhibición el futuro del cine nacional, sobre todo si se tiene en cuenta el elitismo que representan, ahora, tanto las salas de exhibición como el acceso a Internet. Sin embargo, en este medio hay una competencia extrema, tanto con series extranjeras -que determinan las modas y el contenido - , como con programas nacionales que son las apuestas fuertes de las cadenas televisivas. Por eso, con el apagón analógico programado para 2018 en todo el país, los cineastas -así como lo dijeron en el foro- tienen que prepararse para un futuro incierto en el nuevo medio digital, y la mejor manera es influyendo sobre la legislación que debería protegerlos como gremio.

Por otra parte, un participante del mismo grupo, insistía que para tener éxito se debe seguir una aproximación similar a la de Enchufe TV: “No hay que ser una parte más del engranaje, haciendo copias malas de otras cosas. Se deben hacer cosas honestas, que te gusten. Así se llega a un público concreto con un producto de calidad”. En el futuro de la Televisión Digital Terrestre (TDT), la calidad y la focalización del producto van a ser la clave, ya que la cantidad de canales aumentará, ofreciendo al espectador una gama amplia de posibilidades.

En la mesa cuatro, el debate avanzaba a trompicones. Dada la importancia del foro en torno a la producción y la distribución, la sala estaba llena y la discusión airada. Aun así, llegaban las conclusiones en medio de una discusión agotadora pero productiva. Dicha mesa determinó que se debe resolver “la falta de políticas públicas que generen reglamentación adecuada para fomentar la distribución audiovisual nacional”. Lo anotaron en una pizarra.

Entre discusiones acaloradas y calmadas avanzó la jornada, hasta que, al cierre, los representantes de cada mesa presentaron sus conclusiones.

Algunos resultados
En resumen, en la industria ecuatoriana faltan resolver taras como: la concreción de una figura clara de productor y distribuidor nacional; una profesionalización de varios sectores del colectivo; un fortalecimiento institucional de los gremios y un levantamiento de datos, que dé visibilidad al sector y sirva para conocer el mercado y el público.

Además, -se expuso- que no existen circuitos independientes asociados a directores emergentes; no hay una planificación en los calendarios de estrenos; hay muy poca diversidad de temas y experimentación por parte de los realizadores; falta una regulación de derechos en la futura TDT y existe una fuerte centralización de las instituciones y el público. Si se analiza fríamente, al cine ecuatoriano le falta todo lo que caracteriza a una industria como tal, menos las películas, claro.

Por ello, la conclusión general es que la industria cinematográfica nacional es un campo en plena formación, pese a que se hayan estrenado 13 películas el año pasado. Sin duda, el actual estado de ebullición se debe a la inversión estatal -realizada a través de CNCine-, lo que ha creado una superlativa producción fílmica.

En este sentido, -tal como apuntó Camilo Luzuriaga- se debe cambiar de modelo, en el que los realizadores se guíen más por un ánimo de lucro sano que les lleve a conectar con el público ecuatoriano en busca de financiamiento. Se debe llegar a un equilibrio. Las rutas son varias: puede cambiarse de formato de exhibición, el contenido o las estrategias de marketing, mientras quede claro que un modelo basado en el subsidio no puede seguir por mucho tiempo.

Entretanto, el director ejecutivo de CNCine, Juan Martín Cueva, informó que productores, realizadores y representantes de 22 películas ecuatorianas, con estreno previsto en 2014 e inicios del 2015, se reunieron con miembros de seis de las principales cadenas de exhibición para establecer un sistema de intercambio de información que permita programar los estrenos nacionales.

“Es una reunión histórica. Se compartió información y se establecieron compromisos para una agenda. Los dos primeros estrenos de 2014 serán Quito 2023 de Juan Moscoso y César Izurieta y Saudade, de Juan Carlos Donoso, respectivamente en febrero y marzo”, afirmó.

Datos

La cita se realizó en Ciespal (Quito) desde el jueves pasado y convocó a exhibidores, cineastas, productores y comercializadores del cine ecuatoriano.

Las seis cadenas que se reunieron con cineastas y productores, según informó Juan Martín Cueva, director ejecutivo del CNCine, son Multicines, Cinemark, Cineplex, Cinemática y Ochoymedio. Supercines no asistió, no obstante, indicó su interés por incluirse en la programación.

La reunión se realizó con el fin de conocer cuál es el panorama de la naciente industria de cine ecuatoriano dado que en 2013 se estrenaron 13 filmes, algo inédito en el país.

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