De vuelta al Diario Público

- 14 de enero de 2018 - 00:00

Mi primer trabajo en Ecuador fue en diario EL TELÉGRAFO, que en 1996 -casi- nadie leía. Carlos Jijón lo hacía, y tras recetarse algunas de mis sábanas de seis mil caracteres sobre cine, escritas con la libertad del absoluto desinterés de mis jefes, él y Patricia Estupiñán de Burbano me invitaron a la redacción de Vistazo.

Mi segunda incursión aquí, recién convertido en 2007 en diario público, duró casi el mismo tiempo que la primera: alrededor de tres meses, ahora por la censura, sufrida primero por Manolo Sarmiento, por criticar la antiética ubicuidad de Vinicio Alvarado: cabeza de los medios públicos, secretario de Comunicación de la Presidencia y zar de la publicidad de Correa. Semanas después yo envié una remembranza de las trayectorias reaccionarias del propio Alvarado y de Alexis Mera, y la flagrante contradicción de su presencia en un supuesto proyecto de izquierda.

En una amable reunión, los directivos Carol Murillo y “Negro” Montoya argumentaron sin éxito que en EL TELÉGRAFO se debía trascender la crítica personalista: pocos días atrás ambos habían celebrado con júbilo una irónica columna mía sobre Carlos Vera y asambleístas socialcristianas.

 Y tras dos bizantinas horas confesaron que el diario era uno más de los tantos frentes de batalla en disputa al interior del movimiento de Gobierno, y tildaron a mi columna de antiestratégica. Como yo no sabía que me había afiliado a un partido, en un contexto dominado por la censura también en los medios privados -yo mismo fui vetado sistemáticamente durante dos años en un diario en el que ni siquiera escribí-, decidí irme sin escándalo, en nombre de no afectar a una redacción plagada de jóvenes con quienes compartíamos mutua admiración.

Tal vez me equivoqué, pero yo tenía mis propios frentes de batalla, y continué diciendo lo que consideraba en Vistazo. Vuelvo con gratitud y placer, recordando que los medios públicos solo podrán serlo en confrontación y crítica con el statu quo, no como dádiva de patriarca o mandatario alguno. (O)

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