Martes, 27 Diciembre 2016 00:00 Buen Vivir

Esta zona rural tiene por centro geográfico al Quilotoa

Padre Pio engrandece la dignidad del ser humano en Zumbahua

Se realizan varios proyectos entre las comunidades, de la mano de la Operación Mato Grosso, una organización no gubernamental italiana.
Se realizan varios proyectos entre las comunidades, de la mano de la Operación Mato Grosso, una organización no gubernamental italiana. Foto: Cortesía Buen Vivir

A través de varios proyectos entre las comunidades, el Padre Pio -de la mano con la Operación Mato Grosso de Italia- ayuda al despliegue del Buen Vivir.

Redacción Actualidad

¿Qué hilo misterioso conecta a la Navidad con el padre Pio Baschirotto y las comunidades indígenas de Zumbahua? La religión católica nos dice que la Navidad es celebración, por ser el cumpleaños de Jesús quien nació para entender mejor al ser humano, revelar su amor por nosotros y así nutrir la semilla que nos aproxima a Dios. Como nos enseña la epístola de Tito (3,4) “Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos”. El Dios niño nos acerca a la ternura, a la inocencia y la gracia, lo que nos recuerda al chiquillo que llevamos dentro, que siente a necesidad de compartir felicidad con toda su familia en torno de una mesa. Desde esa subjetividad navideña podemos liberar nuestra inventiva para imaginar y corazonar mejores mundos para todos y todas.  Si estos sentires se volvieran virtudes, no habría tanta pobreza, ni discriminaciones, ni agresiones ambientales, ni tanta violencia. Pudiéramos relacionarnos en paz y fraternidad.    

El nombre Pio se deriva del adjetivo ‘pius’, que significa piadoso y que rima con el apellido Baschirotto de Verona. El padre Pio confiesa que es el propio Dios quien pide que nos enamoremos de ciertos contextos. Desde hace 40 años, el padre Pio vive enamorado del esfuerzo que siembra justicia entre los pobres del Ecuador. Afirmando el Evangelio social, Pio trabaja para servir y amar al prójimo, y desde allí cosechar bienaventuranzas; asume el lado atribulado de la vida como experiencia que nutre empatías y facilita actuar solidariamente en favor de los demás. No es un trabajo caritativo para los pobres, sino una labor de compromiso con los seres humanos desposeídos, excluidos, del campo y la ciudad, procurando que sean artífices de su propia emancipación.

El padre Pio Baschirotto realiza actualmente su misión pastoral en el territorio rural de Zumbahua, a 3.600 msnm, cerca del cielo, arraigado en el páramo occidental de la provincia de Cotopaxi. A través de varios proyectos entre las comunidades, el padre Pio -de la mano con la Operación Mato Grosso, una organización italiana que trabaja con proyectos vinculados a la educación, formación para el trabajo, salud, vivienda, electrificación rural, entre otras actividades- ayuda al despliegue del Buen Vivir, traduciendo la fe cristiana a través de la experiencia sociocultural de los campesinos indígenas. Cada proyecto local es un acto de amor que hace brotar fiestas subjetivas, y por el solo hecho de trabajar para vencer esa pobreza que viene de antaño y deshumaniza al ser humano. Es así como se abren desde las comunidades de

Zumbahua oportunidades de crecimiento personal para muchos jóvenes, que no sirven tanto para incluirlos en las estructuras económicas existentes, sino principalmente para facilitar los medios espirituales y las capacidades para que ellos mismos sean la causa de su propia superación. El padre Pio nos lleva a reflexionar que mediante estas pequeñas liberaciones, el Dios niño se hace presente en el ser humano. Pio vive pobre, se solidariza con los pobres y también predica el Buen Vivir. Y lo hace porque la palabra ‘liberación’ tiene mucho que ver con el encuentro de una auténtica felicidad, individual y colectiva, entendida por contraste con la noción del ‘desarrollo’ material del ‘progreso’.

Zumbahua deviene de Zumba que significa ‘fuerte’. El territorio zumbahueño es como un “trompo que zumba fuerte” y que tiene por  centro geográfico a la caldera del Quilotoa. Esa laguna aún recuerda el servilismo impuesto por la gran hacienda de la Asistencia Social. No está tan lejos esa vieja historia agraria donde las grandes propiedades territoriales monopolizaban la tierra y otorgaban a los hacendados un gran poder económico, político, ideológico. Un poder que obligaba a centenares de huasipungueros a entregar rentas territoriales en forma de jornadas de trabajo en los cultivos del terrateniente, a cambio de ciertos derechos de posesión. Luego de la disolución de las haciendas, bajo tibios procesos de reforma agraria, devino la emergencia de los campesinos indígenas formando comunidades, enfrentados al mercado intermediario.

Después de décadas de desarrollo rural, Zumbahua todavía muestra un mundo socioeconómico marcado por la minifundización, la pérdida de la fertilidad del suelo, la caída de la capacidad productiva agrícola, la exclusión social, el intercambio desigual, la migración interna, la exclusión política, el machismo y la discriminación. Las diversas versiones del  ‘desarrollo de la modernidad’ no han podido aquietar los procesos de empobrecimiento en Zumbahua. Falta mucho que hacer para erradicar el racismo en las relaciones cotidianas evitando que se repliquen las diversas expresiones de la desigualdad. Ante todo, falta una conversación creativa entre los esfuerzos del padre Pio y los voluntarios de la Operación Mato Grosso de Italia y las instituciones públicas, junto con las comunidades, para formular estrategias pertinentes y sostenibles de Buen Vivir Rural. Además de satisfacer las necesidades de supervivencia física, el Buen Vivir nace del respeto a la cultura, de la creación de oportunidades para que ocurra, gradualmente, el florecimiento humano.   

En un mundo globalizado, a Zumbahua también llega la propaganda comercial que intoxica esta temporada. La gestión del padre Pio nos recuerda que la Navidad es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace un poco más de 2.000 años, en un sencillo pesebre, como hay muchos en Zumbahua. Que el “desarrollo” debe ser una invitación de dignidad al ser humano empobrecido, a las comunidades rezagadas, a la sabiduría local postergada. Que no se celebra solamente con obras, que la atención que regala lástimas agrede, y que no formulan proyectos para que nos regalen favores. El padre Pio nos enseña que el despliegue del Buen Vivir tiene en el centro una única palabra, amor. (I)

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