Lunes, 15 Septiembre 2014 00:00 Cartón Piedra

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Sobre Toque de Queda (La Bestia Equilátera, 2014) de Jesse Ball

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Andrea Torres Armas

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción

en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de

historia que se corresponda con este hecho”.

Walter Benjamin

 

 

Está bien, lo admito, hasta que descubrí los libros de Neil Gaiman me saltaba los prólogos —aunque eso es otra historia—. Si uno va a leer un libro no necesita saber qué piensa otro sobre él. Corremos siempre el riesgo de que los prólogos busquen emparentar escrituras, comparen autores, creen herederos innecesariamente, anuncien fábulas y paratextos... Sin embargo, cuando abrí Toque de Queda, el prólogo de Luis Chitarroni (Editor del Año de la Fundación El Libro) me atrapó —tengo una debilidad con los textos que inician con epígrafes de temas de Radiohead—, pero lo fundamental es que allí se plantea si luego de monstruos de la literatura vale la pena seguir escribiendo.

En la contratapa se nombra a Kafka, Murakami y Miyazaki. Como si cuando uno se enfrenta a un autor nuevo tiene que sí o sí meterlo en alguno de los cajones preexistentes, no importa si nos gustan o no.

La distopía: una niña muda, inteligente e intrépida. Un padre exviolinista que trabaja redactando epitafios de esos que uno quisiera tener en su lápida al morir. Una vida de pequeñas alegrías y grandes privaciones. Una madre desaparecida. Un gobierno totalitario, un asesino difuso que todo lo alcanza. Una pareja de ancianos titiriteros. Un disimulado teatro de marionetas en el que termina de cobrar forma la historia que el narrador no quiere contar.

 

“Uno recordaba que el mundo había sido distinto, y hasta hacía poco tiempo. ¿Pero en qué? Esta era la pregunta que carcomía a los que no podían evitar hacerse preguntas”.

 

Estos pocos elementos le bastan a Jesse Ball, narrador, poeta e ilustrador (Nueva York, 1978) para ofrecernos una novela profundamente conmovedora (la tercera a su haber, primera en ser traducida al español).

Esta es una obra engañosa, se lee con facilidad pero a ratos es hermética, casi como un voto de silencio que guarda todo el dolor y la extrañeza y la perplejidad que conlleva estar vivos.

Gracias a una serie de ardides tipográficos, diálogos y pausas, Ball logra presentarnos, muy a su manera —con una prosa sobria y exacta—, una especie de teatro aleatorio en cada página en el que bien podríamos ser los lectores sus marionetas y plantear con su obra, no si vale la pena seguir escribiendo, sino una nueva forma de leer, de experimentar la lectura.

Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur (Vos, ¿de qué te ríes, si cambiaras el nombre sería tu historia?) —dice una cita de Horacio.

Es cierto y Jesse Ball nos lo recuerda.

 

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Modificado por última vez:
Lunes, 15 Septiembre 2014 09:33

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