Y aquí el (erróneo) Índice de Percepción de la Corrupción de este año

- 27 de enero de 2016 - 16:39

El día miércoles, la ONG Transparencia Internacional (TI), la organización líder anticorrupción en el mundo, publicó su Índice de Percepción de Corrupción (CPI) (en la lista Ecuador se ubica en el puesto 107 de entre 167 países). El CPI es una gran herramienta para asegurar que las medidas de corrupción y anticorrupción se mantengan en la agenda de políticas públicas, no obstante, deberíamos ser muy cautelosos al tomar muy en serio estos resultados.

El CPI está presente desde 1995 y mide cuanta corrupción se percibe en el sector público. La edición de 2015 incluye datos de 168 países y territorios, cada uno obtiene un puntaje hasta 100. Mientras más cerca esté de 100, mejor es el trabajo que el país está haciendo para luchar contra la corrupción.

Los resultados de 2015 son predecibles de muchas maneras. Dinamarca (91) lleva la delantera por segundo año consecutivo y los otros países nórdicos también están en buena posición; Finlandia (90) en segundo lugar, Suecia (89) en tercero, Noruega (87) empata en el quinto. En el top cinco también están Nueva Zelanda (88) en el cuarto puesto y los Países Bajos (87) empata con Noruega en el quinto.

En el otro extremo están Somalia (8) y Corea del Norte (8) empata en el puesto 167 (y el último) con otros estados asolados por la guerra como Afganistán (11), Sudan (12) y Sudan del Sur (15), arrojando resultados desalentadores.

Como era previsible, los países con los mejores resultados comparten una amplia gama de características. Son democracias abiertas, liberales, con libertad de prensa. Ellos aceptan la noción de transparencia; por lo tanto, ayudan a los ciudadanos a ver dónde se gasta el dinero ganado con esfuerzo. Tienen sistemas judiciales independientes, y todos apoyan suposiciones sostenidas con anterioridad sobre una mayor rendición de cuentas que lleva a bajar los niveles de corrupción.

Sin embargo, el año pasado se vio un número de países que se desempeñaron notablemente peor que en 2014. Los puntajes de Brasil y Lisoto, por ejemplo, cayeron cinco puntos cada uno, mientras que Guatemala y Angola cayeron cuatro puntos más que el año anterior. Por otro lado, República Checa, Ruanda y Kuwait mejoraron sus puntajes considerablemente.

Otros países (China por ejemplo) también mejoraron (en el caso de China, del puesto 100 al 83) de la tabla. Cabe destacar que siete (la mayoría Caribeños) países se desviaron del todo del índice en 2015, incrementando los puntajes de otros países sin que estos tengan que hacer algo.

Es más, los saltos como el de China a menudo tienen más que ver con el empeoramiento de otros países que con una mejor efectividad en los esfuerzos del país para luchar contra la corrupción. China sigue siendo un buen ejemplo; su puntaje subió un punto (de 36 a 37), sin embargo, subió 17 lugares, lo que nos dice que un número de países en puestos similares se estaban desempeñando peor que en 2014.

El CPI tiene sus límites, una investigación académica lo demuestra

Puede resultar divertido ver los cuadros de esta manera, y mucha gente, de hecho, lo hará en los próximos días. No obstante, debemos ser muy cautelosos al leer la información. El CPI es una herramienta mala para juzgar las victorias y fracasos anticorrupción de un país. Una investigación académica resalta cuatro razones.

1. La corrupción es algo complicado, un simple puntaje no lo es.

Primeramente, reducir los problemas de corrupción de un país a un puntaje es, por decirlo sutilmente, metodológicamente problemático.

El CPI es básicamente una encuesta de encuestas, un índice compuesto que combina datos de una variedad de encuestas y otras evaluaciones de corrupción. La información no la colecta TI, sino otras organizaciones. TI simplemente junta todo para crear un puntaje por cada territorio.

Sin embargo el tipo, ámbito y alcance de corrupción evidente en la administración de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, es muy probable que sea diferente a aquella en la zona rural de Kansas. Calcular un puntaje para cubrir con exactitud tanta variedad siempre será muy difícil.

Además, medir conceptos como democracia, justicia, imparcialidad y de hecho, corrupción, es difícil en el mejor de los casos. En efecto, los estadísticos han desarrollado su propio lenguaje para tratar los problemas al obtener las medidas correctas. Ninguno de estos se reconoce abiertamente en el CPI. Esto ha llevado a investigadores como Theresa Thompson y Anwar Shah a dudar si se podría usar dicha información.

2. La medición de la percepción de corrupción no de la corrupción en sí

Segundo, TI no afirma que CPI mide la corrupción sino percepciones de corrupción. Aunque conocer más sobre cómo los ciudadanos perciben el fenómeno tenga sus ventajas, también es posible que la percepción y realidad difieran considerablemente. Este abismo podría significar que CPI de hecho está (inadvertidamente) distorsionando la realidad, al simplemente reforzar estereotipos y clichés.

3. La medición de percepción de corrupción solamente en el sector público, no en el privado

CPI se fija en la percepción de corrupción del sector público, en otras palabras, solamente en los gobiernos. No expresa nada acerca de las empresas privadas, por ejemplo, el escándalo Libor en Inglaterra, o el reciente escándalo de emisiones de Volkswagen en los Estados Unidos. Estos eventos involucran a actores del sector privado, pero tienen serios impactos en el público, ya sea en las tasas de interés que la gente paga en sus créditos hipotecarios o en la salud pública.

La corrupción está en todo lado

Finalmente, independientemente de donde estén clasificados en el CPI, todos los países aun enfrentan retos relacionados con la corrupción. Dinamarca podrá estar primer lugar del CPI 2015, pero incluso en Copenhague se encontrará corrupción, ya sea por alegaciones de favoritismo en los empleos públicos o, como lo cita un reporte de 2014 de la Unión Europea, 12% de los daneses aseguraron conocer a alguien que acepto una coima y 20% indicó que la corrupción es generalizada en la contratación pública.

El puesto de un país en el CPI, con relación a otros países es relativo. Incluso las naciones que tienen mejor calificación necesitan trabajar en erradicar la corrupción.

Entonces, ¿es el CPI útil? Sin duda lo es para algunos investigadores y para ciertos propósitos. Sin embargo, el CPI es la tarjeta de presentación global de Transparencia Internacional; básicamente no cambiará. Su utilidad real al medir la corrupción puede ser limitada.

Pero el CPI ayuda a tener la lucha contra la corrupción en las agendas de las autoridades y de los periodistas. Su existencia, e incluso sus defectos, pueden incitar a críticos a imaginar mejores maneras de conceptualizar, medir y finalmente contrarrestar la corrupción.
Esa podría ser su contribución real: incitar al resto de nosotros a intentar entender exactamente donde yacen los problemas de corrupción, y qué podríamos hacer con ellos. (O)

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