Papeles Paraíso, ¿qué con eso?

- 19 de noviembre de 2017 - 00:00

Un paraíso parece muy distante. De la voz persa paerdís, que significa “cerco”, algunas religiones se refieren al lugar en donde se localiza el Jardín del Edén.

Los paraísos fiscales son eso, precisamente. Lugares con una localización que ofrece un cerco de opacidad legal a grandes cantidades de dinero y a millonarios que buscan el premio del sigilo. Centenares de prestigiosos economistas, entre Thomas Piketty, Jeff Sachs y Nora Lustig, suscribieron una carta solicitando a los líderes del mundo medidas para combatir la insolidaridad fiscal. El problema es más grave de lo que se cree.

Según la BBC, la evasión tributaria global alcanzaría los $ 36 billones, cifra que es superior al PIB de Estados Unidos, y aproximadamente la mitad de toda la riqueza producida anualmente por el mundo entero. Eso es mucho dinero, ¿pero cuál es el problema?

Lo que preocupa es el tipo de recursos que reciben estos lugares. El cerco financiero crea un circuito impenetrable en donde convive un laberinto de sociedades fantasma que no son controladas por los Estados. Con esas facilidades podrían llegar las utilidades de los negocios de las armas, del terrorismo, de la trata de personas, de las drogas y de la evasión fiscal.

Los Papeles del Paraíso desvelaron una red de 19 jurisdicciones que registran más de 120.000 personas y compañías de todas partes del mundo que depositaron sus recursos en distintos paraísos fiscales. En 13,4 millones de documentos que apenas han sido procesados se encuentran celebridades y políticos, como la reina Isabel II, Bono, de U2; Madonna, Shakira y el actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

El debate sobre los paraísos fiscales se tambalea sobre la cuerda floja porque su dilema no es lo legal, sino lo ético. ¿Por qué un empresario exitoso, una celebridad del espectáculo o un actor político habrían de depositar sus dineros en lugares opacos como estos? Su dinero, bien ganado, es su dinero, pero también es un asunto de solidaridad fiscal, de tributar y de reinvertir esos recursos en los lugares donde fueron obtenidos, tal vez, por reciprocidad. (O)

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