Aves carroñeras

- 03 de agosto de 2017 - 00:00

Son cobardes. No tienen la grandeza ni el valor del cóndor o las águilas. Esperan que la presa se desangre o agonice; mejor si está muerta del todo, si es ya simple carroña. Son cobardes. Practican el festín de la muerte. Igual que en la naturaleza ocurre en la sociedad, donde es frecuente ver el trajín de las aves carroñeras de la política, siempre a la espera de cadáveres, que en este caso pueden ser líderes o conjuntos humanos, pero también instituciones, constituciones y leyes. Todo es apetecible para el hartazgo de los enemigos de la vida.

En la azotada patria de Eloy Alfaro, después de que las aves carroñeras de entonces le despedazaron a él y a sus mejores tenientes, la historia se ha repetido varias veces, como cuando el presidente Jaime Roldós voló en pedazos a causa de un complot macabro montado por la CIA, Israel, derechistas y altos mandos ecuatorianos. En la actualidad la historia tiende a repetirse. Las aves carroñeras de hoy son las mismas que desde 2008 quieren acabar con la Constitución más democrática de la vida nacional, con la Revolución Ciudadana en cuyo seno fue engendrada, con el llamado correísmo y su máximo líder. Las maquinaciones en ese sentido no son nuevas. Con anterioridad al 30-S ya proclamaron sus audaces apetitos, al procurar desestabilizar al gobierno de Rafael Correa intentando utilizar la figura del vicepresidente de entonces, Lenín Moreno, flamante presidente hoy día.

En ese rumbo, el periodista estrella de El Universo, Emilio Palacio, director de opinión del mismo, publicó un artículo subversivo bajo el título ‘Lenín despierta’, en que propiciaba que de alguna manera el segundo mandatario diera un golpazo al primero y se erigiera en presidente de la República. En similares términos volvió a publicar otro artículo, ‘El hacha de RC’, en la edición del 30 de septiembre, que circuló en la noche del 29. Allí volvía a las andadas golpistas que, por cauce propio, tuvo en esa fecha su estallido sangriento.

Cuando el Presidente se encontraba en manos de los policías amotinados en aquel complot orquestado por la CIA, un vuelo de aves carroñeras, con periodistas incluidos, rodeó la Vicepresidencia, sugiriéndole que asumiera el mando nacional, vista la crisis producida. La respuesta del Vicepresidente fue contundente: “Yo no soy ave carroñera”. Esta frase histórica fue recogida por los medios privados, pese a su disgusto. Luego hemos tenido en el país las agitadas elecciones presidenciales y parlamentarias del 2 de abril, en que triunfó el binomio de Moreno y Jorge Glas. La campaña sucia y agresiva en su contra la recuerda todo el mundo. En los muros de Riobamba y otras ciudades los fascistas pintaban leyendas infames y macabras, como aquella que expresaba ‘¡Muerte al tullido!’.

Una vez derrotada la derecha fascista y sus aliados de distintos colores, incluido el rojo escarlata, hoy las aves carroñeras, creyendo fácil de matar la Constitución y la Revolución Ciudadana, las atacan a mansalva, mientras preparan la horca para el líder ausente, y quizás también el gatillo para dispararlo en tierras europeas y así evitar que vuelva a joder algún día a Ecuador, supuestamente entonces redimido para la banca, la gran empresa, las multinacionales del petróleo y, en general, los poderes del gran capital y del imperio.

Creen que la puerta del diálogo democrático propuesto por Lenín les abre a ellos las puertas del cielo neoliberal, no importa que para el pueblo sean las puertas del infierno. Pero cuidado, las aves carroñeras son cobardes y huyen frente a los gritos de advertencia, o cuando el dueño del predio les amenaza con un palo. (O)

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