La ruptura

- 10 de agosto de 2017 - 00:00

Alianza PAIS está rota. A poco de la victoria obtenida el 2 de abril con su binomio Lenín Moreno-Jorge Glas, la más importante organización política ecuatoriana se rompió en varios pedazos, principalmente en dos: los seguidores del fundador y declarado presidente vitalicio del movimiento, Rafael Correa, y los seguidores del flamante mandatario Lenín Moreno.

Los motivos de la ruptura no son de poca monta, pues envuelven principios, proyectos, objetivos y, por último, personalidades y estilos.

Lo insólito y violento de la ruptura ha causado desconcierto, decepción y alejamiento de numerosos militantes y simpatizantes a escala nacional. Para encender más la candela, a las discrepancias mencionadas se agrega la lluvia de acusaciones sobre corrupción que cae sobre Jorge Glas, el vicepresidente.

La gente se agita en medio de varios interrogantes, como los siguientes: ¿No fue el propio Rafael Correa  quien auspició este binomio y lo consagró posesionándolo el 24 de mayo? ¿No fue Lenín Moreno quien señaló reiteradamente que Glas no le fue impuesto por nadie, sino que él lo escogió para completar el binomio en vista de tales y cuales virtudes del personaje escogido? ¿No se señaló de uno y otro lado que el triunfo de este binomio garantizaba la continuación de la Revolución Ciudadana? ¿No se reconoció abiertamente el liderazgo de Rafael Correa? Cierto que Lenín Moreno, en uso de su legítimo derecho, señaló desde el primer día que su estilo no sería de confrontación, sino de diálogo con toda la sociedad, por lo que tendía su mano, incluso a los opositores de la víspera.

Desgraciadamente, como señalamos en una nota anterior en este diario, al darse el diálogo, principalmente con sectores de la derecha y del empresariado, en las filas de Alianza PAIS y de sus aliados y votantes se creó la percepción de que esa ruta era la que marcaría la acción del nuevo gobierno.

Y esto, además, porque tales sectores comenzaron a cantar victoria antes de hora, en relación con la oportunidad que supuestamente tendrían para borrar del mapa las leyes alcanzadas tras largos años de lucha para beneficio de los pobres y del país, en general, como son  las de herencia y plusvalía, las de establecimiento de medios públicos, las de condena a los paraísos fiscales, etc., etc.

¿Los anuncios y medidas para combatir la corrupción? Perfecto, y ojalá estas medidas se remonten a la época en que los gobiernos derechistas, siempre manejados por la oligarquía y los intereses extranjeros, entregaron el petróleo a las multinacionales y se feriaron el país, entre otras medidas, privatizando empresas del Estado a favor de aquellos, como cuando vendieron el ingenio Aztra a los Isaías a precio de gallina robada.

A propósito, vale la pena recordar que esa banda mundial de pillos y delincuentes llamada Odebrecht se instaló en el país bajo el régimen de León Febres-Cordero. (O)

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