Enfoque

Las múltiples miradas alrededor de Mirada Joven

- 19 de diciembre de 2016 - 00:00

Hay dos posibilidades cuando se trata de trabajos de gente muy joven: hallar frescura, libertad, honestidad al plantear sus creaciones; o puedes ver los temas, las influencias, las estéticas… Había trabajos que se impregnaban de su propia mirada y a otros que eran un reflejo estereotípico de los consumos audiovisuales.

El festival Mirada Joven, realizado entre 2002 y 2010, fue una experiencia diversa. Este encuentro no solo exhibía las creaciones de estudiantes colegiales del país, sino que distinguía a los mejores. Para ello, fue imprescindible la labor de los jurados, la gestión de los organizadores y la participación de los estudiantes. Intentando respetar la multiplicidad de su memoria, hemos optado por entrevistar a personas que participaron desde todos estos frentes: dos antiguos ganadores, que hoy son además cineastas, Pablo Rodas y Camila Moscoso; una antigua jurado, Melina Wazhima, y quien fuera uno de los gestores originales, Luis Cañizares, presidente del consejo estudiantil del colegio Cedfi en 2002.

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I.- Camila Moscoso

En el 2006 arrasaste Mirada Joven con Camila, un filme que trataba sobre una chica que buscaba ideas para su cortometraje, una voz (adolescente) que buscaba algo que decir (aun sin saber cómo). En 2008 volviste a ganar, pero con un corto experimental. ¿Dirías que Mirada Joven fue el lugar donde empezaste a buscarte como cineasta?

Más que buscar una voz fue el inicio del proceso de descubrir para qué estaba el cine y qué se podía contar. Además fue darme cuenta de que el cine se hace de forma grupal; pues esos guiones y cortos se construyeron en colectivo, con los integrantes del Club de Cine del Colegio Asunción y, sobre todo, significó entender que se podían contar historias nuevas, diferentes y positivas; algo que de hecho fue transmitido muy pertinazmente por nuestro profesor, José Luis Rodríguez, quien nos hizo desde el inicio vincularnos con el cine a través de esa mirada diferente. Creo que fue esto último lo que justamente nos hizo sobresalir con los cortos que hacíamos.

Como profesional, además de seguir filmando cine, has llevado a cabo trabajos de gestión cultural, como la iniciativa del Ciclo Cine Café, en el que trataste de llevar otros cines hasta los espectadores. ¿Crees que Mirada Joven jugaba un papel importante en la difusión de un cine-otro?, ¿crees que estos espacios deberían recuperarse?, ¿cómo crees que debería ser un Mirada Joven hoy?

Quizá, sí, Mirada Joven permitió a mucha gente de la ciudad y el país repensarse a sí misma y su entorno, darse cuenta de que podía existir un cine cercano, que hablara de nosotros como jóvenes. Creo que Mirada Joven nos marcó a muchos por varias razones, justamente por eso pienso que si llegara a darse de nuevo este certamen, debería responsabilizarse con los jóvenes a los que de seguro motivará.

Con responsabilizarse me refiero a que debería repensarse de acuerdo con la realidad de actual del cine nacional e incentivar a que quienes se involucren con este evento empiecen a visualizar y construir una nueva generación de cine en el que filmar películas sea posible, viable, real. Por tanto, debería enfocarse en promover, premiar, visibilizar, la creación de un cine de altísima calidad y excelentes contenidos, pero que sea producido, en lo posible, con pocos recursos.

¿Suena raro? ¿Por qué digo esto? Porque seguramente quienes participen o ganen quedarán marcados y querrán hacer cine luego, como me pasó a mí. Pero quisiera que cuando les tocara enfrentarse al mundo profesional estuvieran preparados para sacar adelante la industria del cine nacional, lo cual únicamente se podrá hacer ganándose a todo ese público ecuatoriano que aún no termina de engancharse. Si Mirada Joven lograse que los jóvenes realizadores que participen en el concurso atrapen de verdad al espectador ecuatoriano con contenidos de calidad; creo que el concurso en verdad pasaría a formar parte de los libros de Historia del Cine Ecuatoriano que aún están por escribirse.

¿Y cómo hacerlo? Pues, como mencionas, rescatando los espacios que promuevan un cine interesante, y el diálogo y análisis sobre este. No solo sobre cine independiente, pues el de Hollywood es también un ejemplo a seguir por la maestría que posee, y es justamente el que nos puede dar pistas sobre cómo recuperar nuestras audiencias. Por tanto, si Mirada Joven se convirtiera en un portal para entrar al mundo del cine de una manera reflexiva y promoviera espacios de este tipo, creo que llevaría a cabo una gran labor.

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 IV.- Pablo Rodas

A lo largo de tu vida estudiantil, participaste en Mirada Joven en tres ocasiones y fue allí donde realizaste algunos de tus primeros cortometrajes (Mate, Coco, Perro bueno, pero malo). En 2009, tu último año del colegio, obtuviste el premio mayor del festival. ¿Podría decirse que Mirada Joven fue tu primera escuela de cine?

Algo así (ríe). No sé si Mirada Joven en sí, en todo caso, las tardes que nos reunimos con mis amigos a filmar y las noches que me reunía con mi ñaña a editar, esas tardes y esas noches fueron la primera escuela. Pero ese festival fue lo que nos motivó a hacerlo, por eso, obviamente, fue importante también.

Tu cortometraje ganador, Perro bueno, perro malo se proyectó frente a 700 personas, una audiencia bastante impresionante para un corto realizado por adolescentes. ¿Qué recuerdas de esa experiencia?, ¿fue un momento definitivo en tu carrera?

Recuerdo que estaba bastante nervioso y bastante impresionado al mismo tiempo, me sentí bien porque me di cuenta de que en la medida de lo posible en ese momento... ¡nos salió bien el corto! Y eso ya era full bueno. Después  fuimos todos a comer pizza con parte de la plata que ganamos ese día; la pizza es victoria y ese fue un buen día en mi vida. Más que para la carrera en sí, fue un buen día en general (ríe), pero claro que me dio confianza para seguir filmando cosas.

Iniciativas como el festival de música El Descanso, del cual eres actualmente organizador, parecen perseguir, con los matices necesarios, el mismo fin que Mirada Joven: tratar de construir una escena cultural, en cierta medida ausente en Cuenca. ¿Ves con optimismo el futuro?, ¿crees que hacen falta más espacios?, ¿qué propondrías como cineasta y como gestor cultural?

Veo con full optimismo el futuro, porque, de hecho, el presente ya está bastante optimista y divertido. Que tengamos ya un festival (FIESTA) de música en Cuenquita, que vayan 1.500 personas y que se pasen increíble durante tantas horas y que todo eso haya salido sin ningún tipo de capital y emprendimiento que no sea el de nosotros cinco (todos de 26 años o menos), es para mí ya una fuente de motivación. Hacemos un festival porque siempre nos gustaron los festivales (ya sea de música, de cine o de cualquier otra cosa que tenga contenido y experiencias bacanes), y era algo nunca hubo en nuestra ciudad. Ahora ya hay y seguirá habiendo… ¡por suerte!

Creo que actualmente falta más gente joven que se sume, ya sea organizando cosas o asistiendo a fiestas, ‘expos’, festivales y todas esas cosas lindas que ahora hay cada vez más. Que haya público es la clave de todo, sin gente no hay nada. Es increíble que la ciudad esté cambiando para bien, y parte de ese cambio, es también la manera en la que nos divertimos y farreamos, para mí eso, a mi edad, es importantísimo en la vida. Como vos dices, yo no solo le veo como «la joda», sino como parte de formar cultura. Ojalá otros también lo vean así.

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 II.- Luis Cañizares

En 2002 fuiste presidente del consejo estudiantil del Cedfi y uno de los principales gestores de la creación de Mirada Joven. Ahora, 14 años después, ¿podrías hacer un balance de lo que significó Mirada Joven para ti, para Cuenca, para tu generación?

Mirada Joven nació como la necesidad de una generación, como un espacio de diálogo a través de nuevos formatos. A inicios de este siglo, las cámaras digitales se popularizaron y los jóvenes necesitábamos espacios para intercambiar pensamientos, expresados en estas nuevas plataformas.

Mirada Joven en este sentido, fue un punto de encuentro para compartir estas emociones, pensamientos e ideas.

En nuestra sociedad contemporánea existen pocos espacios para los adolescentes. Los jóvenes ocupan el lugar de individuos en formación, por lo que casi siempre son excluidos de los lugares de participación ciudadana.

Creo que en este sentido mi generación encontró en Mirada Joven un espacio en el que podía hablar con voz propia y entendió el peso que nuestra voz tenía.

¿Qué herramientas brinda el cine para sus creadores? ¿Consideras que aprender a «hacer cine» debe ser una actividad fundamental en la educación moderna?

En un mundo en el que las personas consumen la mayoría de información a través de medios audiovisuales, es indispensable una educación que permita al espectador leer de mejor forma este lenguaje.

Aprender a leer, a hacer, dentro del lenguaje audiovisual es clave para comprender las formas de construcción de los discursos. Así como también para formar espectadores más diestros, menos ingenuos, que puedan elegir con conciencia los productos que consumen y las ideologías que apoyan.

La educación, en este sentido, siempre es un acto de libertad para los seres humanos.

Desde mi punto de vista, la educación audiovisual en el siglo XXI no es un pasatiempo, sino todo lo contrario. Es central en la formación de personas que conviven con este lenguaje.

En 2002, hacer películas era un proceso técnica y económicamente complejo y, sin embargo, el festival tuvo una acogida impresionante entre los chicos de la ciudad y de otras provincias. ¿Crees que se debió a que hacían falta espacios como Mirada Joven?, ¿qué aspectos vitales integraba el concurso que, hasta entonces, habían sido ignorados?

La participación se encuentra condicionada a la honestidad del espacio. Creo que mi generación en ese sentido enfrentó muchas peleas para conseguir este festival; desde las aulas hasta los gobiernos locales.

Todavía recuerdo bien cómo el Banco Central y la municipalidad nos negaron su apoyo porque no consideraban que se tratase de un evento de interés público. El Banco Central llegó a decirnos que les parecía interesante, pero que tenían miedo de que los jóvenes dañaran su patrimonio.

Mirada Joven fue algo de lo que se hablaba entre jóvenes. Nosotros visitábamos colegios, se hablaba en la calle. Había una gran generosidad y un interés auténtico de dialogar, de saber qué y cómo pensaba el otro.

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 III.- Melina Wazhima

En una de las primeras ediciones fuiste jurado de Mirada Joven. Cuéntanos un poco sobre esa experiencia: ¿qué buscaban?, ¿les sorprendieron las obras recibidas?, ¿qué subrayarías de estas?

Honestamente no recuerdo el año, pero creo que compartimos el ser jurados con Isabel Carrasco y Camilo Luzuriaga, tal vez en 2007 o 2008. No sé bien qué buscábamos. No es igual que ser jurado de un certamen de carácter profesional, así que supongo que por un lado motivar la pasión por crear, por producir. Por otro lado, siempre hay curiosidad y ganas de descubrir esos talentos que aparecen. En ese sentido, veíamos con atención los cortos de los estudiantes. Creo que alguno de los premiados han sido luego estudiantes de cine en la Universidad de Cuenca y, por tanto, mis alumnos.

Creo que hay dos posibilidades cuando se trata de trabajos de gente muy joven, por un lado, te puedes encontrar —y así fue, aunque suene tópico— una suerte de frescura, de libertad, de honestidad al plantear sus creaciones; pero por otra también es posible encontrar cuáles son las influencias que más marcan, las estéticas, los temas… A veces los trabajos que respondían a ello conseguían impregnarse de su propia mirada y a veces no, convirtiéndose en un reflejo estereotípico de los consumos audiovisuales de los jóvenes. En cualquier caso, muy valioso poder conocerlos.

¿Por qué es importante la creación juvenil y qué papel deberían tener los festivales intercolegiales?, ¿consideras que es un espacio lo suficientemente cubierto por las entidades públicas?, ¿es necesario todavía un espacio como Mirada Joven?

Espacios como Mirada Joven siempre serán necesarios. Espacios que motiven y empujen a la creación siempre serán necesarios en distintos formatos y dimensiones; desde lo que los mismos jóvenes, de manera autónoma, puedan plantearse, hasta lo que un profe proponga dentro del espacio académico o unos padres planteen como modo de relación con sus hijos, hasta eventos propiamente dirigidos a motivar y premiar a proyectos de carácter creativo. Trabajo en la Universidad ya hace algunos años, en la carrera de Cine y Audiovisuales, y puedo decir que se nota de largo la diferencia de los y las jóvenes que han tenido la experiencia de participar en proyectos y espacios de creación previos —a veces con los panas del barrio, a veces desde un espacio más formalmente constituido— de quienes no.

Establecer y fomentar espacios de creación infantil y juvenil hace niños y jóvenes propositivos, más independientes, que no esperan que el mundo se resuelva solo, sino que tienen apuestas para mejorarlo… cosa que harta falta nos hace.

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