El pensamiento de Germánico Salgado

| 14 de Octubre de 2017 - 00:00

Me disculpo por iniciar este artículo con una experiencia personal, lo hago porque desde este lugar escribo. Cuando era estudiante de Maestría de la Universidad Andina, el coordinador del programa anunció el perfil del profesor de Integración Económica, nos dijo que era un experto con amplia trayectoria académica y profesional, conocedor a fondo de los temas de integración, y además un sabio, dado que formaba parte del Club de Roma. De ahí que esperábamos un docente lejano y quizás algo vanidoso. Nuestra sorpresa fue encontrar a un ser humano cálido, empático, pero que además era riguroso en sus clases.

Mi osadía no tuvo límites cuando con temor le propuse que sea director de mi tesis acerca del rol del Estado ecuatoriano en la integración andina. Él no dudó en aceptar, tuvo el estoicismo de leer mi trabajo capítulo a capítulo; responder una larga entrevista; entregarme documentos y orientarme en bibliografía y; finalmente, con paciencia prologó mi tesis cuando se publicó. Después de poco tiempo Germánico Salgado falleció y quedó una deuda impagable, no solo mía, sino de la academia, y del propio Estado ecuatoriano.

Esa deuda hoy se ha saldado parcialmente con la publicación de una selección de sus obras, textos inéditos en algunos casos, que su familia cuidara con celo. La Universidad Andina y la Corporación Editora Nacional van a entregarnos seis tomos; recientemente apareció el primero, que trata precisamente los temas de integración. Los siguientes volúmenes serán sobre políticas económicas, relaciones norte-sur, gobernanza global.

Con mucha nostalgia he abierto mi antigua tesis, esto es lo que menciona Germánico Salgado en el prólogo: “El cuestionamiento sobre la función del Estado es una característica del período que vivimos. Especialmente cuando se escribió esta tesis, la respuesta dominante era la de un Estado mínimo, marcado por la aversión a toda intromisión de poderes extramercado en el quehacer económico propio de la ideología neoliberal. En la actualidad, esa corriente está en discusión y sus propuestas tropiezan con un escepticismo creciente (…) En mis clases en la Universidad Andina me interesaba especialmente señalar y explicar ese cambio radical en las concepciones de la integración latinoamericana.

El Grupo Andino era el mejor ejemplo y, por obvias razones, me preocupé de confrontar los dos modelos de integración: el original del Acuerdo de Cartagena, que era la quinta esencia del estructuralismo latinoamericano, y el patrón que emergió a raíz de la reunión presidencial de Galápagos en 1989. Este se ceñía rigurosamente a la versión neoclásica de la “buena” integración, en los términos que Viner había concluido su análisis pionero sobre la Unión Aduanera en 1950”. La mayor deuda de este período histórico “postneoliberal” con el pensamiento de Salgado, es no haber impulsado la integración en la dimensión que él la había conceptualizado. (O)

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