Martes, 29 Noviembre 2016 14:18 Mundo

Silencio y dolor en filas para despedir a Fidel Castro

Cubanos dan último adiós a Fidel Castro.
Cubanos dan último adiós a Fidel Castro. Foto: Paula Mónaco Felipe
Paula Mónaco Felipe

La Habana, Cuba, 29 de noviembre de 2016. Es casi medianoche y la fila sigue concurrida en la Plaza de la Revolución. Los más viejos lloran, no esconden su tristeza. Los jóvenes toman fotografías, graban con celulares y tabletas, pero también secan lágrimas.

Sorprende el silencio en la vigilia: Cuba, país de música, no suena en las últimas noches de noviembre. Cubanas y cubanos, generalmente bulliciosos, se mantienen en un silencio que se hace cada vez más denso a medida que avanzan por la Plaza de la Revolución, rumbo al lugar del homenaje popular a Fidel Castro Ruz. Sólo se escuchan, muy de vez en cuando, unas pocas instrucciones en voz de quienes coordinan la logística, personas con camisetas negras que dicen “Ordéneme”.

Dos días después de la muerte del líder, a su despedida llegan familias enteras. También varias generaciones: un señor avanza valiéndose de su bastón mientras a prisa entran a la fila muchachos con uniformes azules, integrantes de fuerzas de seguridad, y tras de ellos sale otro contingente de jóvenes con camisas y pantalones de color marrón. Algún que otro extranjero aparece de vez en cuando pero en general son cubanos quienes deciden llegar hasta este espacio icónico de La Habana.

La multitud va en ordenada fila y el espacio parece una gran hormiguero. Uno a uno y coordinados en un todo, los presentes trazan líneas que parten de los extremos donde gigantescos rostros de Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos cubren dos edificios. Son perfiles de hierro negro que por la noche se iluminan con neón amarillo. “Hasta la victoria siempre”, dice uno y el otro “Vas bien, Fidel”. Un tercer edificio está completamente cubierto por una lona con fotografía en blanco y negro: Fidel Castro combatiente que mira el horizonte.

Las filas confluyen en el Memorial a José Martí, un monumento de mármol blanco que está en el punto más alto. Allí se monta una guardia de honor, hay flores y una foto del Comandante de la Revolución Cubana: es el espacio dispuesto por las autoridades. Aunque el clima es de intimidad, quienes llegan avanzan a paso rápido, apenas les da tiempo de tomar algún registro para el recuerdo.

El afecto más bien se expresa a la salida, donde comienza a crecer una montaña de recuerdos: hay ramos de rosas y otras flores de varios colores. También banderas y mensajes; “Orgullosa de ser cubana”, dice una cartulina verde escrita a mano.

Por la zona se instalan cámaras de televisión y satélites para transmisiones al mundo entero. La autoridades cubanas acomodan sillas, cuelgan parlantes, ultiman detalles para el homenaje de masas que será la noche de este miércoles con presidentes, cientos de invitados especiales y una multitud humana. Las gestiones se realizan en un gran movimiento entre murmullos, porque el silencio del luto deja oír el sonido de las palmeras, sacudidas por la brisa en la Plaza de la Revolución. (I)

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