El desprecio a la Constitución de Montecristi

- 20 de Marzo de 2017 - 00:00

Frente al desastre causado por el neoliberalismo que nos llevó al feriado bancario de 1999. Frente a la podredumbre total de la partidocracia. Las fuerzas progresistas expresaron la demanda social de una nueva Constitución para rediseñar el Estado y la sociedad ecuatoriana. La partidocracia se opuso ferozmente a que se consulte a la ciudadanía sobre una Constituyente.

El 15 de abril de 2007 el pueblo ecuatoriano se pronunció, abrumadoramente, a favor de una nueva Constitución alcanzando casi el 82% de los votos. Desde ese momento las fuerzas políticas conservadoras, lanzaron una campaña para desprestigiar el proceso. El 30 de septiembre de ese mismo año, Alianza PAIS alcanzaba 80 de 130 curules.

El 24 de julio de 2008 fue aprobada por 94 asambleístas. El 28 de septiembre de 2008, se consultó al pueblo. El sí triunfó con el 63.93%. Los opositores fueron derrotados.

La campaña de desprestigio no se detuvo y siempre contó como aliados a la mayoría de medios de comunicación privados. Desde ese día esos medios se convirtieron en los nuevos partidos políticos para la batalla ideológica. Sin la Constitución de Montecristi no se habrían dado los cambios que se han logrado. Sin esta Constitución el Ecuador sería otro. Uno más entre los países que han pasado de lo malo a lo peor. Un eterno retorno del desastre y la penuria. El valor ético de la Constitución de Montecristi ha sido tan profundo que ha cambiado el sistema social, político y económico del Ecuador.

Es una Constitución diseñada no para quedarse estática en el tiempo, sino para que tenga la capacidad de responder a las demandas de la sociedad. Es una Constitución dinámica, por supuesto que no es perfecta, por supuesto que es perfectible. Su centralidad en la condición de la dignidad de persona como de la naturaleza, desató las posiciones más contradictorias. Delató los falsos posicionamientos morales e ideológicos de los grupos sociales. Algunos querían cambiarlo todo sin cambiar nada.

Otros querían un misticismo romántico, de declaraciones, con poca realidad. Otros quisieron secuestrarla para reivindicar sus demandas corporativas. Y la derecha, desde ese día sueña con desquitarse no con este régimen, sino con el espíritu democrático de Montecristi. Simplemente porque les ha puesto en su lugar. Les ha exigido que cumplan con sus deberes y asuman sus derechos en un país del siglo XXI. O simplemente que paguen los impuestos que les corresponde. La oposición desprecia a la Constitución porque cambió las relaciones de poder. Sacó a casi dos millones de personas de la pobreza.

Las personas en sus casas comenzaron a hablar de política, comenzaron a hablar del poder. Ya no solo eran los grupos históricos movilizados en las calles quienes exigían ser escuchados. Sino que las familias comenzaron a hablar de un país diferente. La derecha, sépase bien, nunca ha respetado a la democracia. Le ha sido accesoria, un pretexto o un estorbo para gobernar. No logran aún explicarse cómo han sido derrotados sistemáticamente. La respuesta fácil es creer que las personas son bobas, que se dejan engatusar. La derecha bancaria, la peor de las derechas, ha sido mortífera con el bienestar social. Léase la historia.

La banca cuando plantea que lo mejor está por venir, es el anticipo de la promesa de un futuro rentista, privatizador, excluyente, minoritario y violento. Simplemente recuérdese la historia a la hora de votar.  (O)