Historias de la vida y del ajedrez

Y dicen que la suerte no existe

- 03 de diciembre de 2017 - 00:00
Frane Selak, sobreviviente a 7 tragedias y a muchos matrimonios, ganó la lotería y la repartió entre sus amigos.“El dinero no compra la felicidad”, dijo.
Foto: Internet

Fue en una playita de Pula, Croacia. Un hombre solitario, ya mayor, de rostro bonachón, que tocaba el violín, me contó su historia. Todavía lo recuerdo con miedo y con asombro.

Se llamaba Frane Selak. Cuando tenía 30 años, viajaba en un tren de Sarajevo a Dubrovnik que se descarriló y cayó a un río congelado. Murieron varios pasajeros y Frane, en estado de hipotermia, llegó hasta la orilla con algunos huesos rotos. A los nueve meses, fue en un vuelo: su avión se estrelló  y hubo veinte víctimas.  

No mucho tiempo después, el autobús en el que viajaba cayó a un río. Varios pasajeros murieron ahogados. Frane solo sufrió algunos golpes.

Todavía se recuperaba de sus emociones y conducía su propio auto cuando el motor empezó a echar humo. Se detuvo, se alejó corriendo, y enseguida explotó en una gran llamarada. A Frane se le quemó la camisa. Compró otro auto nuevo, y a los tres meses le sucedió lo mismo. En esta ocasión, tuvo quemaduras en la cabeza.

Una mañana de primavera, con un sol tierno, en Zagreb, cruzaba un puente del Río Sava y un autobús se trepó al andén, lo atropelló, y lo dejó sin caminar durante dos años. Y en 1995, conducía por la zona montañosa de Petrinja cuando un camión gigante arremetió de frente. No había escapatoria porque la carretera era muy estrecha. Frane saltó, el camión embistió su auto y lo lanzó por un abismo de 200 metros. Al llegar al fondo estalló en llamas.

Y cuando cumplía 76 años, Frane decidió comprar lotería por primera vez en su vida y ganó de golpe un millón  de dólares. “Lo repartí a mis amigos y familia. No necesito nada más para ser feliz. Me basta con mi esposa Katarina, y tocar el violín. Ah…olvidaba decirle que antes sobreviví a 6 matrimonios que fueron también experiencias catastróficas. Si quiere, se las cuento en otra ocasión”, nos dijo. “Será después”, le respondí.

Y me alejé de allí, temeroso de que llegara un tsunami y Frane fuera, otra vez, el único sobreviviente.

En ajedrez hay catástrofes. Pero no juega la suerte.
Semerk-Sukunda, Copa de Pula, 1993

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