Galería NoMínimo deja un vacío en la escena de arte

- 08 de agosto de 2017 - 00:00
El espacio visibilizó a varios artistas emergentes y permitió gestiones a autores más consolidados.
Foto: Archivo / El Telégrafo

Abrió un mercado de coleccionistas locales, generó diálogos con autores y ferias internacionales, como ArteBa.

La galería de arte NoMínimo funcionó hasta el pasado 1 de agosto. Hace un mes, los artistas que mantenían allí algunas de sus obras las retiraron poco a poco. Desde entonces, el lugar funciona como el auditorio de Plaza Lagos, el centro comercial donde se ubicaba la galería y que permitió su apertura en 2012, luego de tener un espacio inicial en Plaza Nova, también en Samborondón. Las razones de su cierre como espacio físico son principalmente económicas. 

Pilar Estrada y Eliana Hidalgo fundaron el espacio como una alternativa frente a las precarias instituciones culturales en Guayaquil, con el objetivo de dinamizar la escena artística local, generar diálogos en el exterior y formar un nuevo tipo de coleccionismo.

Como espacio fundaron el club de coleccionistas, en el cual, por medio de capacitaciones y diálogos con los artistas que exponían en el lugar, se procuró aproximar a un público interesado en las manifestaciones de arte contemporáneo y su posibilidad de adquisición, una práctica muy débil localmente.

La difusión de artistas locales tuvo como vía la participación de la galería en ferias de arte contemporáneo, como Arco de Madrid y ArteBa, en la cual, en 2014, el guayaquileño José Hidalgo Anastacio -representado por NoMínimo- ganó el premio Arcos Dorados, por una de las obras que integra la serie ‘Hispanics red on red on red’. 

“Cada galería que se cierra significa una gran pérdida, tanto como cada institución pública que debe cumplir con ese fin, pero que por estar mal manejada no lo hace”, dice la artista cuencana Juana Córdova, quien participó en varias exposiciones en el lugar.

Para la docente, curadora e historiadora de arte María Guadalupe Álvarez, la aproximación a un nuevo mercado de coleccionistas, así como la promoción de artistas a nivel internacional son parte de los méritos diferenciadores de la galería, además de convertirse en un respaldo para los artistas más jóvenes, “que empiezan a levantar el paso con una propuesta en definición, marcando identificaciones en su obra con ciertas poéticas”.

Hace un año, cuando Pilar Estrada asumió la dirección del Centro Cultural Metropolitano (MET), en Quito, el historiador de arte Rodolfo Kronfle Chambers, en una entrevista con este diario, decía que esta gestión era un “asunto difícil de mantener a nivel de costos si los precios de las obras que maneja no pasan la barrera de los cuatro dígitos. La clave del asunto será el momento en que los artistas emergentes que promueve pasen a ser artistas de carrera media (...) Si esto no ocurre, mantener el trajín de presencia en ferias de alto perfil puede ser complicado”.

A pesar de estas dificultades, Pilar Estrada, quien continuó como directora del espacio, aun cuando estableció su base en Quito para cumplir su trabajo como funcionaria pública en el MET, tiene como propósito continuar con el trabajo de NoMínimo.

“Guayaquil, a diferencia de Quito, tiene una institucionalidad cultural deprimida por ambos costados, el municipal y el estatal. Esto no es reciente, sino un cáncer de pésima gestión que viene creciendo por años. Es tan grave ya que las nuevas generaciones lo asumen como normal. El cierre de NoMínimo en este sentido no es sintomático de aquello porque su nacimiento fue parte de las iniciativas independientes que surgieron como alternativas necesarias frente a las condiciones deplorables de las plataformas institucionales oficiales”, dice Kronfle.

El historiador de arte considera que este contraste es el que justamente ayudó a su rápido posicionamiento, al aglutinar a su alrededor “a una vibrante y joven escena de creadores. Sin embargo, esa nueva visión, arriesgada y de alcances ambiciosos por su agenda de ferias internacionales requiere un respaldo financiero importante para mantenerse a flote; y aquella dependencia de un mercado incipiente y un coleccionismo de escala modesta como el local no da la talla como puntal”.

Para  María Guadalupe Álvarez, el cierre de NoMínimo es un síntoma de “la precariedad, del carácter quebradizo y la dificultad de las condiciones en las que se respalda y produce arte en el país. Por eso proliferan tantos espacios emergentes con una claridad de objetivos puntuales, agotados, practicando lo efímero, porque son características de la institucionalidad de arte local”. (I) 

Datos

En 2010, Pilar Estrada y Eliana Hidalgo fundaron la galería de arte NoMínimo, en un local de Plaza Nova. Luego se movieron a Plaza Lagos, en la vía a Samborondón.

Estrada fue la directora del espacio desde sus inicios. En su gestión generó el club de coleccionistas de NoMínimo y auspició la salida de artistas locales del país a ferias internacionales, como ArteBa y Arco, de Madrid.

En febrero de 2016, Estrada fue seleccionada, luego de un concurso público, como directora del Centro Cultural Metropolitano. Inicialmente designaría

a alguien más en el cargo, pero aquello no ocurrió.

NoMínimo realizó dos ediciones del Premio Batán, un incentivo para la escena emergente local.  

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