La soledad, una señal de que estamos “desconectándonos”

- 16 de mayo de 2017 - 00:00
El hecho de que las personas estén rodeadas de gente o tengan decenas de amigos en Facebook no impide los sentimiento de soledad.
Foto: cortesía de Pixabay

El sentimiento intenso de aislamiento social no depende de nuestra situación física o virtual; podemos sentirnos solitarios aún estando en compañía.

¿Has experimentado el dolor de un amor no correspondido? ¿Has sentido la nostalgia de no estar en casa? ¿Has sufrido el pesar del abandono o la devastación por la pérdida de un ser querido? Todas estas son experiencias de soledad. Aunque es una emoción humana universal, tendemos a no hablar abiertamente de ella, porque admitirlo significaría que hemos fracasado en una sociedad que valora la autonomía y la independencia.

En la última semana de abril, el periódico US Today publicó un artículo titulado “A nadie le gusta admitir que está solo, pero debemos hacerlo”, en el cual se presentaron los hallazgos científicos sobre los efectos negativos de la soledad en la salud y bienestar general. Este texto no es el único que ha tratado este tema, en marzo de 2009 un reportaje del New York Times señaló que “la soledad conduce al deterioro de la salud física y mental”, en enero de 2011 la BBC calificó a este sentimiento como el “asesino oculto” de ancianos, y en noviembre de 2014 la revista Forbes publicó la nota “La soledad no es un síntoma, es una enfermedad”. 

En países como Reino Unido ya se han tomado acciones para combatir la soledad, pues ha sido definida como un problema de salud pública.  Un ejemplo es la línea de ayuda Silver Line, que atiende las 24 horas a las personas que quieran ser escuchadas; la mayoría de quienes llaman son mayores de 60 años. Nadie admite que se siente solo; llaman a pedir consejos de cocina, a recordar sus buenas épocas, a tocar la armónica, o a pedir la hora.

¿Qué es la soledad? No es sinónimo de timidez, depresión o vivir solo. Para John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, la ciencia demuestra que estas afirmaciones son mitos. Según este científico, la soledad –el dolor que sentimos al estar aislados de otros– es parte de un sistema de advertencia biológica temprana, que anuncia una amenaza con capacidad de afectar tus relaciones sociales. Es un sentimiento intenso de aislamiento social que no depende de la situación física o virtual. Las personas pueden sentirse solas estando en compañía e incluso si se tiene 1.000 amigos en Facebook.

Los seres humanos son seres sociales y como tales tienen organizaciones que se extienden más allá de nosotros mismos, como la familia, las parejas, la escuela y las culturas. Desde el punto de vista evolutivo, las personas necesitan de otros para asegurar nuestra supervivencia. La fortaleza de la especie es el trabajo colectivo, no solamente individual. Un claro ejemplo de esto es que el ser humano es la especie que requiere el período más largo de cuidado y protección por parte de los padres.

Para Joan Sloan Wilson, reconocido biólogo evolutivo estadounidense, la importancia de formar parte de redes sociales radica en la calidad de la convivencia que creamos. Al interactuar, aquella persona que se preocupa por sí misma y también por los demás se la considera como alguien bueno, mientras que una mala persona sería aquella que es egoísta, que se preocupa solo por sí misma. 

Para John Cacioppo la soledad no es solo una situación desafortunada, sino además peligrosa. El cerebro de una persona afectada por la soledad entra en “modo de autopreservación”, lo que conlleva a una incapacidad de entender la situación de los demás, es decir, de ponerse en los “zapatos del otro”. En el cerebro, la activación de las neuronas responsables de la empatía disminuye.  Pero esto no es todo, el cerebro se vuelve muy vigilante y se preocupa mucho de presuntas amenazas sociales, afectando las interacciones sociales. Eso convierte a la persona en aprensiva y defensiva. Además, sentirse socialmente aislado activa mecanismos neurobiológicos que conducen a la mortalidad temprana. 

El sentirse aislado socialmente puede ser tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día. Es un factor de riesgo para enfermedades coronarias y derrames cerebrales. Asimismo, aumenta el riesgo de hipertensión arterial, de deterioro cognitivo, y aumenta la probabilidad de desarrollar demencia. A estos efectos negativos se suman las alteraciones en el sueño y los altos niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. La presencia de altos niveles de esta hormona en el organismo, condicionan a la persona a sentirse constantemente amenazada.

Para combatir esta negatividad Cacioppo recomienda reconocer a la soledad como una señal de que estamos “desconectándonos”,  y debemos entender que esto afecta al cuerpo, mente y comportamiento. La clave es “compartir buenos momentos” con otros. Esta recomendación también fue confirmada por un estudio realizado por Universidad de Harvard que reveló que lo que mantiene la felicidad son las relaciones familiares, con amigos y la comunidad. Estas conexiones sociales cercanas mantienen a las personas saludables y aumentan la expectativa de vida. 

El Bien-Estar, el Buen Vivir y el de los demás exigen concienciar sobre el valor de las personas que nos rodean. Quizás podamos hoy mismo realizar un acto de bondad y abrirle nuestras puertas a  otro, recordándole que el diario vivir no está lleno de peligros y que, en realidad, nadie está solo. (I)

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