De Ginebra a Quito

- 17 de octubre de 2017 - 00:00

En marzo de 2016, Lenín Moreno remite desde Ginebra una comunicación a la Secretaría Ejecutiva de Alianza PAIS de la época, en la que realiza varias reflexiones a propósito de un informe sobre las ‘Conferencias Ideológicas’ del movimiento aludido para su plan de gobierno. Decía: “… es necesario contar con un plan que refleje también las visiones y necesidades de diferentes actores sociales y políticos; las mujeres, los pueblos y nacionalidades, las personas con discapacidad, los jóvenes, los campesinos, las amas de casa, los médicos, los servidores públicos, etc. Un diálogo permanente, el ejercicio de escuchar y comprender es fundamental para el fortalecimiento democrático de nuestro proyecto político”.

Es decir, la idea de una gran plática nacional para escuchar demandas y visiones de los diversos actores sociales, que fundamenten un plan de gestión pública siempre estuvo presente en el presidente Moreno. Incluso especificaba sectores que se habían distanciado por su falta, y expresaba: “… Debemos preguntarnos por ejemplo, ¿qué nos ha alejado de algunas organizaciones de mujeres? ¿Qué nos ha alejado de sectores del movimiento indígena? ¿Qué nos ha alejado de algunos sectores de organizaciones ecologistas?”.

Sobre la economía dijo: “El país requiere de un amplio acuerdo nacional por el empleo y la producción… Debemos apelar a ese sentimiento nacionalista de amor por Ecuador que todos compartimos y que sabemos tienen nuestros pequeños, medianos y grandes empresarios. Ellos han sido beneficiados enormemente por la inmensa obra de la Revolución Ciudadana y, con confianza mutua, compromiso por el país y con el valor de la solidaridad y la corresponsabilidad como punto de partida, debemos trabajar juntos por sacar el país adelante en esta coyuntura internacional adversa”.

No otra cosa que esta reflexión refleja el plan y las medidas económicas anunciadas la semana pasada. La reactivación del país no será una carga para los grupos de menos recursos, sino propia de aquellos que más han ganado en estos últimos años. Es una receta que equilibra estímulos e incentivos, protege la dolarización, la construcción y la industria nacional generadoras de empleo. En la estrecha franja económica y política en la que Lenín Moreno puede desplazarse, su primer anuncio es extremadamente sensato y finamente predictivo.

He pretendido rescatar unas cuantas reflexiones del documento citado y mostrar que el Lenín Moreno de ahora es igual al de marzo 2016, no hay cambio, dice y hace lo mismo, es el mismo hombre y en los hechos así se muestra. No cabe, entonces, la sorpresa de algunos y el calificativo de traidor que le endilgan. Si a la fecha y con el documento citado no descubrieron el pensamiento de quién deseaban sea su candidato, pues, ya no hay espacio para el asombro ni el rencor, es tarde. El libreto es del presidente Moreno, no hay otro, y lo que nos corresponde a todos, incluidos los afligidos, es fortalecer su liderazgo y acompañarlo en la ruta de lo construido o, en su defecto, ayudarlo a rehacer lo mal edificado. Existe una línea sutil entre lealtad e incondicionalidad y algunos deberían descubrirla.

La verdad es que Moreno tuvo la oportunidad de entregarse a la extrema derecha decretando otro tipo de soluciones económicas a los problemas actuales, pero no lo hizo. Coherente con sus ideas, optó por la cordura y la prudencia, denominador común de sus decisiones más importantes, incluidas las políticas. (O)

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