Entrevista / rosa martínez / curadora española

"El arte no es solo el objeto, es acción"

- 11 de agosto de 2017 - 00:00
Rosa Martínez, curadora española
Foto: Mario Egas / El Telégrafo

La española Rosa Martínez es una de las voces más autorizadas para hablar dentro del campo del arte contemporáneo, tanto por sus arriesgadas propuestas curatoriales que conjugan el arte con el activismo –sobre todo de género–, así como por la hoja de vida que la avala:  fue la primera mujer directora de la Bienal Internacional de Venecia, en 2005 y de otras bienales en Estambul, Santa Fe de Nuevo México y Moscú, así como de muestras en instituciones como el Museo Guggenheim de Bilbao o la Fundación La Caixa en Barcelona.

Martínez fue la curadora de la más reciente muestra del Centro Cultural Metropolitano de Quito (MET), denominada La intimidad es política, que reúne el trabajo de 17 artistas y colectivos de todo el mundo que habla de raza, clase y sexualidad. La entrevista completa saldrá este domingo en el suplemento cultural cartóNPiedra.

¿Cómo se concibió la propuesta conceptual de la muestra y cómo dialoga con la ciudad?

Pilar Estrada, directora del MET, conocía bien mi trayectoria profesional y me propuso articular una exposición que conjugara dos de las líneas de acción del Municipio de Quito: las políticas a favor de la igualdad y el deseo de acercar el arte contemporáneo a los diversos públicos de la ciudad. En esa intersección de objetivos institucionales he trabajado a menudo y cuando vi la belleza de los espacios del MET acepté su propuesta, a pesar de las limitaciones presupuestarias y de tiempo. Planteé la posibilidad de intervenir en los espacios públicos de la ciudad y la obra de Regina José Galindo, No violarás, es la prueba de que todos nuestros esfuerzos han valido la pena.

¿Cómo se dio el proceso de selección de los artistas?

Hubo un periodo inicial en el que mantuvimos diálogos sobre la creación contemporánea en Latinoamérica y desde el MET se me facilitaron amplias referencias y dossiers sobre artistas de Ecuador, cuya escena en ese momento yo desconocía. Simultáneamente se iba definiendo el marco conceptual y muy pronto también acordamos el título de la muestra. La selección se fue configurando de una forma orgánica y con algunos sobresaltos. Tuvimos que elegir entre lo soñado y lo posible, entre lo deseado y lo factible. Por falta de presupuesto prescindimos de obras fundamentales como A Noiva, de Joana Vasconcelos, que hubiera sido un auténtico hito colgando del patio principal del MET. Por la misma razón no incluimos grandes nombres históricos como Louise Bourgeois o Ana Mendieta, que nos hubieran permitido establecer una genealogía de la creación hecha por mujeres en el siglo XX, pero tendremos documentación sobre sus obras en el catálogo de la muestra. El acento se fue decantando hacia el arte del presente, con la voluntad de que las obras que se mostraran no se hubieran visto antes en Quito y que tocaran aspectos fundamentales de los discursos sobre sexo, género, lenguaje y poder.

En esta muestra usted ha conjugado la obra de artistas de diversos lugares del mundo, que manejan distintas técnicas,  junto con el trabajo de activistas feministas, como Mujeres Creando o Guerrilla Girls, ¿cuán importante es que el arte dialogue con el activismo?

Para mí el arte es una forma de acción, de transformación de la visión del mundo, más allá de la técnica o el soporte en el que tome cuerpo. Comparto con Joseph Beuys el concepto de “escultura social”, es decir, la idea de que una palabra o una obra que cambie la conciencia de los espectadores ya es escultura, ya es arte. El arte no es solo el objeto, el arte es la transformación que la interpretación o la vivencia de ese objeto produce en nosotros. Además de las Guerrilla Girls y Mujeres Creando, hay otro gran colectivo en la muestra, las Mujeres y Hombres  de Comunidades Indígenas Zapatistas de Chiapas, México. Sus principios de buen gobierno  -“servir, no servirse”, “representar, no suplantar”- deberían de inspirar a muchos de nuestros políticos y líderes religiosos y su hermoso arte, sencillo y popular, contribuye sin duda a disolver las fronteras de exclusión que intenta imponer el arte elitista.

¿Cuál es su valoración de los artistas ecuatorianos que curó?

Estoy entusiasmada con los tres que finalmente seleccioné: Saskia Calderón, Santiago Reyes y Juana Córdova. Sus propuestas muestran que son autores de vocabularios internacionales a partir de su propia realidad local. (O)

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